EL JUICIO DE LAS NACIONES EN MATEO 25, 31-46 (8 de 9)

Los Principios Hermenéuticos de Imannuel Kant

Influjos kantianos en la hermenéutica filantropista del Juicio de las naciones
Las siguientes afirmaciones de Kant servirán para identificar sus interpretaciones bíblicas reductoras. Él ha marcado un camino de interpretación bíblica ilustrada, racionalista y reduccionista, que muchos siguen hoy sin conocer su fuente. Conviene pues exponerlos a propósito de la interpretación reductiva de Mateo 25, 31-46 hoy convertida en sentido común de los intérpretes, aún católicos.

Primer aserto de Kant: La reducción moralista de la vida de fe
«La puerta estrecha y el camino angosto que conduce a la vida es el camino de la buena conducta, la puerta amplia y el camino ancho que muchos recorren es la iglesia. No como si residiese en ella y en sus dogmas el que los hombres se pierdan, sino en que ir a la iglesia y profesar sus estatutos o celebrar sus usos sea tomado como el modo por el cual propiamente quiere ser servido Dios»

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Su sentido literal verdadero

La escena del Juicio final: Prólogo de la Pasión Identidad corporativa del Hijo del Hombre
Tomando en consideración el lugar en el contexto del evangelio según San Mateo en que se sitúa el pasaje del Juicio de las Naciones, J.A.T. Robinson ha visto que este pasaje oficia como una especie de prólogo o preámbulo de la Pasión:
«Así con arte supremo, – escribe Robinson – Mateo usa un descanso antes de que se desate la Pasión para combinar justamente aquellos temas de su evangelio – ¿nos equivocaremos pensándolo? – que van a tener a continuación una expresión tan paradójica, cuando el Rey e Hijo del Hombre, rechazado y no recibido, vaya a comparecer a su propio juicio, el juicio que inaugura, desde ese momento (Mt 26,64) su Venida y su Sesión en la gloria»

(Thus, with superb artistry, Matthew uses the lull before the Passion breaks to draw together, out of the rich treasury of his Gospel, those themes (shall we be wrong in thinking?) that are to come to such ironic expressión in what follows, as the royal Son of man, rejected and unreceived, goes to his own trial, the trial which is to inaugurate, from that moment on (Mt 26,64), his coming and session in glory» J.A.T. Robinson, The ‘Parable’ of the Sheep and the Goats, en: New Testament Studies 2 (1955-56) pp. 225-237; cita en p. 237).

Identidad corporativa del Hijo del Hombre
Otros exegetas advierten estudiando el pasaje, que el Hijo del Hombre no es simplemente el Rey Mesías sino el cuerpo del cual Jesús es la cabeza e incluye a sus hermanitos pequeños, que son

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HOMILÍA DEL PAPA BENEDICTO XVI
en la LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN

Parroquia Pontificia de Santo Tomás de Villanueva,

Castelgandolfo, Miércoles 15 de agosto de 2007

«También hoy el dragón existe con formas nuevas, diversas. Existe en la forma de ideologías materialistas, que nos dicen: es absurdo pensar en Dios; es absurdo cumplir los mandamientos de Dios; es algo del pasado. Lo único que importa es vivir la vida para sí mismo, tomar en este breve momento de la vida todo lo que nos es posible tomar. Sólo importa el consumo, el egoísmo, la diversión. Esta es la vida. Así debemos vivir. Y, de nuevo, parece absurdo, parece imposible oponerse a esta mentalidad dominante, con toda su fuerza mediática, propagandística. Parece imposible aún hoy pensar en un Dios que ha creado al hombre, que se ha hecho niño y que sería el verdadero dominador del mundo.
También ahora este dragón parece invencible, pero también ahora sigue siendo verdad que Dios es más fuerte que el dragón, que triunfa el amor y no el egoísmo».

En su gran obra «La ciudad de Dios», san Agustín dice una vez que toda la historia humana, la historia del mundo, es una lucha entre dos amores: el amor a Dios hasta la pérdida de sí mismo, hasta la entrega de sí mismo, y el amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios, hasta el odio a los demás. Esta misma interpretación de la historia como lucha entre dos amores, entre el amor y el egoísmo, aparece también en la lectura tomada del Apocalipsis, que acabamos de escuchar. Aquí estos dos amores se presentan en dos grandes figuras. Ante todo, está el dragón rojo fortísimo, con una manifestación impresionante e inquietante del poder sin gracia, sin amor, del egoísmo absoluto, del terror, de la violencia.

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Hermanitos: título de los discípulos, hijos con el Hijo
Jesús llama ‘hermanos” o «hermanitos» a sus discípulos (Mt 12,46-50; Lc 8,19-21; Mc 3,31-35). También se refiere a ellos como «estos pequeños que creen en mí» (Mc 9, 42).
Esto nos introduce en el tema del parentesco y del goelato, de la solidardidad que existe entre los miembros del nosotros de parentesco. Y esta manera bíblica de ver, nos explica por qué lo que se hace, para bien o para mal, a un miembro del Nosotros, se hace a todos y en particular al que es cabeza del sistema de parentesco
(Véase Horacio Bojorge, Go’el: El Dios Pariente en la Cultura Bíblica en: Stromata 54 (1998) 33-83).

Los discípulos son hermanos de Jesús cuando, por cumplir la voluntad del Padre, se configuran con el Hijo obediente: hijos como el Hijo. El Padre quiere que sean pequeños como Jesús.

A esa pequeñez apuntan

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Pequeñez y grandeza en la enseñanza de Jesús
De la abundante bibliografía sobre el Juicio de Mt 25,31ss, se espigan a continuación algunas conclusiones que orientarán acerca del sentido literal del pasaje y que persuadirán de cuán ajenas a él son las explicaciones filantrópicas y moralistas y cuán grande la violencia textual mediante la cual se pretende leerlas en un texto que dice lo precisamente lo contrario.

La literatura cristiana primitiva ha leído Mateo 25,35-36 (hambre, sed, exilio, desnudez, enfermedad, prisiones), en conexión con los sufrimientos apostólicos de Pablo enumerados por él como timbres de gloria en 2 Cor 11,23ss.

Por otro lado, la lectura de Mateo 25,31-46 a la luz del discurso apostólico de Mateo 10 y de la gran misión de Mateo 28, 18-20 muestran la identificación de Jesús y sus discípulos en una misma misión e identificados en la misma pequeñez y humildad personal y de medios.

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Quién es el “Hijo del Hombre” en el juicio de las Naciones?
Los autores a los que sigue Juan L. Segundo no han prestado atención, entre muchas evidencias textuales para las que parecen ciegos, al hecho de que el juicio de los cristianos ya ha tenido lugar, pues a él se refieren las tres parábolas inmediatamente anteriores: el mayordomo, las diez vírgenes y los talentos. Esos malos discípulos serán juzgados según hayan vivido para sí o para los intereses de su Señor y esperando en serio su Venida.

Después, cuando se juzgan las naciones gentiles, no hay ya discípulos entre las ovejas o los cabritos. Los discípulos que han sido hallados fieles en las anteriores instancias de juicio, forman ahora parte del tribunal que juzga al mundo,y constituyen junto con el Cristo, una persona corporativa: El Hijo del Hombre. El título de Hijo del Hombre es aquí, una designación de un ‘tribunal del pueblo’ con Cristo a la cabeza. Jesús se los señala presentes junto a él: éstos, tanto a las ovejas como a los cabritos.