DIVORCIO Y SEGUNDAS NUPCIAS
EN LA IGLESIA PRIMITIVA: ¿ALGUNA VEZ SE PUDO?

¡QUE NO TE LA CUENTEN!


¿Aceptó alguna vez la Iglesia la comunión de los divorciados vueltos a casar como sugiere el Cardenal Kasper?

El canon del Concilio de Nicea que invoca Kasper, apunta a que los herejes rigoristas acepten el nuevo casamiento  de los viudos.

El Cardenal recoge el parecer infundado de un autor (Cereti) ya refutado doctamente por muchos sabios. Cereti pretende que el segundo matrimonio del que haba Nicea es un segundo matrimonio en vida del primer cónyuge. El Concilio, reconocen todos los historiadores, habla de viudos a los que la Iglesia les reconocía el derecho a contraer un segundo matrimonio y los herejes, contra los que va el canon, negaban la licitud de tal segunda boda.

Si le interesa el tema lea este informe y divúlguelo entre los desorientados, confundidos  y perplejizados por la prensa

EL ESPERMA O SEMEN DIVINO
LA DIVINA REGENERACIÓN
EN LAS PARÁBOLAS DE LA SEMILLA

En
hebreo, en griego y en latín, la palaba semilla, (s
emen en latín, sperma en griego, zéra’ en hebreo) además de su primera
acepción botánica que designa la semilla en el mundo vegetal,
sirve de soporte a sentidos figurados, simbólicos o metafóricos para expresar ya sea el principio
masculino de la generación humana: el semen o esperma viril, ya sea la progenie o la descendencia.
En
esta entrada comento la parábola del trigo y la cizaña y a propósito de ella,
explico, en forma de Homilía, la relación que existe entre «las
semillas» de las que habla Jesús en la Parábola, y la acción del
«semen o esperma divino» que es la Palabra de Dios hecha carne que
obra la divina regeneración de los hombres, engendrando hijos de Dios.
En
la parábola del trigo y la cizaña se sugiere veladamente el
misterio de la regeneración, de la generación divina por obra del Espíritu
Santo que nos hace hijos de Dios. A sus discípulos Jesús se lo explica abiertamente:
“El
que siembra (ho speirôn)
la
buena semilla (to kalón sperma)
es
el Hijo del Hombre, (ho huiós tou anthropou)
el
campo sembrado es el mundo (kosmos);
la
buena semilla  (to de kalón sperma)
son
los hijos (hoy huiói)
del
Reino (tês basiléias)”
  
LA
PARÁBOLA DEL TRIGO Y LA CIZAÑA
Mateo
13, 36-43
«Lo
mismo que se recoge la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo»
  En aquel tiempo, Jesús despidió a la gente y se
fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron:
«Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo».
  Jesús les contestó: «El sembrador de la buena
semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos
del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la siembra es el
diablo; el tiempo de la cosecha es el la impleción del siglo, y los segadores
son los ángeles.
  Y así como recogen la cizaña y la queman en
el fuego, así será al fin del siglo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles
para que recojan (sunléxousin) de su Reino a todos los que inducen a otros al
pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno del fuego; allí será
el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol
en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
  
HOMILÍA
Voy
a leer el Evangelio en una traducción más literal del texto griego, menos
literaria que la del leccionario, que acabamos de leer, pero que refleja más
exactamente las palabras de Mateo y por lo tanto las que Dios le inspiró
escribir para trasmitirnos los dichos de Jesucristo. De esta manera podemos contemplar
mejor con nuestro espíritu la enseñanza de Jesús.
“Entonces
Jesús apartándose de la gente vino a la casa. (La casa es la de Pedro en
Cafarnaúm y dado que allí es donde comienza a congregarse la Iglesia, la
simboliza. Por lo tanto, Jesús se recoge con sus discípulos)
Y
acercándose a él sus discípulos, le decían: 
Explícanos a nosotros la parábola
de la cizaña del campo sembrado.
Él
respondiendo, dijo:
El
que siembra (ho speirôn) la buena semilla (to kalón sperma) es el Hijo
del Hombre, (ho huiós tou anthropou) el campo sembrado es el mundo (kosmos); la
buena semilla  (to de kalón sperma)
son los hijos (hoy huiói) del Reino (tês basiléias); la cizaña son los hijos
del malo (tou ponerou); y el enemigo que la siembra (ho speiras) es el diablo
(ho diábolos);  la siega es la
consumación del mundo (suntéleia aiônos); y los segadores son los ángeles.
Así,
pues, como se recoge la cizaña y se echa al fuego para que arda, así será en la
consumación del mundo (suntéleia tou aiônos).
Enviará
(apostéllei) el Hijo del Hombre a sus Ángeles, los cuales recogerán de su Reino
todos los escándalos (skandala, motivos de tropiezo) y todos los que obran la
iniquidad (tous poiountas tên anomían) y los arrojarán al horno del fuego (heis
ten kaminon tou pirós). Allí será el llanto (ho klauthmós) y el rechinar de
dientes (kai ho brygmós tôn odóntôn). Amén-
En
las parábolas Jesús habla con los métodos empleados por los rabinos de su
tiempo. Sus discípulos lo reconocían como rabino, y lo llamaban así: RabbÍ, que
quiere decir “Grande mío” “Maestro mío”. Como los rabinos de su época Jesús
enseñaba su doctrina acerca de los misterios de Dios con comparaciones, tomadas
fundamentalmente de las Sagradas Escrituras.
Para
hablarnos de sí mismo como Palabra de Dios hecho hombre, Jesús utiliza las
parábolas de la semilla y en ellas, la semilla significa la palabra de Dios,
pero también expresa el poder dador de vida, engendrador, que tiene una palabra
que es capaz de hacer de nosotros hijos de Dios por la divina regeneración. Por
eso, en la parábola del sembrador, Jesús nos habla del sembrador sembrado, del
sembrador que es a la vez la semilla que él siembra porque es la Palabra de
Dios hecho hombre que habla para sembrarse en los corazones de los oyentes.

