QUÉ ES LA SANTIDAD DE DIOS [1 de 3]

LA CERCANÍA DEL LEJANO. 
LA LEJANÍA DEL CERCANO

1) ¿Qué significa santidad? ¿Cómo debemos entender este misterioso atributo divino que usamos a menudo más por lo que nos sugiere que por lo que en verdad  significa.

2) La santidad es el resultado de la conjugación de otros dos atributos divinos: Su grandeza que lo separa y su caridad que lo aproxima. Por su grandeza, Dios es trascendente y merece ser adorado. Por su caridad se comunica y relaciona, bondadoso y misericordioso, y merece ser alabado por esa bondad.                                              
3) Si se afirma uno sólo de los atributos — la separación – se la define erróneamente. Si se afirma uno de los dos atributos con detrimento del otro, se falsea el significado del atributo de la santidad, se evapora la noción de santidad. La santidad de Dios resulta del hecho de que su trascendencia ontológica no impide ni su acción creadora ni su cercanía amorosa, su presencia, ni su acción histórica, salvífica.

4) Algunos biblistas y teólogos, por el deseo de salvar la trascendencia, la afirman a costa de la comunión, la alianza y la cercanía.
Según ellos, al Dios, totalmente Otro, la creatura no puede tocarlo ni comunicarse con él. Como consecuencia se hace inútil la oración, pues no llega a sus oídos o no lo mueve a responder. Y tampoco influye en la vida humana, porque no lo afecta nuestra bondad, ni tampoco nuestro pecado. En su versión vulgar, esta visión suele expresarse así: «mire si a Dios le va a interesar lo que nos pasa», «mire si Dios va andar ocupándose de estas pequeñeces». En esta visión, la reverencia ahoga la piedad.

5) Otros, por deseo de acentuar la cercanía, sacrifican la memoria de su grandeza y de su trascendencia. Entonces el Hijo encarnado se convierte exclusivamente en «mi amigo Jesús» o es, confianzudamente, «el flaco». Entonces también, el Padre se convierte en el Barba, o El viejo. Lo que aquí se pierde es la reverencia por afán de intimidad y confianza. La piedad se convierte así en irreverencia.

6) Por ambos caminos se llega a la pérdida del sentido de la santidad y de lo sagrado. En el crisol de la in-cultura dominante convergen ambos y se refuerzan ambos errores dando lugar a la desacralización y secularización . Dios se inmanentiza y la creación se diviniza panteísticamente. Ya no es el hombre quien ha de servir a Dios, sino Dios quien está al servicio del hombre: “para una vida más humana” y Jesús es “el hombre para los demás”.

7) Estas tendencias se reflejan, naturalmente, en liturgia, pastoral, espiritualidad, arte sagrado y catequesis. En la liturgia tiende a predominar un afán pedagógico que desplaza la meta teocéntrica y cultual convirtiendo la instancia de culto en una instancia de catequesis antropocéntrica. El contenido de los textos de los manuales de catequesis donde se impone dogmática y rígidamente partir del hecho de vida, y se considera inadecuado predicar el misterio para suscitar la fe. Un método que parece haber descreído de que la fe se suscita por la predicación. Una nueva forma de iconoclastia rechaza el icono y la imaginería religiosa tradicional y la sustituye por estilizaciones o por caricaturas.

8) Lo que está detrás de ambas amputaciones, es la ideología religiosa de la herejía modernista. Ésta sostiene que no tenemos acceso a Dios a través de una revelación histórica sino que Dios se revela al hombre en su propia conciencia, en una experiencia o sentimiento interior. Para el modernismo Dios es tan trascendente a la historia que no puede manifestarse en ella. Por otro lado, es tan inmanente a la naturaleza del hombre y a su conciencia que el hombre puede experimentarlo en sí mismo, aunque sea en forma de sentimiento confuso o símbolos imaginarios [Jung]. Esta ideología combina, así, la negación de los dos atributos que componen el atributo divino y la condición humana de santidad.

