UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [4 de 12]

Visión de un autor judío [3ª parte]


Temas de los libros segundo al quinto del Salterio

3.8. El tema general del libro segundo es el destino del pueblo, opuesto al de las naciones.
El combate prosigue siempre entre el bien y el mal, entre el justo y el malvado, pero un perfecto paralelismo de los destinos individuales y colectivos invita a asistir a una extraordinaria transfiguración. El justo es el pueblo de Israel, el malvado es el conjunto de las naciones que rehúsan a Dios.

El destino de Israel es marchar en la noche al lado de las naciones y entre ellas, pero con la certeza de un próximo renacimiento y de la restauración de su gloria. El justo perseguido por el malvado, es el pueblo santo perseguido por las naciones idólatras. Pero la esperanza subsiste para siempre. Todos los de Israel que se apartan del pueblo, se asimilan a los malvados y perecen. Todos los de las naciones que reconocen a Dios, se convierten en justos y se fundan en Israel para la vida eterna. Tal es la Ley.

En este libro, el destino individual del judío se mezcla a la suerte del pueblo y se afirma en el fin último perseguido por Israel: la conversión de las naciones y el anuncio del Mesías salvador que vendrá al fin de los tiempos. Pero el mal es todavía poderoso y muy a menudo la víctima inocente perecerá a manos del enemigo.

3.9. El tercer libro, esboza la vía de la vida eterna.
Israel es presentado en él bajo su aspecto histórico y a ello se debe que las reminiscencias de las escenas más patéticas de su pasado sean evocadas aquí con una persistencia inigualada.

Pero la historia santa no puede ser comprendida como una cronología: ella es una perpetua presencia.
El pueblo que comienza con Abraham, Isaac y Jacob, es el mismo que Moisés conduce por el desierto; es el mismo que franquea las fronteras de la tierra prometida, el que canta el salmista y el que reprenden los profetas; es el mismo que sobrevive a la ruina de los templos; es el de la dispersión, el de la reunión de los exilados y el del final de los tiempos.

Es inmutable porque es la duración misma. Es alrededor de él que se ordenan y gravitan las crónicas de la Humanidad. Las civilizaciones desaparecen, otras las suceden, los malvados se dispersan y mueren, otros se agrupan para nuevos asaltos y nuevas derrotas; pero Israel, como Dios, del cual él es la sola imagen material, vive sin fin. La naturaleza entera y las naciones que pueblan la tierra, giran alrededor de Israel y dan testimonio de su existencia, como él mismo, en su eternidad, da testimonio de la presencia de Dios.

3.10. Dios y sus obras, su dominación sobre la naturaleza, son introducidos en la cuarta parte del Salterio. Ahora la certeza del justo encuentra su recompensa. Sion y Jerusalén son restauradas y el Rey-Mesías ha descendido ya a la tierra. Israel ha vencido a las naciones y la alegría del salmista estallará en la parte final.


El quinto libro del Salterio será un canto sublime de liberación, un himno  estremecido de gloria a Dios.

3.11. En el gran ciclo del Salterio, cada libro constituye un drama completo y acabado
En cada libro varios Salmos se siguen para formar otras narraciones, independientes las unas de las otras, pero imbricadas o trabadas unas con otras. En fin, cada Salmo, tomado separadamente, representa la ilustración de las mismas ideas siempre repetidas, incansablemente reiteradas: la gloria de Dios, el servicio divino de Israel, el Mesías del fin de los tiempos, la victoria del justo sobre el malvado. Cada Salmo tomado separadamente evoca los cinco personajes fundamentales: el justo y el malvado, Israel y las naciones, y por fin su Juez, Dios.  

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [3 de 12]

Visión de un autor judío [2ª parte]


«El tema general del primer libro del Salterio es el del combate del justo contra el malvado»

3.3. “Los Salmos serán – sigue diciendo el autor judío que explica la unidad temática del Salterio – el desarrollo de estas ideas fundamentales contenidas en las últimas palabras de David. Es con justa razón que el Escriba colocó el Salterio al comienzo de la tercera parte de la Escritura: los Escritos (Ketubim).

Con relación a lo que sigue, los Salmos, con sus cinco libros, representan lo que es la Ley en relación con los Profetas: lo esencial. La Escritura es una colección pero su orden no es arbitrario. La sucesión de los libros está estrictamente indicada y es imposible separarlos los unos de los otros. Los Proverbios y Job son la continuación de los Salmos, así como Isaías es la continuación de los Reyes.

3.4. En los Salmos mismos, la sucesión de los cinco libros (de que consta el Salterio) no es tampoco fruto del azar. El Salterio es una obra completa y sus divisiones sugieren una lectura ordenada, que comienza con el primer Salmo y termina por el ciento cincuentésimo.