EL SEMBRADOR SEMBRADO
Parábola del sembrador

EL SEMBRADOR SEMBRADO

La parábola del Sembrador
Marcos 4, 3-9; 14-20

Sembrador, Semilla y Palabra de Dios
1. No se exagerará la importancia de esta parábola que encierra, de algún modo, el secreto del género. En efecto. Jesús presenta esta parábola como la clave de interpretación de todas las parábolas y condiciona la comprensión de todas las demás a la intelección del sentido de ésta. «¿No comprendéis esta parábola? Entonces, ¿cómo entenderéis todas las parábolas?» (Marcos 4, 13). 2. Se trata de que el divino Sembrador sigue sembrando su Palabra y de que ésta sigue dando fruto de amor a Dios en muchos de los hombres alcanzados por ella: en los que la reciben con fe.

¿Por qué no se nombra la semilla?

QUÉ ES LA SANTIDAD DE DIOS [3 DE 3]

LA LEJANÍA DEL CERCANO
LA CERCANÍA DEL LEJANO


DEL PARENTESCO A LA FILIACIÓN
24) La teología de la Alianza, es lo que la fe bíblica tiene de afable, en el sentido opuesto a lo inefable. La Alianza define y explica muy bien el núcleo característico de la religión bíblica respecto de otras religiones.

25) El comportamiento del Dios de la Alianza es el fundamento, el modelo ejemplar y el precedente posibilitante a la vez, del comportamiento, de la moral del pueblo de la Alianza. 28) Esa conducta divina se define por dos términos que son casi atributos divinos. Jen gracia, elección; y Jésed amor, misericordia. Por gracia y misericordia Dios elige. Ellas son también las dos virtudes del antes y después de la Alianza, las virtudes del Dios de la Alianza. Jen y jésed, la gracia y la misericordia divina expresan la Alianza. La Alianza debe perdurar y perpetuarse, expandirse y universalizarse por ejercicio de gracia y misericordia, primero dentro del pueblo mismo de la Alianza y después a nivel de toda la Humanidad.
Pero he aquí que la gracia y la misericordia, jen y jésed, son, en el ámbito de la fe bíblica que los acuña, términos que pertenecen a la vez al ámbito de las relaciones religiosas (es decir divino-humanas) y al ámbito de las relaciones familiares y sociales (es decir inter-humanas).

26) Pertenece al corazón oculto e inefable (difícilmente expresable y por eso raramente mencionado) de la cultura bíblica, el hecho de que las relaciones entre los hombres y las relaciones entre Dios y los hombres se conciben como análogas y se expresan mediante categorías comunes como los términos jen y jésed, que expresan la faceta de la cercanía de Dios que compone su atributo de santidad.

27) Esto sugiere que en la revelación bíblica Dios ha hecho de las relaciones interhumanas, y particularmente de las relaciones familiares de parentesco, el ámbito preferencial de su autorrevelación o epifanía. Los justos bíblicos han experimentado la epifanía divina como una comunicación interpersonal, como una vinculación de parentesco. Dios se les ha revelado como Dios pariente de los patriarcas, como Goel de sus descendientes, el pueblo elegido.

28) De ahí, que los vínculos familiares deban vivirse a imitación de las virtudes divinas, del divino pariente y auxiliador de los patriarcas. Según exige la ley de santidad del Levítico: la vida de familia se ha de vivir en santidad y pureza sexual (Lev 18, 1-30). Las conductas lujuriosas de las cultura egipcia y cananea son opuestas a la epifanía divina en la santidad de la familia porque divinizan la fuerza sexual sacándola del contexto de la caridad que se da a conocer en la autorrevelación del Dios Pariente. En  el pueblo santo la sexualidad no debe separarse del amor esponsal. La separación del sexo y el amor procreativo es la pérdida de su carácter santo.