9) La fe católica, por el contrario, salvaguarda la verdad del atributo de la santidad. Dios se revela históricamente, en su Hijo encarnado: «habiendo hablado de muchas maneras, en los últimos tiempos nos habló en su hijo» (Hb 1,1). Y «a los que creen en su nombre, les concedió poder ser hechos hijos de Dios» (Jn 1, 12). El hombre que acepta con fe la revelación histórica predicada, puede acceder a las experiencias que derivan de la fe, pues es el medio adecuado para la comunicación con Dios y la vía de la divina regeneración. La revelación histórica salvaguarda la libertad divina para revelarse.

10) Es esencial tener claro el atributo de santidad divina, porque de lo contrario no es posible la santidad para el hombre. Dios es el modelo ejemplar, el arquetipo divino, el fundamento de la conducta del fiel y del pueblo creyente. “Sed Santos porque yo Yahveh vuestro Dios soy santo” (Lev 19,2).
Imperativo que reasume Jesús en términos de caridad perfecta y misericordia, invitando a ser perfectos y misericordiosos “como vuestro Padre celestial” (Mateo 5, 48; Lc  6,36).
Pedro enseña que en esta invitación de Jesús se cumple la invitación del Levítico a la santidad:” Como el que os ha llamado es santo, así sed vosotros santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: Sed santos porque santo soy Yo” (1ª Pedro 1,15-16)

¿LA BIBLIA ES DE CHICLE?

SINSABORES DE LA PALABRA DIVINA EN LOS ÚLTIMOS CUARENTA AÑOS
Agradezco al Centro Pieper de Mar del Plata que publique en su página esta conferencia sobre los abusos políticos y psicologistas en la interpretación de las Sagradas Escrituras que pronuncié allí en el 2011 y cuyo contenido sigue vigente

La «Dei Verbum» y los Sentidos Bíblicos y Extra Bíblicos

R. P. Lic. Horacio Bojorge, S.J.
Conferencia dictada por el P. Horacio Bojorge en el Centro Pieper de Mar del Plata, Argentina,
el sábado 7 de Mayo del 2011.
Palabras Introductorias
Agradezco a Cristian Iglesias y a los organizadores de estas Jornadas Pro Vida y Familia [1], de la SITA [2] en Argentina y del Centro Pieper, la oportunidad de venir a Mar del Plata y de dirigirles la palabra en el Centro Pieper.
Cristian me pidió que desarrollara algún tema de hermenéutica, dado que el año pasado estuvieron estudiando el documento de la Comisión Bíblica “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia” que, con razón, les ha causado cierta perplejidad a algunos. 
Confieso que me resultaba muy difícil demarcar un tema tratable en el lapso del que dispongo.
Y esto es así, no solamente por la vastedad del asunto en sí y por la dificultad de acotar algún tema dentro de asunto tan vasto, sino porque es un tema que considero de alguna manera, y por así decirlo, autobiográfico
Afortunadamente convinimos con Cristian en que el tono de esta exposición podría ser más bien coloquial que académico. Y por eso me atrevo a darle al asunto de la hermenéutica bíblica en la Iglesia una impostación algo autobiográfica y de “memorias”. 
Hay un hecho que me ha ocupado a lo largo de mi vida sacerdotal y que me sigue provocando a pensar y sobre todo a discernir. 
Ese hecho es la coexistencia de, por un lado, una normativa eclesial sobre la hermenéutica bíblica, normada desde León XIII en adelante por varias encíclicas pontificias y finalmente en el Concilio Vaticano II por la «Dei Verbum», y por otro lado las desviaciones en la interpretación de las Sagradas Escrituras que proliferan en nuestros tiempos a pesar de la normativa eclesial. 
Me he ocupado por escrito, en mi vida, por lo menos en seis principales oportunidades, de la «Dei Verbum» como norma de la hermenéutica católica y de los errores hermenéuticos contemporáneos. 

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TEÓLOGOS [Y EXEGETAS] PELMAS por Juan Manuel de Prada


«UNA PATOLOGÍA 
DIGNA DE ESTUDIO»

Comparto plenamente y por eso publico aquí los dichos de Dn. Juan Manuel de Prada en el ABC del 19 de abril de 2014.


