GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (24 de 27)

5.8.- Platón
Platón insistirá menos en el parentesco del hombre con Dios que sobre el parentesco del alma, en especial del intelecto, con las Ideas y con el Ser. Es bajo este aspecto que concibe el «parentesco divino» de la humanidad. Ni en él ni en Aristóteles se tratará de un Dios personal.
A Platón, todo personalismo le parecía teñido de antropomorfismo. Se contentaba con un monoteísmo difuso, el único posible entre los griegos. Pero el parentesco, la connaturalidad del alma con el mundo de las Ideas, es lo que le permite al hombre conocer.

 5.9.- Stoa: Cleanto y Aratos
En la escuela estoica se encuentran expresiones semejantes y cercanas al pensamiento bíblico, pero en un contexto y por lo mismo con sentidos muy diversos. En Cleanto y en Arato se han señalado los dos textos más cercanos y semejantes a la visión bíblica.
[Imagen: Cleanto: Himno a Zeus]


Cleanto: 
Porque es de ti de quien provenimos, ya que somos los únicos, entre todos los seres mortales que tienen vida y se mueven sobre la tierra, que hemos recibido en comunicación el sonido que imita todas las cosas»
Arato:
 «¡Que todo canto comience por Zeus! Mortales: ¡no dejemos de alabar jamás su nombre! Todo está lleno de Zeus, tanto las calles como las plazas donde los hombres se reúnen, y el vasto mar y los puertos: a cualquier lado que vayamos, todos tenemos necesidad de Zeus. Como que somos de su raza [«Tou gar kai génos esmen»]… Y él, como un bondadosísimo padre, da a los hombres signos propicios» [Himno a Zeus].
Es el verso de este himno que cita san Pablo en el Areópago.

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (23 de 27)

«El concepto de syngeneia expresa el parentesco con el matiz de la connaturalidad (synfysis), de la participación en la misma naturaleza. Es un énfasis en lo ontológico, muy propio del genio filosófico del alma griega»… 
«Habrá que esperar siglos, hasta en los umbrales de la era cristiana, para que los estoicos, Aratos, Epicteto, osen proclamar al hombre como hijo de Dios». 


[En las imágenes: Epicteto (arriba); 
Aratos (abajo)] 


 5.5.- Los vínculos entre dioses y hombres:
Ser de la raza de los héroes es un título de gloria. Cuánto más ser de raza de dioses. Pero ¿tienen ambas razas un origen común? Los poemas homéricos insisten sobre la miseria de la condición humana.

El mismo Aquiles le dice a Príamo: «Tal es la suerte que los dioses asignaron a los pobres mortales, vivir en la tristeza, mientras ellos viven libres de todo cuidado” [Iliada 24,525-526].

Apolo se niega a batirse con Poseidón «a causa de los pobres seres humanos, semejantes a las hojas, que hoy están verdes y llenas de brillo y mañana se secan y caen…” [Iliada 21,463-466].

Los dioses deben guardar distancia respecto de los hombres: Hermes no puede quedarse mucho con Príamo porque «estaría mal que un dios inmortal demostrase a mortales favor tan manifiesto» [Iliada 24,463-464].

Cuando Diomedes se arroja sobre Eneas, sin respetar al dios que lo protege, Apolo lo reconviene: «¡Detente! y no pretendas igualar tus designios a los de los dioses; serán siempre dos razas distintas, la de los dioses inmortales y la de los humanos que andan sobre la tierra” [Iliada 5,440-442].
Néstor dirá: «Ningún mortal podría penetrar los pensamientos de Zeus; por mejor que fuese, Zeus lo supera cien veces” [Iliada 8,143-144].

 5.6.- Las dos razas – la divina y la humana – no se identifican.
Habrá que esperar siglos, hasta en los umbrales de la era cristiana, para que los estoicos, Aratos, Epicteto, osen proclamar al hombre como hijo de Dios.

BENEDICTO XVI – LA INFANCIA DE JESÚS

El Niño Jesús contado por José

Llega a las librerías el volumen del papa Joseph Ratzinger sobre la infancia del Mesías en los Evangelios. Sostiene que es «historia verdadera» y no pura construcción teológica

por Sandro Magister







ROMA, 20 de noviembre de 2012 – «La infancia de Jesús», de Joseph Ratzinger – Benedicto XVI estará desde mañana a la venta en el original alemán y en otros ocho idiomas: italiano, inglés, francés, español, portugués, brasileño, polaco y croata. La tirada global de lanzamiento supera el millón de ejemplares. En los próximos meses, el volumen será traducido en otros once idiomas y difundido en 72 países.


