EL SALTERIO MICROCOSMOS SIMBOLICO (1 de 2)

He traducido para nuestros visitantes el siguiente capítulo del monumental comentario a los Salmos del hoy eminentísimo Cardenal Gianfranco Ravasi: Il Libro dei Salmi. Commento e Attualizzazione.
(Ed. Dehoniane, Bologna 19851-19884, 3 Ts. 916,1066 y 1018pp.) 

El capítulo que aquí y en la próxima entrada traduzco lo he tomado del tomo primero páginas.30-31

Los Salmos son poesía
Los salmos – escribe G. Ravasi – son ante todo
poesía. La oración tiene un «pre-texto» que está anclado no sólo en
el
Sitz im Leben [= Lugar en la vida] de las formas literarias sino también en el Sitz im
Mensch
, [= Lugar en el ser humano] esto es en la humanidad misma, en sus estructuras simbólicas,
imaginarias, poéticas. 
La lírica de los salmos es también un canto radical del
hombre y del espíritu con sus exhuberantes repertorios simbólicos, verdadero
«jardín de la imaginación» (Th. Eliot).

«La vocación del
espíritu – escribía C. Lévi Strauss – es insubordinación a la existencia y a la
muerte; la fantasía y la fe lo guían en esa revuelta». La verdadera
teología de los salmos no debería ignorar la fuerza provocativa de los grandes
ejes simbólicos, alrededor de los cuales se organizan los arsenales metafóricos
y poéticos de cada salmo; léase por ejemplo, la cascada de símbolos
«enlazados» libre y espontáneamente entre sí, presente en el Sal 58,
o, en cambio, examínese el riguroso equilibrio entre paisaje simbólico-cósmico
y paisaje psicológico-cósmico del Sal 69,2-4. 

Escribía justamente C. Geffré:
«Si por dogmática se entiende la inteligencia de la fe, sería necesario
quizás dejar de pensar que solamente el lenguaje formal es «serio» en
teología. Idealmente una teología simbólica debería recoger en un discurso
hermoso las referencias simbólicas, la reflexión especulativa y la presencia
del debate contemporáneo».

En
este «festival de las imágenes», presente en el salterio, es difícil
poner orden a la manera «occidental»: presenta problemas de
traducción, de filología, de montaje, de análisis comparado; está la
gnoseología semítica ligada a un tipo de conocimiento que Maritain llamaba
acertadamente «sabrosa, afectiva y operativa»; está la
imprevisibilidad de las relaciones por asonancia fonética propia de la
estilística hebrea; están las acumulaciones vertiginosas, la libertad del
«razonamiento» semítico; está la renovada importancia atribuida al
mito y al símbolo por la moderna filosofía (P. Ricoeur, E. Cassirer, A. Durand,
J. Cazeneuve, M. Eliade, M.L. Ramlot, etc.).

Nosotros
buscaremos en la lectura de cada salmo, delinear las respectivas tramas
simbólicas que constituyen casi el cuerpo vivo y poético. Numerosos han sido
los intentos de catalogación global de la simbólica de todo el salterio, en
busca de un sistema coordinador que sea la verdadera macro-estructura del
planeta de los símbolos sálmicos. 

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [12 de 12]

Explicación de Fr. Divo Barsotti [5ª y última parte]


Libros segundo al quinto

5.11. El segundo libro no modifica totalmente la situación descrita en el primero. Mientras la persecución se encarniza afuera, el alma se acerca a la luz. El orante confía en Dios, y por eso resiste. Se abandona y duerme tranquilo en el primer libro. En el segundo el alma se pone y está en camino. El viaje es tema principal del segundo libro. Ya se anunciaba en el primero, en los Salmos 14(15) y 22(23), pero inaugura el segundo libro con el Salmo 41(42).

El Salmo 41 (42) define bien el espíritu del libro segundo: el alma justa suspira por la patria. Lo que distingue la experiencia predominante en el segundo libro es el deseo de Dios. El Salmo 41 es uno de los preferidos de San Agustín  en su comentario. Reúne en sí los grandes temas del libro: Deseo, Patria, Templo, Dios, Presencia, Memoria del desierto.

5.12. El tercer libro: El Pleno Día, va del Salmo 72(73) al 88(89). No solamente es central en relación con los demás, sino que se encuentra exactamente en el medio del plan de conjunto del Salterio, en el centro de su economía. Su doctrina es capital y central, para la vida espiritual y la fe.