Lo que él tan elocuentemente escribe de algunos teólogos (los pelmas), se aplica también obviamente al subgénero de los pseudo-exegetas bla bla blablistas, que no verdaderos biblistas…

TEÓLOGOS PELMAS

LA resurrección de Cristo no es un hecho «demostrado científicamente». Como todos los dogmas de fe, se funda en un misterio cuya comprensión sólo podremos completar después de la muerte; pero, a falta de esa demostración «científica», contamos con el testimonio de los apóstoles, que nos aseguran que ocurrió realmente tal como ellos nos la describen.


Nunca he entendido bien cuál es el propósito de esos teólogos pelmas que afirman que la resurrección de Cristo no ocurrió tal como nos la describen los apóstoles, sino que fue tan sólo una «experiencia de fe», una especie de «autosugestión» que los impulsó a creer que su Maestro seguía presente en sus vidas; y que consideran las narraciones de las diversas apariciones de Cristo resucitado a sus discípulos como un mero «género literario», una forma de expresar lo que no es sino una experiencia o vivencia interior


 Estos charlistas niegan un dogma de la fe porque lo juzgan «indemostrable» científicamente; y al mismo tiempo lanzan una hipótesis interpretativa patidifusa y lisérgica que es igualmente «indemostrable», pero que convierte el testimonio de los apóstoles en una especie de ensoñación misticoide.


Tal configuración de la Resurrección como «experiencia espiritual» es el producto inevitable de la grieta que se ha introducido entre lo que los seguidores del método histórico-crítico llaman el «Jesús histórico» y el «Cristo de la fe», una suerte de versión pía del doctor Jeckyll y míster Hyde. Una grieta que ha terminado por contaminar la propia cristología, que se ha ido haciendo en las últimas décadas sobre las especulaciones de los teólogos pelmas y no sobre la fe de los creyentes, hasta conseguir inocular el veneno de la incredulidad entre los propios creyentes.


Así, la figura de Jesús se ha ido haciendo cada vez más nebulosa, irreal e inexplicable; y las reconstrucciones rocambolescas que sobre ella se hacen resultan cada vez más antitéticas: hay quienes lo presentan como un revolucionario que combate los poderes establecidos; y quienes ven en Él a un moralista benigno que predica una suerte de amor omnicomprensivo y buenrrollista que todo lo aprueba.


Tales reconstrucciones adolecen siempre de la misma falla: Jesús es presentado como un hombre, todo lo excepcional que se quiera, y hasta en sintonía especial con Dios, pero desenraizado de Él; y, sobre esta falla, adulteran su figura, hasta convertirlo en un muñeco de plastilina hecho a imagen y semejanza del teólogo pelma de turno.


Así, reduciendo los dogmas a la categoría de meros «símbolos» y desdeñando aquellos pasajes evangélicos que narran acontecimientos inexplicables según las leyes físicas, se ha terminado por hacer irreconocible la figura de Cristo.

Cada vez profeso más simpatía por esos ateazos expeditivos y broncos que, ante el dogma de la resurrección de Cristo o cualquier otro que no explica la mera razón, dictaminan: «Esto son fábulas e invenciones grotescas de los curas».


Pero entender a esos pelmazos que emplean muchos años de su vida en estudiar una disciplina tan ardua como la teología y en familiarizarse con lenguas antiquísimas y abstrusas para concluir que los dogmas de la fe son meros «símbolos» que pueden ser interpretados hipotéticamente supera, en verdad, mi capacidad comprensiva. Para semejante viaje anfetamínico no eran necesarias tales alforjas de erudición; a menos que… A menos que, desde un principio, al teólogo pelma lo guiase la mala fe; y que todos sus años de estudio sean tan sólo la coartada confundidora y malévola que le permite disfrazar con un bagaje pedantuelo su incredulidad originaria.


