ERA NECESARIO QUE EL MESÍAS PADECIESE (1 de 9)

Ungido contra Ungido


«Era necesario que el Mesías padeciera estas cosas»
(Lucas 24,26)
» El Oficio de Consolar que Cristo trae»
(EE 224 y 303)

El drama de la acedia, que no entendían los discípulos de Emaús, es un misterio que se encuentra a lo largo de toda la historia de la salvación. Ese drama ilumina particularmente las situaciones de acedia eclesial. Por eso me pareció oportuno reproducir aquí este estudio que se ocupa de la acedia ante la Cruz, de la rivalidad entre miembros de un mismo pueblo de Dios, y de los remedios que Dios mismo quiso poner a este mal. A lo largo de las siguientes ocho entradas trato de explorar cuál pudo ser el contenido de la explicación de las Sagradas Escrituras que Jesús les dio a los discípulos y con la que les ardía el corazón por el camino.

1 El Escándalo de la Cruz

La muerte de Nuestro Señor Jesucristo les resultaba a los discípulos de Emaús particularmente incomprensible porque había sucedido por sentencia de «nuestros sumos sacerdotes y magistrados». Lo que les resultaba más desconsolador y escandaloso era que hubiese muerto así.

Se trata del hecho doloroso e incomprensible de la muerte de un ungido a manos de otro ungido. De «un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo» a manos de «nuestros sacerdotes y magistrados», o sea del pueblo elegido de Dios representado por sus autoridades.

MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI PASCUA 2010

«Cantemus Domino: gloriose enim magnificatus est».
«Cantaré al Señor, sublime es su victoria»

(
Liturgia de las Horas, Pacua, Oficio de Lecturas, Ant. 1).

[Interpretación del himno de Éxodo 15]

4 de abril de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Os anuncio la Pascua con estas palabras de la Liturgia, que evocan el antiquísimo himno de alabanza de los israelitas después del paso del Mar Rojo. El libro del Éxodo (cf. 15, 19-21) narra cómo, al atravesar el mar a pie enjuto y ver a los egipcios ahogados por las aguas, Miriam, la hermana de Moisés y de Aarón, y las demás mujeres danzaron entonando este canto de júbilo: «Cantaré al Señor, sublime es su victoria, / caballos y carros ha arrojado en el mar». Los cristianos repiten en todo el mundo este canto en la Vigilia pascual,