Este libro sigue mostrando, como el segundo aspecto del primero, que en el camino de la vida espiritual no se deja nada atrás. El alma se profundiza y se dilata, pero sin sobrepasarse, sin dejar definitivamente detrás de ella lo que atraviesa. Si has llegado a la vía unitiva, sigues teniendo necesidad de apartarte del mal, sigues teniendo necesidad del sentido del pecado, lo mismo que los que recién comienzan su conversión a Dios.

LOS 7 SACRAMENTOS EN LAS ESCRITURAS

Textos Bíblicos que hacen referencia a los siete sacramentos de la Iglesia. 

A

 tener en cuenta a la hora de explicarlos.

Autor David Díaz Criado

BAUTISMO

Mt. 28, 19
«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,»
Mc. 16, 16
«El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.»
Jn. 3, 5
«Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.»»
Hch. 2, 38
«Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo;»»
Hch. 16, 15
«Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.»
Hch. 16, 33
«En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los suyos.»
Hch. 22, 16
«Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre.»
Rom. 5, 3-4
«¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?»
1 Cor. 1, 13-16
«¿Esta dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? ¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a ninguno de vosotros fuera de Crispo y Gayo! Así, nadie puede decir que habéis sido bautizados en mi nombre. ¡Ah, sí!, también bauticé a la familia de Estéfanas. Por lo demás, no creo haber bautizado a ningún otro.»
1 Cor. 6, 11
«Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.»
Col. 2, 12
«Sepultados con Él en el bautismo, con Él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos.»
Tit. 3, 5
«Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo,»
1 Pe 3, 21
«a ésta corresponde ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurrección de Jesucristo,»

CONFIRMACIÓN

Sab. 9, 17
«Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?»
Hch. 8, 14-17
«Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.»
Hch. 13, 2-3
«Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.» Entonces, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y les enviaron.»
Hch. 19, 1-6
«Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso donde encontró algunos discípulos; les preguntó: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?» Ellos contestaron: «Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que exista el Espíritu Santo.» Él replicó: «¿Pues qué bautismo habéis recibido?». «El bautismo de Juan», respondieron. Pablo añadió: «Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús.» Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y, habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar.»
2 Cor. 1, 21-22
«Y es Dios el que nos conforta juntamente con vosotros en Cristo y el que nos ungió, y el que nos marcó con su sello y nos dio en arras el Espíritu en nuestros corazones.»
Ef. 1, 13
«En Él también vosotros, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de vuestra salvación, y creído también en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la Promesa,»
Heb. 6, 1-2
«Por eso, dejando aparte la enseñanza elemental acerca de Cristo, elevémosnos a lo perfecto, sin reiterar los temas fundamentales del arrepentimiento de las obras muertas y de la fe en Dios; de la instrucción sobre los bautismos y de la imposición de las manos; de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.»

EUCARISTÍA

Mt. 26, 26-28
«Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.»»
Mc. 14, 22-24
«Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.» Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos.»»
Lc. 22, 19-20
«Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.» De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.»»
Jn. 6, 30-35
«Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: «Pan del cielo les dio a comer.» Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.» Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.»»
Jn. 6, 48-58
««Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.» Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»»
1 Cor. 10, 16
«La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.»
1 Cor. 11, 23-29
«Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.» Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.»

RECONCILIACIÓN

Mt. 16, 19
«A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la Tierra quedará atado en los Cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los Cielos.»
Mt. 18, 18
«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la Tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo.»
Lc. 15, 18-19
«Me levantaré, iré a mi padre y le diré: «Padre, pequé contra el Cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.»»
Jn. 20, 21-23
«Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»»
Hch. 19, 18
«Muchos de los que habían creído venían a confesar y declarar sus prácticas.»
1 Cor. 5, 3-5
«Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en espíritu, he juzgado ya, como si me hallara presente, al que así obró: que en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de Jesús Señor nuestro, sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor.»
2 Cor. 2, 6-11
«Bastante es para ese tal el castigo infligido por la comunidad, por lo que es mejor, por el contrario, que le perdonéis y le animéis no sea que se vea ése hundido en una excesiva tristeza. Os suplico, pues, que reavivéis la caridad para con él. Pues también os escribí con la intención de probaros y ver si vuestra obediencia era perfecta.
Y a quien vosotros perdonéis, también yo le perdono. Pues lo que yo perdoné -si algo he perdonado- fue por vosotros en presencia de Cristo, para que no seamos engañados por Satanás, pues no ignoramos sus propósitos.»
2 Cor. 5, 18-20
«Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.
Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!»
Sgo. 5, 16
«Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y orad los unos por los otros, para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.»
1 Jn. 1, 8-9
«Si decimos: «No tenemos pecado», nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia.»