Es un libro breve, escrito en forma simple y lineal. Es más fácil de leer, respecto a los dos tomos más gruesos del «Jesús de Nazareth». Fue el último publicado, pero en la intención declarada por el autor «es una especie de pequeña ‘sala de ingreso’ a los dos anteriores volúmenes sobre la figura y el mensaje de Jesús de Nazareth».


Antes que el libro saliera a la venta, la mayor incógnita era de qué manera Benedicto XVI respondería a la pregunta si el nacimiento virginal, la adoración de los Reyes Magos y los otros relatos de la infancia de Jesús, en los Evangelios de san Mateo y de san Lucas, son «historia realmente acontecida» o «solamente una meditación teológica expresada en forma de historia».


El autor se inclina decididamente por la primera de las dos respuestas, pero sin negar ciudadanía en la Iglesia a la segunda postura.


Al término del capítulo sobre los Reyes Magos, Benedicto XVI da la razón a Jean Daniélou, cuando éste escribió en «Los Evangelios de la Infancia»:


«A diferencia del relato de la anunciación a María, la adoración por parte de los Reyes Magos no afecta a ningún aspecto esencial de la fe. Podría ser una creación de san Mateo, inspirada por una idea teológica: en este caso nada colapsaría».


«Pero el mismo Daniélou – prosigue el papa Ratzinger –, llega a la conclusión que se trata de acontecimientos históricos cuyo significado ha sido interpretado teológicamente por la comunidad judeo-cristiana y por san Mateo».


Y continúa afirmando:


«Para decirlo en forma simple: ésta es también mi convicción».


Benedicto XVI reconoce que «en el transcurso de los últimos cincuenta años» se ha afirmado entre los exégetas la tendencia a no reconocer la historicidad de la adoración de los Reyes Magos. Esta opinión – advierte – «no se funda en nuevos conocimientos históricos, sino en una actitud diferente frente a las Sagradas Escrituras y al mensaje cristiano en su conjunto».


Como prueba de este cambio, el Papa hace ver claramente que mientras el protestante Gerhard Delling, en el término «Mágos» del «Diccionario Teológico del Nuevo Testamento», ya en 1942 «consideraba asegurada en forma convincente la historicidad del relato sobre los Reyes Magos», posteriormente «también exégetas de clara orientación eclesial» como los católicos Ernst Nellessen o Rudolf Pesch se han pronunciado «contrarios a la historicidad» o al menos han «dejado abierta tal cuestión».


Pero frente a todo esto Benedicto XVI aconseja «considerar atentamente» la postura de otro exégeta católico contemporáneo, Klaus Berger, que en su comentario del 2011 al Nuevo Testamento escribe:


«Es necesario suponer – hasta que haya prueba en contrario – que los evangelistas no intentan engañar a sus lectores, sino que quieren relatar hechos históricos. Impugnar por pura sospecha la historicidad de este relato va más allá de toda competencia imaginable de los historiadores».


Y concluye diciendo que:


«No puedo no concordar con esta afirmación. Los dos capítulos del relato de la infancia en el Evangelio de san Mateo no son una meditación expresada en forma de historia. Al contrario: san Mateo nos relata la verdadera historia, que ha sido meditada e interpretada teológicamente, y de este modo nos ayuda a comprender más a fondo el misterio de Jesús».


A continuación presentamos la página final del libro, al término del capítulo sobre Jesús a los doce años perdido y encontrado en el Templo.


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EL MISTERIO DEL VERDADERO HOMBRE Y VERDADERO DIOS





[…] Es importante también lo que san Lucas dice sobre el crecimiento de Jesús no sólo en edad, sino también en sabiduría. Por una parte, en la respuesta del adolescente de doce años se hizo evidente que Él conoce al Padre – Dios – desde dentro. Solamente Él conoce a Dios, no sólo a través de personas humanas que dan testimonio de él, sino que Él lo reconoce en sí mismo. Como Hijo, Él está en una relación de tú a tú con el Padre. Vive en su presencia. Lo ve. San Juan dice que Él es el Único que «está en el seno del Padre» y por eso puede revelarlo (Jn 1, 18). Es precisamente lo que se torna evidente en la respuesta del adolescente de doce años: Él está con el Padre, ve las cosas y a los hombres bajo su luz. 


