GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (15 de 27)

«La voz del Señor descuaja los cedros del Líbano»
La epifanía de Dios en la tormenta



Atributo principal de Dios de Israel
Los demás atributos divinos parecerían, como dijimos antes, estar subordinados y ser tributarios de este título de Goel, que expresa la condición de pariente, de Dios, respecto de los Patriarcas y de su descendencia.

Si la fe bíblica comparte con otras religiones circunvecinas las epifanías cósmicas, telúricas y políticas de Dios, las comparte a su manera peculiarísima. Al igual que los dioses cananeos El o Baal, también el Dios bíblico es un Dios que se manifiesta en la montaña, el rayo, la tormenta, el oleaje, y los astros.

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (14 de 27)



















Dios rescató a su pueblo de la esclavitud de Egipto a través del mar 
y sepultó en las aguas al ejército perseguidor



Algunos pasajes bíblicos, el Salmo 106 y el Dios-Goel
El goelato de Dios se manifiesta históricamente. Por eso el epos bíblico consiste principalmente en la narración, memoria y encomio de esas obras de goelato.

Recordemos rápidamente algunos de esos núcleos narrativos.
En virtud de la promesa de asegurarle una descendencia, Dios aparece como el Levir de Abraham, a quien le asegura que no morirá sin hijos y no se extinguirá su nombre.
En virtud de la Promesa de la Tierra, Dios es también el Goel del pueblo descendiente de los Patriarcas. Como Go’el les asegura la propiedad de la Tierra. Dicha Promesa de la Tierra se realiza a través de la gesta de la liberación de Egipto, la travesía del Desierto y la conquista de Canáan.
 Dios se muestra también Goel en el hecho de liberar a su pueblo de la esclavitud y la opresión de Egipto. Recuérdese además que esa esclavitud era de tal naturaleza que amenazaba la propia existencia del pueblo de los Patriarcas.

¿Qué has hecho? ¡La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra!

(Génesis 4, 10)

Pido perdón a todos por publicar esta foto tan cruenta. Pero exigen las circunstancias que haya conciencia de lo que se quiere legalizar y ya ha sido aprobado por el Senado. Un golpe de gracia a una nación que ya se va sola por el sumidero de la extinción.

Ningún ser humano, y menos si es un gobernante, puede arrogarse el derecho de quitar o permitir quitar la vida a un inocente en ninguna etapa de su vida, desde su concepción hasta su muerte.
Esto no solamente es contrario a la mera conciencia humana que se llama ley natural.Esto es contrario a la Constitución del Uruguay, en cuyo artículo 26 se prohíbe la pena de muerte hasta para un delincuente, ¡con cuánta mayor quiso el constituyente defender la vida del inocente que esa misma constitución reconoce como el primero y máximo derecho en su artículo 7!

Ante los presentes acontecimientos, cumplo pues con el penoso pero perentorio deber que se me impone por boca del profeta Ezequiel:

«Cuando yo diga al injusto: ‘Vas a morir’, si tú no lo amonestas, si no hablas para advertir al injusto que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el injusto, morirá por su pecado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a ti. Si por el contrario amonestas al injusto y él no se convierte del mal y de su mala conducta, morirá él por su pecado, pero tú habrás salvado tu vida» (Ezequiel 3, 18-19). Por eso declaro que:

Dios ha revelado lo que sucederá al responsable de derramar sangre humana inocente: destierro, muerte violenta y extinción de la descendencia.

1) Al responsable de derramar sangre inocente le espera el destierro, la pérdida de su patria.
El Señor por quien se vive le dijo a Caín: «¿Qué has hecho? ¡Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde la tierra! Pues bien: Maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo ya no te dará más fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra» (Génesis 4, 10-11). .

2) Quien vertiere sangre humana, por otro hombre la suya será derramada.
El Señor por quien se vive le dijo a Noé: «A todos y a cada uno reclamaré el alma humana. Quien vertiere sangre humana, por otro hombre su sangre será vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre» (Genesis 9, 6).

3) Quien vertiere sangre inocente, no solamente vertirán la suya, sino que su estirpe se extinguirá en la tierra:
Dijo el Señor por quien se vive al Rey Ajab por boca del profeta Elías: «en el mismo lugar en que los perros lamieron la sangre de Nabot lamerán también los perros tu propia sangre […] Yo mismo voy a traer el mal sobre ti y voy a barrer tu posteridad y a exterminar todo varón» (Primer libro de los Reyes, 21, 19.21).

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (13 de 27)

Abraham y el Dios del Padre: 
Cuenta si puedes las estrellas, así será tu descendencia.



«Serios trabajos arqueológicos e históricos han señalado los siguientes rasgos propios y distintivos de la religión bíblica
1º) Considerar al Dios del Padre como un Dios-pariente, el primero y máximo Goel (Auxiliador) de todo el pueblo 
2º) Ver una Epifanía de Dios en las relaciones de parentesco y en los términos de Alianza de parentesco.
 3º) Considerar que el Dios-Goel asegura con sus Promesas y con su Auxilio, tanto la descendencia como el alimento para los hijos.



3.- El Dios del Padre, un Dios Pariente 
«Una característica esencial de la religión patriarcal es el culto al «dios del padre», el cual es invocado y mencionado o se manifiesta como «el dios de mi/tu/su padre»
[Véase: Gen 31,5.29 [corregido según el griego] 43,23; 46,3; 50,17; Ex 3,6; 15,2; 18,4.].

«El «dios del padre» es, primitivamente, el dios del antepasado inmediato, al que reconoce el hijo por dios suyo. Pero como ese culto se trasmite de padres a hijos, ese dios se convierte en el dios de la familia, y el «padre» puede ser un antepasado más alejado: aquél del que desciende todo el clan. Jacob invoca «al dios de mi padre Abraham y al dios de mi padre Isaac» (Gn 32,10; cf. 28,13).

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la cultura bíblica (12 de 27)

Abraham rescata a su sobrino Lot y a su familia de la cautividad



2.4. Garantizar los bienes de la Promesa
¿Por qué destaca la Ley bíblica estas cuatro obligaciones del goelato y deja las demás libradas a la fuerza social de la costumbre, que no obstante, es siempre riesgosa, porque puede quedar impunemente incumplida?

En nuestra opinión, la ley reglamenta estas cuatro acciones, y no las demás, porque son éstas las que salvaguardan más directamente los bienes relativos a las Promesas bíblicas hechas a Abraham y a sus Patriarcas. De modo que, si bien la institución familiar del goelato es, con certeza, anterior a la ley mosaica -y si bien, además, no es exclusiva de Israel – la reflexión teológica que lleva a regular y legislar algunas de estas obligaciones del goelato y no otras, sí parece provenir del legislador mosaico y ser característica de Israel.