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Mc. 6, 5
«Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.»
Mc. 6, 12-13
«Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.»
Lc. 13, 12-13
«Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.» Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.»
Hch. 9, 17-18
«Fue Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saúl, hermano, me ha enviado a ti el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venías, para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.» Al instante cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; se levantó y fue bautizado.»
1 Cor. 12, 9
«a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;»
1 Cor. 12, 30
«¿Todos con carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?»
Sgo. 5, 14-15
«¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.»

ORDEN SACERDOTAL

Mt. 18, 18
«Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.»
Lc. 10, 16
«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»
Lc. 22, 19
«Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: «Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»»
Lc. 24, 47
«y se predicará en Su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén.»
Jn. 12, 20-22
«Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.»
Jn. 15, 5
«Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.»
Hch. 6, 6
«los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.»
Hch. 15, 2-6
«Se produjo con esto una agitación y una discusión no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos; y decidieron que Pablo y Bernabé y algunos de ellos subieran a Jerusalén, donde los apóstoles y presbíteros, para tratar esta cuestión. Ellos, pues, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaria, contando la conversión de los gentiles y produciendo gran alegría en todos los hermanos. Llegados a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia y por los apóstoles y presbíteros, y contaron cuanto Dios había hecho juntamente con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés. Se reunieron entonces los apóstoles y presbíteros para tratar este asunto.»
Hch. 20, 17
«Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso.»
Hch. 20, 28
«Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que Él se adquirió con la sangre de su propio Hijo.»
Hch. 21, 18
«Al día siguiente Pablo, con todos nosotros, fue a casa de Santiago; se reunieron también todos los presbíteros.»
1 Tim. 3, 1
«Es cierta esta afirmación: Si alguno aspira al cargo de epíscopo, desea una noble función.»
1 Tim. 4, 14
«No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros.»
1 Tim. 5, 17
«Los presbíteros que ejercen bien su cargo merecen doble remuneración, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza.»
2 Tim. 1, 6
«Por esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.»
Tit. 1, 5
«El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené.»
1 Pe. 5, 1
«A los ancianos que están entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse.»

MATRIMONIO

Gén. 1, 26-28
«Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»»
Gén. 2, 18-25
«Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.» Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.» Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.»
Mt. 5, 31-32
«También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio.’ Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto en caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.»
Mt. 19, 3-9
«Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?» Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, ‘los hizo varón y hembra’, y que dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne?’ De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.» Dícenle: «Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?» Díceles: «Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer -no por fornicación- y se case con otra, comete adulterio.»»
Mc. 10, 2-12
«Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?»
Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?» Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.» Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto.
Pero desde el comienzo de la creación, ‘Él los hizo varón y hembra.’ ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.’ Pues bién, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.» Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.»»
Lc. 16, 18
«Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio.»
Rom. 7, 2-3
«Así, la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras éste vive; mas, una vez muerto el marido, se ve libre de la ley del marido. Por eso, mientras vive el marido, será llamada adultera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adultera si se casa con otro.»
1 Cor. 7, 1-15
«En cuanto a lo que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer. No obstante, por razón de la impureza, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su marido. Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido. No dispone la mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la oración; luego, volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia. Lo que os digo es una concesión, no un mandato. Mi deseo sería que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos de una manera, otros de otra. No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo. Pero si no pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse. En cuanto a los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido, mas en el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y que el marido no despida a su mujer. En cuanto a los demás, digo yo, no el Señor: Si un hermano tiene una mujer no creyente y ella consiente en vivir con él, no la despida. Y si una mujer tiene un marido no creyente y él consiente en vivir con ella, no le despida. Pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente. De otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son santos. Pero si la parte no creyente quiere separarse, que se separe, en ese caso el hermano o la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el Señor.»
1 Cor. 7, 39
«La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor.»
Ef. 5, 3
«La fornicación, y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos.»
Ef. 5, 5
«Porque tened entendido que ningún fornicario o impuro o codicioso -que es ser idólatra- participará en la herencia del Reino de Cristo y de Dios.»
Ef. 5, 21-33
«Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne.’ Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia. En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido.»
Heb. 13, 4
«Tened todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal sea inmaculado; que a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.»
1 Pe. 3, 1-7
«Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa. Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas, sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios. Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos; así obedeció Sara a Abraham, llamándole ‘Señor’. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor. De igual manera vosotros, maridos, en la vida común sed comprensivos con la mujer que es un ser más frágil, tributándoles honor como coherederas que son también de la gracia de Vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo.»