Pero tal explicación exige aceptar que no nos hallamos ante teología… sino ante una patología digna de estudio.
Juan Manuel de Prada
ABC Madrid 19 abril 2014
 http://www.abc.es/cordoba/20140419/sevp-teologos-pelmas-20140419.html

BARRABÁS O CRISTO – UNA ELECCIÓN MODERNA

LIBERAR A BARRABÁS – CRUCIFICAR A CRISTO
FALSA COMPASIÓN
PRETENDIDA CARIDAD QUE ANULA LA JUSTICIA
PREPARA la INSTALACIÓN 
del REINADO del ANTICRISTO
Amnistiar al criminal y victimizar al justo
glorificar el vicio y penalizar la virtud

— En esta semana santa de  2014, he descubierto de pronto, releyendo el presente escrito de Mons. Michel Schooyans, la actualidad arquetípica de este episodio de la Pasión de mi Señor: la liberación de Barrabas y la condena de Cristo a la crucifixión que aquél merecía y le estaba aguardando.
— El arquetipo de los dramas que elenca el escrito que te ofrezco más abajo, lo revivimos cada Viernes Santo, cuando se deja libre a Barrabas y se crucifica a Jesucristo. Pero, también, inadvertidamente, cuando se pasa indiferente o hasta se legaliza la muerte de los inocentes y se deja impunes o hasta se absuelve a los que los matan (martirio de católicos, aborto, etc.) O cuando nuestros legisladores legalizan el delito y penalizan el sentido común humano. 
– El siguiente artículo de Monseñor Michel Schooyans fue presentado ante una reunión plenaria de la Pontificia Academia para la Vida. Es un análisis clarividente de un fenómeno cultural: «la falsa compasión», que se hace pasar por «buen amor» pero que es su falsificación. Y tuerce el juicio de moralistas, juristas y legisladores apabullados por una moderna «opinión pública» que ha pervertido al milenario sentido común de la Humanidad.
— La falsa compasión es hemiplégica. Va apareada unas veces con la insensibilidad, otras con la animadversión, otras con una crueldad pretendidamente ‘justiciera’. Acusa, condena, combate hostiga y castiga a los que obran el bien y la verdad y que sufren por ello. 
Por ejemplo: los que defienden los límites. Por el contrario, ss indulgente o hasta premia como héroes a los transgresores; aprueba la transgresión legalizándola y convirtiéndola en derecho, mientras convierte en delito la denuncia y amordaza y hasta reprime el disenso.
–Tomar el bien por mal y el mal por bien es, como hemos observado tantas veces, el mal de la acedia que caracteriza esta sociedad. 
— De esta perversión de la percepción moral nace, por ejemplo, el garantismo jurídico para el víctimario y la inclemencia con la víctima. 
— Volveré sobre este asunto en este blog ya que presentaré el pensamiento de Federico Mihura Seeber en su obra El Anticristo, donde este autor percibe y describe el síndrome de la falsa compasión y la consiguiente evacuación de la justicia en nombre de una pretendida caridad, y lo muestra como síntoma de la sociedad anticrística que ya está preparada para recibir al Anticristo.

LA COMPASIÓN HOY
Mons Michel Schooyans
Miembro de la Pontificia Academia para la Vida

Nosotros podemos discernir la verdadera y la falsa compasión en hechos o en tomas de posición observables en el mundo hoy. Así aparecerán los estragos que la falsa compasión está haciendo tanto a nivel de las personas como a nivel de las sociedades humanas. Pasemos a ver pues algunos ejemplos.


1) En 1962, la Corte Criminal de Liège (Bélgica) fue llevada a juzgar a una madre que, «por compasión», había matado a su hijo. Durante su embarazo, esta madre había tomado Softenon, conocido hoy en día bajo el nombre de Talidomida. El niño había nacido portador de malformaciones graves. La madre decidió poner fin a la vida de su niño; lo que efectivamente hizo. Al término de un proceso muy «mediatizado», la mujer fue absuelta. Ella salió libre del tribunal, bajo los aplausos nutridos del público.