La cuestión concerniente a los autores del Salterio y la fecha de composición son falsos problemas, como tantos otros que hormiguean en las investigaciones extravagantes conocidas por el nombre de ciencia bíblica o de crítica bíblica. Si no es David, el padre de Salomón, el que compuso los Salmos, es David el rey-Mesías, quien los cantó. El Salterio es obra de Israel. Su fecha es la fecha en la que le plugo componerlo. Todo el resto interesa solamente a un pequeño grupo de tontos que se dicen sabios, como si la ciencia consistiera en perder la vida en futilidades.

3.5. El libro de los Salmos es una sinfonía donde cada Salmo tiene su lugar y cada palabra su significación. Las repeticiones  son múltiples y voluntarias, – así aparecen constantemente motivos ya conocidos en este canto del hombre a la gloria de Dios.

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [2 de 12]

Visión de un autor judío [1ª parte] 


Los temas mayores de los Salmos son estos: la oposición entre el justo y el malvado, el reino de uno y la desaparición del otro, la perennidad del pueblo de Israel y su confianza inquebrantable, la alianza eterna de Dios con Israel, la venida del Mesías y la gloria divina. 
Todos ellos se encuentran en el «testamento del Rey David»

Dije en la primera entrada de esta serie que me proponía exponer tres de los raros intentos que conozco de mostrar que el Salterio tiene una unidad temática. Uno judío, otro católico y otro calvinista. Comienzo a exponer en esta entrada la visión de un autor judío.

La comparación de estas perspectivas puede enriquecer nuestra comprensión del Salterio como expresión del drama de la salvación universal, que consiste en la entrada en comunión con Dios, ya sea en la visión de la dispensación judía ya sea en la de la dispensación cristiana.

Un católico puede suscribir los análisis del autor judío cambiando el alcance y el sentido de algunas afirmaciones. En la frase “palabras del hombre puesto en alto” puede ver una alusión a las últimas palabras de Cristo en la Cruz. El Justo que gobierna a los hombres, será Jesucristo y, en su dimensión colectiva, su Cuerpo Místico, o sea el pueblo mesiánico que es la Iglesia Santa. La Humanidad filial. La Casa que está delante de Dios es también Iglesia, la comunión de los santos . La alianza, que en el texto bíblico parece claramente ser la davídica y no la de Abraham, se realiza en la de Cristo, en quien, en efecto, consideramos que ha germinado toda la salud y los deseos del Rey David.
“En los Salmos – dice el Catecismo de la Iglesia Católica N° 2579 – David, inspirado por el Espíritu Santo, es el primer profeta de la oración judía y cristiana. La oración de Cristo, verdadero Mesías e hijo de David, revelará y llevará a su plenitud el sentido de esta oración”.  

 3.- UNA VISIÓN JUDÍA DE LA UNIDAD DEL SALTERIO.
La tomamos de “Un comentario judío a los Salmos” (Paris, Payot 1963), firmada por un autor anónimo bajo el seudónimo Emmanuel.
Traduzco de la Introducción-Prólogo, páginas 11-18:

 3.1. “Dios está con nosotros (= Immanu-’El) – dice esta autor al comenzar su obra — a cada instante de nuestra vida. Al final de la suya, el Rey David, pronunció la más elevada oración que labios mortales hayan pronunciado jamás:
1 Palabra de David, hijo de Jesé,
palabra del hombre puesto en alto,
el Mesías del Dios de Jacob,
el suave cantor de los Salmos de Israel:
2 El Espíritu del Señor habla por mí
Su palabra está en mi lengua.
3 El Dios de Jacob ha hablado
me ha hablado la Roca de Israel.
El Justo gobierna a los hombres,
Gobierna en el temor de Dios,
4 como luz matinal al romper el sol
en una mañana sin nubes
haciendo brillar tras la lluvia sobre el césped de la tierra.
5 Pues así está mi casa delante de Dios.
Porque ha hecho conmigo una alianza eterna, estable y segura
Él hará germinar toda mi salud y mis deseos.
6 Pero los malvados son como las espinas del desierto
que uno rechaza porque no puede tocar con la mano.
7 Nadie los toca si no es con el hierro
o con el madero de la lanza
para ser consumidos por el fuego” (1 Samuel 23)

3.2.

Antes de morir, David pronuncia estas palabras de las cuales la Escritura atestigua que fueron las últimas en la boca del Rey (2 Sam 23, 1-7). Esta oración resume el Salterio todo entero y enumera sus temas mayores. Difiere del Salterio en el orden de presentación. Si el Salterio parte del hombre para llegar a Dios, el testamento del Salmista comienza por Dios y se termina en la destrucción del malvado.

Y prosigue:
“Desde el comienzo de estos siete versículos esenciales para la comprensión del Salterio, David es colocado en el rango de los profetas. La palabra que nos es trasmitida es de David, pero es el Espíritu de Dios el que habla por su lengua.