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [11 de 12]

Explicación de Fr. Divo Barsotti [4ª parte]


División del Salterio
La noche, la aurora, el pleno día, el Reino, 
la Alianza.

5.7. Tras de exponer brevemente la doctrina de la interpretación canónica de la Sagrada Escritura según Brevard S. Childs, retomamos ahora la exposición de Divo Barsotti sobre la unidad temática del Salterio. Ambos toman distancia de los estudios histórico críticos del salterio, que tampoco gozaban de la simpatía del comentarista judío cuya visión presentamos en primer lugar.

El Salterio, – nos recuerda Barotti – según el canon hebreo, se divide, como es sabido,. en cinco libros.

En el canon cristiano de la Biblia, se mantiene esta división en cinco. Pero generalmente se le asigna poca importancia. Por ejemplo, la Biblia de Jerusalén, describe tres colecciones, atendiendo a las tradiciones del Pentateuco según la investigación histórico-crítica (Yahvista, Elohista).

Es más exacto – asevera Barsotti – guiarse por la división canónica del Salterio en cinco libros, siguiendo la tradición hebrea que se funda en cinco doxologías o bendiciones con que se cierra cada uno de esos libros.

Los otros criterios de división son más propios de una aproximación literaria, filológica, histórica, que no tiene en cuenta la prioridad de la inspiración divina. Es una exégesis que se hace de espaldas a la dimensión religiosa del texto, que es la que tiene en cuenta la comunidad que lo lee e interpreta desde la fe, como ha reivindicado Brevard S. Childs.

5.8. Un drama en tres actos 
Puede decirse que la unidad del Salterio es la unidad de un drama que se desarrolla en tres actos fundamentales:
1) La GUERRA entre el bien y el mal
2) El JUICIO de Dios
3) La ALABANZA
La alabanza divina está al término de la acción, es el final, el desenlace del drama. Antes, el Salterio nos hace asistir a la acción del mal, del pecado, de la muerte, que en una ruina universal parece hacer fracasar el designio de Dios. Al comienzo, Dios está como ausente de la escena del mundo, en la cual parece triunfar el poder del mal.

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [10 de 12]

El método de Exégesis Canónica 
de Brevard S. Childs 
y la unidad del Salterio


Corrigendo la óptica de Gunkel, Childs afirma:
“La moderna interpretación del Salterio – que comienza con Gunkel – padece de no tomar en serio el rol que tiene el canon que ha configurado esta literatura religiosa. 
Es un hecho reconocido desde hace mucho, que la actual forma del Salterio refleja una larga historia de un desarrollo tanto oral como literario”.

“La ‘exégesis canónica’ – la lectura de los diversos textos de la Biblia en el marco de su totalidad [y unidad teológica] – es una dimensión esencial de la interpretación que no se opone al método histórico-crítico sino que lo desarrolla de un modo orgánico y lo convierte en verdadera teología” 
(Benedicto XVI)

Interrumpo ahora la exposición de las enseñanzas de
Fr. Divo Barsotti para intercalar la visión de Brevard S. Childs, exegeta calvinista, en su obra
Introduction to the Old Testament as Scripture,
(SCM Press, Ltd. London 1979).

Benedicto XVI mostró su aprecio por los puntos de vista de este autor cuando utilizó el enfoque canónico de Childs, remitiéndose a él explícitamente en sus evaluaciones de los límites de los métodos histórico críticos a la interpretación de las Sagradas Escrituras. Este enfoque canónico en la interpretación de las Sagradas Escrituras tiene su importancia porque señala los límites del método histórico crítico y desautoriza a quienes le atribuyen al método histórico crítico la hegemonía absoluta como método de interpretación de las Sagradas Escrituras.