Pero también es cierto que su sabiduría crece. En cuanto hombre, Él no vive en una omnisciencia abstracta, sino que está arraigado en una historia concreta, en un lugar y en un tiempo, en las diferentes fases de la vida humana, y de todo ello recibe la forma concreta de su saber. Así aparece aquí, en modo muy claro, que Él ha pensado y aprendido en forma humana. 


Se torna realmente claro que Él es verdadero hombre y verdadero Dios, tal como lo expresa la fe de la Iglesia. En última instancia, no podemos definir el profundo entrecruzamiento entre una y otra dimensión. Permanece como misterio, y sin embargo aparece en forma muy concreta en la breve narración sobre el adolescente de doce años – una narración que abre así al mismo tiempo la puerta hacia la totalidad de su figura, que luego nos es relatado por los Evangelios.


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El libro:


Joseph Ratzinger – Benedicto XVI, «La infancia de Jesús», Editorial Planeta, 2012.


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Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina.


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19.11.2012
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GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (22 de 27)

5.3.- Homero
En literatura, en moral, en religión, Homero, entre los griegos, es un punto de partida: se lo encuentra al comienzo de todo. Las dos corrientes brotadas del sentido de la raza griega también tienen su origen en Homero. La que vincula entre sí a los hombres miembros del mismo genos. Y la que introduce al hombre en la familia de los dioses. En los poemas homéricos hay lugar para el deseo del hombre de elevarse a la altura del antepasado común de dioses y hombres: Zeus.

 5.4.- Los vínculos de parentesco humano:
Si se pregunta de dónde proviene la naturalidad y el interés humano de los poemas homéricos, lo primero que salta a la vista es la frescura de sus comparaciones.

Pero cuando se penetra al mundo de los sentimientos, se descubrirá que residen sobre todo en la psicología de los vínculos familiares. Tanto en la Iliada como en la Odisea es constante la expresión de los amores de familia: paterno, materno, filial, conyugal.

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (21 de 27)

5.2.- Se ha comparado el texto del Prólogo del Evangelio según San Juan 1,12-13 con un texto de Epicteto [Dichos I,3] donde se refleja una concepción de un doble parentesco «según la carne y según el espíritu».

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Epicteto, filósofo estoico, afirma:
«Compórtate siempre, en todos los asuntos, grandes y públicos o pequeños y privados, de acuerdo con las leyes de la naturaleza. 
La armonía entre tu voluntad y la naturaleza debería ser tu ideal supremo.»
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En el texto de Juan se habla de la adopción del hombre por Dios.
Naturalmente, jamás ningún griego pudo considerarse hijo de Dios a la manera bíblica, ni en particular a la manera cristiana. Pero Pablo de Tarso, citando el verso de Arato, demuestra que veía la posibilidad de encontrar en él un punto de inserción, para la visión cristiana, dentro de la visión de un griego.

 ¿En qué medida podían recubrirse las conciencias griega y cristiana de que el hombre era hijo de Dios?
Antes que nada hay que disipar un equívoco. Si bien es cierto que Homero habla de Zeus como «padre de los dioses y de los hombres», eso no quiere decir que Zeus sea lo uno y lo otro de la misma manera.

GO’EL: EL DIOS PARIENTE En la Cultura Bíblica (20 de 27)

El Areópago de Atenas 
Los dioses habitan en las alturas 
y a ellas suben los hombres a buscarlos



«En el orden de las ideas, el concepto griego de parentesco del hombre con Dios, se sitúa en la intersección de dos corrientes principales que dividen el pensamiento griego. La corriente legalista que insiste en la distancia entre las dos razas. Y la corriente mística y filosófica que urge al hombre a imitar a los dioses…”    




5.- Visión bíblica y visión griega del parentesco de Dios y el hombre. 
También en la cultura griega antigua había conciencia del alma y de la personalidad íntima. Esto llevó a algunos de sus representantes a presentar al alma humana como unida a Dios por una filiación de naturaleza.

Nos importa mostrar las diferencias que hay debajo de estas aparentes convergencias.
De alguna manera, al señalar las diferencias, podremos acercarnos más a una mejor comprensión de la visión bíblica.
Como en la cultura bíblica, también los griegos hablaron de la parentesco del hombre con Dios. El término central de estas elucubraciones es la sungeneia. El hombre es sungenés de los dioses, es de su mismo génos [raza].