¡SEÑOR ESCUCHA! ¡SEÑOR PERDONA! Daniel 9, 4- 10

Hoy, meditando el libro de Daniel pensaba….

Daniel pide perdón a Dios porque el mal que acechaba la ciudad se debía a los pecados de los hombres. Se me dio por relacionarlo con el mal que hay dentro de la misma Iglesia…quizá todo esto, todo esta desfachatez de males que reinan en la sociedad se deba a que nosotros como católicos ya no somos sal del mundo…

Pareciera que hasta muchos obispos tuvieran complejo de inferioridad frente a otras religiones o que se avergonzaran de seguir los mandatos del mismo Dios para no «desentonar» con el resto…

Y nosotros laicos ¡bue! Yo la primera, vivimos cayendo en pecados y tibiezas que no ayudan un ápice a levantar al prójimo…

He pedido por la conversión de nuestros corazones, por la docilidad a la Gracia y para que el Espíritu Santo nos impregne a todos y nos haga dignos hijos de Dios.

Y de repente, un «acéptanos entre Tus elegidos» salió desde el fondo del corazón.

Nos hace falta tener más vida de oración, hacer más ayunos, frecuentar más los Sacramentos. Pero nos hacen falta sacerdotes y Obispos más viriles e iluminados.
¿no le parece?
Pilar

EL JUICIO DE LAS NACIONES EN MATEO 25, 31-46 (3 de 9)

¿Quiénes son “estos hermanitos míos más pequeños”?

Los que han estudiado con rigor exegético, y sin prejuicios ideológicos, el texto de Mateo 25, 31-46, convienen, sin embargo, en que estos hermanitos míos más pequeños (toutôn tôn adelfôn mou tôn elájistôn) son inequívocamente para Mateo los discípulos de Jesús, especialmente los misioneros, es decir los que han vivido compartiendo con Jesucristo la misión de Dios Padre. Las naciones serán juzgadas de acuerdo a su actitud – misericorde o inmisericorde, solidaria u hostil- ante ellos, cuandoquiera se encontraron con ellos en la necesitada y azarosa vida de misioneros cristianos, m miembros y enviados de su maestro y hermano (go’el), cuya misma misión compartían.

Según Dom J. Winandy, «la escena del juicio final no es más que la dramatización escénica de la idea expresada en Mt. 10,40-42: “El que a vosotros recibe, a mi me recibe…

EL JUICIO DE LAS NACIONES EN MATEO 25, 31-46 (2 de 9)

Su interpretación reductivamente filantrópica

en la Ilustración y el Modernismo
y su sentido literal verdadero

La interpretación Ilustrada, acomodaticia y reductora del sentido de Mateo 25, 31ss.

Traté del la interpretación reductora, ilustrada y modernista del Juicio de las naciones de Mateo 25, 31ss, en el capítulo tercero del libro: “Teologías Deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Reexamen, informe crítico, evaluación”, Editorial Encuentro, Madrid, 2000.

Allí examiné, discerní y evalué el pensamiento y la interpretación bíblica de Juan Luis Segundo y expliqué sus rasgos heterodoxos. Ubiqué a ese autor en “su contexto”, es decir, en el marco histórico de la Ilustración racionalista y de las corrientes de pensamiento que han recibido el nombre de naturalismo, gnosis, secularismo, modernismo, etc.

EL JUICIO DE LAS NACIONES EN MATEO 25, 31-46 (1 de 9)

Su cada vez más extendida interpretación modernista
y su sentido literal verdadero

Síntesis de las próximas entradas
Adelantamos, en síntesis, el contenido de esta y las siguientes entradas y el propósito al que ellas apuntan.
En el Evangelio según San Mateo hay tres parábolas que se refieren al juicio de los creyentes . Son las parábolas del mayordomo infiel (24,45-51), la parábola de las diez vírgenes (25,1-13) y la parábola de los talentos (25,14-30).
A estas tres parábolas le siga otra que se refiere al juicio de los no creyentes (Mateo 25, 31-46).

En las tres primeras parábolas son juzgados los creyentes según hayan vivido esperando la venida de su Señor y ocupándose de los intereses del Reino, o según que, por el contrario, hayan privatizado su existencia y hayan vivido sin esperar la venida y ocupados sólo en sus propios intereses, de espaldas a los intereses de Dios. Es lo que san Pablo les reprocha a ciertos cristianos: “todos buscan sus propios intereses y no los de Jesucristo” (Filipenses 2, 21).

La cuarta parábola no habla del juicio a los cristianos, que ya ha tenido lugar. Presenta, por el contrario, el juicio a los no cristianos. Estos son juzgados por el “Hijo del Hombre”.