INTELIGENCIA ESPIRITUAL DE LAS ESCRITURAS
Fr. Raniero Cantalamessa FMC

SAN GREGORIO MAGNO 
Y LA INTELIGENCIA ESPIRITUAL 
DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS 
Quinta predicación de Cuaresma 
11 de abril de 2014 
Fuente:  http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo= 34967 


El objetivo de nuestra reflexión es ver cómo los Padres nos pueden ayudar a reencontrar esa virginidad de escucha, esa frescura y libertad al acercarnos a la Biblia que permiten experimentar la fuerza divina que se desprende de ella 

–    En el intento de entrar en la escuela de los Padres para dar un nuevo impulso y profundidad a nuestra fe, no puede faltar una reflexión sobre su manera de leer la palabra de Dios. Será san Gregorio Magno, papa, el que nos guíe a la «inteligencia espiritual» y a un renovado amor hacia las Escrituras.

Ha sucedido en el mundo moderno, con respecto a la Escritura, lo mismo que se ha producido hacia la persona de Jesús. 
–   La investigación del exclusivo sentido histórico y literal de la Biblia que ha dominado en los últimos dos siglos partía de los mismos supuestos y llevó a los mismos resultados de la investigación de un Jesús histórico distinto del Cristo la fe. 
–   Jesús era reducido a un hombre extraordinario, un gran reformador religioso, pero nada más; la Escritura era reducida a un libro excelente, si se quiere el más interesante del mundo, pero un libro como los demás, que hay que estudiar con los medios con los que se estudian todas las grandes obras de la antigüedad. 
–   Hoy se está yendo incluso más allá. Un cierto ateísmo militante maximalista, antijudío y anti-cristiano, considera la Biblia, el Antiguo Testamento en particular, como un libro «lleno de infamias», que hay que quitar de las manos de los hombres de hoy. 
 –   A este asalto a las Escrituras, la Iglesia opone su doctrina y su experiencia.

–   En la Dei Verbum, el Vaticano II reiteró la perenne validez de las Escrituras, como palabra de Dios a la humanidad; la liturgia de la Iglesia les reserva un lugar de honor en cada una de sus celebraciones; muchos estudiosos, a la crítica más actualizada, unen también la fe más convencida en el valor trascendente de la palabra inspirada. 
–   Quizá la prueba más convincente es, sin embargo, la de la experiencia. 
–   El tema que, como hemos visto, llevó a la afirmación de la divinidad de Cristo en Nicea, en el año 325, y del Espíritu Santo en Constantinopla, en el año 381, se aplica plenamente también a la Escritura: en ella experimentamos la presencia del Espíritu Santo, Cristo nos habla todavía, su efecto sobre nosotros es distinto al de cualquier otra palabra; por tanto, no puede ser simple palabra humana. 


1. Lo antiguo se hace nuevo 
–    El objetivo de nuestra reflexión es ver cómo los Padres nos pueden ayudar a reencontrar esa virginidad de escucha, esa frescura y libertad al acercarnos a la Biblia que permiten experimentar la fuerza divina que se desprende de ella. 


–   Padre y Doctor de la Iglesia que elegimos como guía, he dicho, es san Gregorio Magno, pero para poder comprender su importancia en este campo debemos remontarnos a las fuentes del río en el que él mismo se inserta y trazar su curso, al menos someramente, antes de llegar a él. 
–    En la lectura de la Biblia, los Padres no hacen más que proseguir la línea iniciada por Jesús y por los apóstoles, y esto ya debería hacernos cautos en el juicio respecto de ellos. 
–   Un rechazo radical de la exégesis de los Padres significaría un rechazo de la exégesis de Jesús mismo y de los apóstoles. Jesús, a los discípulos de Emaús, les explica todo lo que en las Escrituras se refería a Él; afirma que las Escrituras hablan de él (Jn 5,39), que Abraham vio su día (Jn 8,56); muchos gestos y palabras de Jesús tienen lugar «para que se cumplan las Escrituras»; los primeros dos discípulos dicen de él: «Hemos encontrado a aquel del que escribieron Moisés y los profetas» (Jn 1,45). 
–   Pero todo esto eran correspondencias parciales. No ha sucedido todavía la transmisión total. Esta se realiza en la cruz y está contenida en la palabra de Jesús moribundo: «Todo está consumado».