QUÉ ES LA «COSA» Y QUÉ ES EL «SIGNO»

San Agustín, en su obra De Doctrina Christiana, I, 2, 2
da esta enseñanza elemental que se ha de tener en cuenta en la interpretación de las Sagradas Escrituras:

Toda instrucción se reduce a enseñanza de cosas y signos. Pero las cosas [que se enseñan] se conocen por medio de los signos [mediante los cuales se enseñan]
Por lo tanto, denominaremos ahora cosas a las que no se emplean para significar algo, como son una vara, una piedra, una res y las demás cosas por el estilo.
No hablo de aquella vara acerca de la cual leemos que la introdujo Moisés en las aguas amargas para que desapareciera su amargura; ni de la piedra que Jacob puso de almohada debajo de su cabeza; ni de la res aquella que Abraham inmoló en lugar de su hijo.
Estas son cosas, pero de tal modo que al mismo tiempo son signos de otras cosas.
Existen otras clases de signos cuyo uso solamente se emplea para denotar alguna significación, como son las palabras. Nadie usa las palabras si no es para significar algo con ellas.
De aquí se deduce a qué llamo signos, es decir, a todo lo que se emplea para dar a conocer alguna cosa. Por lo tanto, todo signo es al mismo tiempo alguna cosa, pues lo que no es cosa alguna no es nada. Pero no toda cosa es signo.
En esta división de cosas y signos, cuando hablamos de las cosas, de tal modo hablamos que, a pesar de que algunas cosas pueden ser empleadas para ser signos de otra cosa, no embarace su dualidad el fin que nos propusimos de hablar primero de las cosas, y después de los signos.
Retengamos en la memoria que ahora se ha de considerar en las cosas lo que son, no lo que apare de sí mismas pueden significar.

LA FORTALEZA CRISTIANA (1 de 17)

“EL GOZO DEL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA”

Horacio Bojorge
INTRODUCCIÓN

Traté de la virtud de la Fortaleza cristiana en unas jornadas de estudio, celebradas en San Luis (Argentina) en junio del año 2001, y dedicadas a pensar sobre las virtudes cristianas . Iré ofreciendo, en diecisiete entradas, lo que expuse en aquella ocasión. No pretendo hacer de la fortaleza cristiana una descripción completa y sistemática. Josef Pieper lo ha hecho ya en su tratado sobre las virtudes. [Josef Pieper, Las Virtudes Fundamentales, Ed. Rialp, Madrid 1980 y Rialp con Quinto Centenario, Bogotá, 1988]

Existen también monografías históricas sobre la fortaleza en la antigüedad griega y en el Nuevo Testamento que muestran claramente la evolución del concepto y la diferencia entre la fortaleza en el mundo pagano y en el mundo de la fe bíblica.

[Véanse los estudios de Pedro Ortiz Valdivieso S.J., YPOMONH en la literatura griega, Ed. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá 1966; ´YPOMONH en el Nuevo Testamento, Ed. Pax, Bogotá 1969. Los principales estudios sobre el tema: A.-M- Festugiere ´YPOMONH dans la tradition grecque, en: Rech. De Sc. Rel. 21 (1931) 477-486; Hauck, Art.: Theol. Wörterbuch z. N. T., IV 585-593]

El punto de partida y el ámbito principal donde se moverán mis reflexiones y observaciones, será la Sagrada Escritura. Me limitaré a tratar de lo que hace específicamente cristiana a la fortaleza cristiana,

La Exposición de la Sagrada Escritura

San Agustin
De Doctrina Christiana, Libro I, Cap. 1, n. 1

La Exposición de la divina Escritura se funda en la invención y en la enunciación, la cual afrontamos con el auxilio divino.

1. Dos son los fundamentos en que se basa toda la explicación de las divinas Escrituras: en el modo de encontrar las cosas que deben ser entendidas, y en el modo de explicar las cosas que se han entendido.
Primero disertaremos sobre el modo de encontrar, después sobre el modo de exponer. Empresa grande y ardua; y si es difícil sustentarla, temo no sea temerario emprenderla. En verdad, así sería si presumiéramos de nuestras propias fuerzas. Pero la esperanza de llevar a cabo esta obra se funda en Aquél por el cual conservamos en el pensamiento muchas cosas comunicadas sobre este asunto, y, por lo tanto no se ha de temer que deje de darnos las demás, cuando empezamos a emplear las que nos dio.
Todo aquello que no disminuye cuando se da, mientras se tiene y no se da, no se tiene como debe ser tenido. El Señor dijo: al que tiene se le dará. Dará, pues, a los que tienen, es decir, llenará y acrecentará lo que dio a los que usaron con generosa liberalidad de aquello que recibieron.
Cinco y siete eran los panes antes de empezar a ser distribuidos entre los hambrientos, mas una vez que comenzaron a distribuirse se llenaron los cestos y cuévanos después de saciar a tantos miles de hombres. Luego así como aquel pan se acrecentó cuando se dividía, de igual modo cuando comiencen a ser distribuidas las cosas que me suministró el Señor para emprender esta obra, se multiplicarán sugiriéndolas Él, a fin de que en este oficio nuestro no sólo no sintamos escasez alguna sino que nos regocijemos de una abundancia admirable.