Escribe el Papa en su introducción al primer tomo de Jesús de Nazareth: “…se ha desarrollado hace unos treinta años en América el proyecto de la ‘exégesis canónica’, que se propone leer los diversos textos bíblicos en el conjunto de la única escritura haciéndolos ver así bajo una nueva luz”
[Joseph Ratzinger Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, Primera Parte, pág. 14 (Ed.Planeta, Argentina 2007)]

El Papa Benedicto XVI conecta, acto seguido, esta perspectiva con la enseñanza de la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II que: “había destacado claramente este aspecto como un principio fundamental de la exegesis teológica: ‘quien quiera entender la Escritura en el espíritu en que ha sido escrita debe considerar el contenido y unidad de toda ella (Cfr. Dei Verbum 12). Y el Concilio añade que se han de tener muy en cuenta también la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe”. (p.14)

Y algo más adelante, en el mismo prólogo, el Papa agrega una nueva valoración de la exégesis canónica aplicada también al Nuevo Testamento, como lo hizo también Childs: “La ‘exégesis canónica’ – la lectura de los diversos textos de la Biblia en el marco de su totalidad [y unidad teológica] – es una dimensión esencial de la interpretación que no se opone al método histórico-crítico sino que lo desarrolla de un modo orgánico y lo convierte en verdadera teología” (pp. 15-16)

Childs considera que “la moderna interpretación del Salterio – cuyo comienzo pone en Gunkel – padece de no tomar en serio el rol que tiene el canon que ha configurado esta literatura religiosa. Es un hecho reconocido desde hace mucho, que la actual forma del Salterio refleja una larga historia de un desarrollo tanto oral como literario” (O.c. p. 511).

UNIDAD TEMÁTICA DEL SALTERIO [9 de 12]

Explicación de Fr. Divo Barsotti 
[3ª parte]


Ningún hombre se identifica con “el Hombre”, excepto Nuestro Señor Jesucristo. 


5.5. Los Salmos, Palabra de Cristo
Podemos decir de los Salmos, más que de ningún otro libro del Antiguo Testamento, que son el libro de Nuestro Señor. No solamente porque Él los ha citado más que ningún otro libro – lo cual sería una razón puramente exterior – sino, más bien, porque ellos son, eminentemente, SU palabra. Son “su” palabra en tanto que él es “el Hombre”.

Ya hemos dicho que lo que distingue al Salterio es, precisamente, el hecho de que es la palabra de Dios y de todo hombre.  Es toda la humanidad la que habla y se expresa a través de los 150 Salmos. No un pueblo solo, no la historia de un solo pueblo, y menos todavía la vida interior de un solo hombre entre otros, que hubiera vivido en una determinada época; sino “el Hombre” en su acepción más vasta y su más simple comprensión. El hombre en su condición de pena y de miseria aquí abajo: es todo lo humano lo que  nos habla a través de su palabra.

Ahora bien, ningún hombre se identifica con “el Hombre”, excepto Nuestro Señor Jesucristo. Por eso el Salterio, es, más que todo otro libro, “el libro de Jesús”: su libro porque es palabra de Dios y porque es palabra de Hombre. El Hombre, no se conoce más que en Cristo. Sólo en Cristo se expresa el hombre verdadero y concreto. Y la palabra del hombre verdadero es precisamente el libro de los Salmos.

5.6. Una división del Salterio según el género literario de los Salmos, puede tener cierto valor, pero no nos revela el sentido último de los Salmos. Un Salmo no dice todo su secreto sino en su contexto, según aquel orden que no deriva de lo arbitrario, sino del lugar que ocupa dicho Salmo en el libro inspirado. Este lugar ha sido asignado por Dios, quien ha dirigido al hagiógrafo para formar la colección y hacer de ella UN libro.


Es solamente en la unidad de la Biblia que la exégesis católica trasciende la palabra del hombre y alcanza a través de ella la palabra de Dios.  Negar que – o ignorar que – la Biblia tenga como único autor principal a Dios, inspirador a su vez de un verdadero y propio autor humano, es comprometer la interpretación auténtica de la Sagrada Escritura. El filólogo  puede, sí, interpretar un documento humano histórico o poético, pero el filólogo en cuanto tal no podrá jamás, si no es creyente, descubrir en la Sagrada Escritura analizada y criticada como monumento literario e histórico, el sentido que su Autor divino quiso darle.