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [1 de 12]

1.- Al abordar el estudio de los Salmos, conviene
comenzar por una visión de conjunto, tratando
de mostrar la unidad del Libro de los Salmos o Salterio.
El Salterio es un libro aparte en la lista de los libros canónicos, que forman las Sagradas Escrituras. Como todo verdadero libro, el Salterio tiene su unidad propia. Una unidad literaria si se considera al Salterio desde el punto de vista puramente literario, pero también una unidad teológica y una unidad religiosa, de fe, si se lo considera como obra inspirada por Dios.

En este último sentido, su carácter inspirado se basa en el testimonio de Jesucristo.
Así consideró la Escritura y dentro de ella el Salterio, Jesucristo, declarando que ella hablaba de él (Juan 5,35) y leyendo en ella la voluntad del Padre acerca de él, casi como un libreto de la voluntad del Padre.

Los Salmos hablan de Él, del Cristo individual y del Cristo Místico. La Unidad de sentido se corresponde con cierta unidad de forma literaria.
Habitualmente los comentaristas y las introducciones al Salterio, pasan por alto el tema o el problema de la unidad teológica del Salterio y se dedican, ya sea al análisis de los Salmos individuales, ya sea a sus diversas clases, formas o géneros literarios: himnos, súplicas, lamentaciones individuales o nacionales, Salmos mesiánicos, sapienciales, etc.

 2.- No es tarea fácil ni en la que estén todos de acuerdo, percibir la unidad del Salterio ni exponerla. Son raros los autores que han intentado esta tarea, que, por lo visto, la generalidad considera o bien irrelevante o imposible.

 Voy a exponer tres de esos raros intentos que conozco. Uno judío, otro católico y otro calvinista
El primero considera al Salterio a la luz del testamento de David (2 Samuel 23, 1-7), como expresión del pueblo mesiánico de la Antigua Alianza: Israel, pueblo mesiánico o Mesías colectivo, justo sufriente.

El segundo desde una perspectiva católica paralela, donde la Iglesia es el verdadero Israel y el pueblo mesiánico sufriente, o el cuerpo místico.

El tercero propugna una exégesis que tenga en cuenta el estado canónico del Salterio como conjunto.

Las entradas de esta serie se irán publicando los días viernes hasta el 22 de  noviembre de 2013.

DIOS MÍO, DIOS MÍO
¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?»

Alguien me ha preguntado sobre el sentido que tienen, en los labios de Jesucristo crucificado, las palabras: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” 
(En hebreo: “Elí, Elí lamáh ‘azavtáni”) 

Voy a dar una respuesta rápida, esperando poder algún día poder cumplir con mi intención de explicar detalladamente — y fundamentándolo exegéticamente — lo que aquí adelantaré.
Como a veces lo mejor es enemigo de lo bueno, doy ahora, por lo menos, un adelanto. No sea que por esperar a hacerlo mejor no lo haga nunca, y el consultante se quede sin respuesta.

 Ante todo, como es sabido, esas palabras de Jesús son las primeras palabras del salmo 21 (según el canon de la versión griega de los Setenta) o el 22 (según el canon hebreo)
Por lo tanto, con esas palabras, Jesús comienza a recitar un salmo y para dárnoslo a entender, pronuncia con un supremo esfuerzo la frase inicial de salmo.

Es obvio que no pudo seguir recitándolo en voz alta por la asfixia que producía su situación en la cruz, suspendido, como estaba, de los clavos en sus manos y debiéndose apoyar en el clavo de los pies para tomar algo de aire y poder respirar algo.

Este salmo, si bien comienza con una queja, contiene, como se sabe, muchísimo más. Por lo tanto tenemos que tener presente todo el Salmo, si es que queremos asomarnos al mensaje completo que el Señor quiso dejarnos en herencia espiritual al elegir ese salmo en ese momento. Ese salmo contiene el comentario que quiso legarnos Él mismo acerca del sentido de su muerte en Cruz, y contiene también la revelación profética de la verdadera naturaleza de toda su obra sobre la tierra hasta ese momento. Contiene, por fin, también, en profecía, el anuncio de sus efectos futuros hasta el fin de los tiempos.

Algunos de los que lo rodean no entienden — o fingen burlonamente no entender — que Jesús está comenzando a orar el salmo 21-22 y piensan o ironizan que: “Está llamando a Elías”. Esas personas no se asomaron jamás al misterio de la recitación del salmo completo que es, sin embargo, algo así como el libreto revelador de lo que Jesús está haciendo al morir en Cruz. Sabemos que Jesús vivió las Sagradas Escrituras como el libreto de la voluntad del Padre que Él venía a cumplir. «Escudriñad las Escrituras… ellas hablan de mí» (Juan 5,39).

El sentido de ese salmo 21-22 en los labios de Jesús no hay que buscarlo, por lo tanto, en ese primer versículo, el único que Jesús agonizante logra pronunciar. Hay que ir a buscarlo en el versículo 23 y los restantes versículos hasta el fin del salmo en el versículo 32. En esos versículos 23-32 está la revelación y la profecía más importante, las supremas enseñanzas de Cristo desde el púlpito de su Cruz pero pronunciadas en su mayor parte interiormente y de cara al Padre.