SAN LUCAS, MÉDICO GRIEGO (19 de 19)

SAN LUCAS MÉDICO GRIEGO
Y LA VIRGINIDAD DE MARÍA
En esta última entrada de la serie dedicada a presentar a san Lucas evangelista como médico griego, invito a sopesar el valor de su testimonio ante dos hechos milagrosos.

1)Primero el peso del testimonio de María que san Lucas valida al trasmitirnos, respecto de la virgindad de María antes, durante y después del parto.

2)Su propio testimonio, que como en el caso de Eutico fue presencial, acerca de las sanaciones que sucedían en contacto con los vestidos de san Pablo.

La mente moderna se inclina a pensar que su escándalo ante el hecho de la concepción virginal de Cristo le viene su modernidad. La realidad es otra. Por más ignorantes, retrógradas y supersticiosas que se quiera pintar a las edades más primitiva es una mente y un pueblo. La mente moderna no puede creer en la concepción virginal porque es todavía demasiado carnal, animal y primitiva, a pesar de toda su soberbia exaltación sobre los que fueron antes.

Lucas, que quiere fundar la certeza de Teófilo sobre una base firme, podía haber imitado a Marcos (a quien por otra parte sigue escrupulosamente) y callar acerca de la infancia de Jesús.

Pero no temió confrontar al que quería confortar, con un hecho en cierto sentido más pasmoso que el de la Resurrección. La Resurrección de Cristo la compartirán los que creen en él. La concepción virginal es un hecho único e irrepetible y que no comparte ni compartirá ninguna otra creatura . Es además, y quizás por eso mismo, un hecho a primera vista prescindible, puesto, que no reporta a nadie provecho sensible alguno. Para el racionalismo carnal, es lo mismo que Jesús tuviera la nariz roma o aguileña, que haya sido concebido por obra del Espíritu Santo o por obra de José. Las peculiaridades individuales de Jesús le importan poco. Le interesa más bien su función, su funcionalidad su utilidad y su aptitud para ser digerido como una idea. Si hay algún hecho o suceso individual que contradice sus generalidades históricas o naturales, sus pronósticos, que escapa al alcance de su instrumental verificador, ese hecho debe ser eliminado en aras de las normas metódicas.

Lucas no quiso tampoco evadir este hecho, a primera vista más apto para ahuyentar adeptos que para atraerlos.

Si alguien tenía derecho a elevarse contra la fe en la concepción virginal de Jesús, como contra una extralimitación vejatoria del buen sentido y la razón, como contra una contradicción inaceptable de los datos de la ciencia y de la historia, era Lucas. Lucas, como una de las figuras más cultas de la primera generación de cristianos.

Quiso el Espíritu Santo, que fuera precisamente Lucas el médico quien quedara ante la posteridad de la Iglesia y el Mundo, como el más claro y férvido expositor del misterio de la concepción virginal. Superando de lejos al parco y escueto Mateo. Explicitando lo que se sobreentiende en Marcos y Juan.

SAN LUCAS, MÉDICO GRIEGO (18 de 19)

UN CERTIFICADO DE DEFUNCIÓN
Y DE VUELTA A LA VIDA:
Eutico: Hechos 20, 7-9

Leemos este relato de Lucas:
“El primer día de la semana (¡domingo!) estando nosotros (Lucas es testigo presencial) reunidos para la fracción del pan, Pablo, que pensaba marchar al día siguiente (de Tróade hacia Mileto), conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche. Había abundantes lámparas en la estancia superior (detalle de un testigo presencial) donde estábamos reunidos. Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana; un profundo sueño le iba dominando a medida que Pablo alargaba su discurso. Vencido por el sueño se cayó del tercer piso abajo y fue recogido muerto” (Hechos 20, 7 -9)

Lucas recuerda la escena y la narra con la vividez del testigo presencial.
Como médico, pudo comprobar la muerte de Eutico.

El joven cae de un tercer piso.