29) Que Dios se manifieste ahora como el Padre santo de nuestro Señor Jesucristo y que sus discípulos se conviertan, por regeneración divina, en sus hermanitos más pequeños, se comprende, así, como el “cumplimiento” de la Ley y los profetas. Los reengendrados han sido por lo tanto santificados. En esta regeneración, el Padre se ha manifestado santo. Ellos desean ahora manifestar en sus vidas la misma santidad del Padre. Y lo piden como gracia: santificado sea tu nombre [en nosotros y en todos los que lleguen a ser tus hijos]

¿QUÉ ES LA SANTIDAD de DIOS? (2 de 3)

LA LEJANÍA DEL CERCANO
LA CERCANÍA DEL LEJANO

ÍCONOS BÍBLICOS DE LA SANTIDAD
12) ¡Santo Santo Santo! cantan los serafines en la visión de Isaías (6, 3) Los ángeles expresan e interpretan lo que Isaías ve: a Dios sentado en un trono excelso y elevado, (aposentado en su trascendencia inaccesible, en el trono de su trascendencia), pero el borde de cuyo manto llena el templo (haciéndose así cercano y accesible al suplicante).
Para entender el sentido de la presencia del borde del manto de Dios en el templo hay que recordar el gesto de los suplicantes en la antigüedad, que consistía en aferrarse al borde del manto para impetrar un favor.

13) Esta misma combinación de lejanía ontológica y cercanía existencial se refleja en el dicho del libro de la Sabiduría que comprende la misericordia como expresión de la omnipotencia: “Tú te compadeces de todos porque todo lo puedes” (Sb 11, 23). El creador es el salvador. El omnipotente es el aliado por amor de elección y predilección.

14) Yahvé es Dios del cielo y de la tormenta, creador y todopoderoso, soberano absoluto. Los cielos, la tormenta, el mar, los vientos, el terremoto, son epifanías de su Creador y Señor. Sin embargo, ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos característicos o fontales. Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente [Go’el], o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal. El Dios Pariente asegura los bienes de la promesa: la libertad, la tierra, los hijos, la vida. Es el vengador de sangre, el libertador de los esclavos, el levir, el que rescata la tierra. Como dice Isaías: “Tu redentor (=goel] es el santo de Israel” (Isa 41, 14)

15) El nombre “Yo soy el que soy” revelado a Moisés (Ex 3, 14) incluye el sentido “Yo soy el que está”, ya que el verbo hebreo hayáh significa “ser y estar”. Un estar que implica una presencia activa: “Estuve con vuestros padres y estaré con vosotros”. El que se revela en la zarza como el Dios de los antepasados, se revela inmediatamente como “El que es, está y estará” actuando en favor de su pueblo elegido. Ese aspecto lo explicitará en Isaías cuando revela su nombre Emanuel, “Immanu-El” =  “Dios [está, estará] con nosotros” Este nombre es la fórmula de asistencia, propia de los contextos de guerra santa, en los que Dios promete intervenir activamente en la vida del pueblo como su Go’el, su pariente fiel y poderoso: Dios de los ejércitos, vengador de sangre, garante de la libertad, la vida en la tierra..

16) Otrosí: Dios dice por Isaías: «Los cielos son mi trono y la tierra el escabel de mis pies» (Isaías 66, 1-2). Los cielos dicen la grandeza de Dios y de su poder que gobierna los astros: «El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la obra de sus manos» (Salmo 18, 2). La tierra, escabel, habla de su cercanía providente, sabia y amorosa a los hombres que la habitan. Está por un lado la epifanía uránica de Dios y por otro su epifanía amorosa, en el orden de los vínculos interpersonales, familiares.

17) Nota: Los cielos y la tierra son testigos invocados por Dios en sus alianzas con Israel (Deuteronomio 4, 26) porque el cielo y la tierra, que son «la obra de sus manos» (Salmo 101, 26), dan testimonio del poder y la grandeza de Dios, tanto como la Alianza muestra su cercanía por el amor de predilección, la elección, la vocación y la misión. Los cielos y la tierra pasarán, pero las palabras de Cristo no pasarán (Marcos 13, 31; Lc 21, 33; Mt 24, 35). Isaías 66, 1-2  es alegado por Jesús para prohibir el juramento por el cielo o la tierra (Mateo 4, 34s) El cielo y la tierra, creaturas cuyo ser tiene apoyo en la palabra de la Verdad. El versículo de Isaías es citado por el mártir Esteban (Hechos 7, 49).

18) Las epifanías cósmicas quedan así subordinadas a la epifanía en lo interpresonal, como la suprema revelación de Dios: caridad. Por eso la manifestación de la santidad de Dios alcanza su culmen de cercanía con la venida del Hijo: “Bendito el que viene en el Nombre del Señor” y con su presencia en la Iglesia: “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos

19) El Salmo 98 tiene la estructura de un trisagio: proclama tres veces la santidad de Dios. En él alternan la adoración por la grandeza y la alabanza por sus intervenciones históricas de amor a su pueblo.
«El Señor reina tiemblen las naciones; sentado sobre querubines, vacile la tierra; 2 grande es Yahveh en Sión. Excelso sobre los pueblos todos; 3 alaben tu nombre grande y venerable: santo es él. 4 Poderoso rey que el juicio ama, tú has fundado el derecho, juicio y justicia tú ejerces en Jacob. 5 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies: santo es él. 6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre aquellos que su nombre invocaban, invocaban a Yahveh y él les respondía. 7 En la columna de nube les hablaba, ellos guardaban sus dictámenes, la ley que él les dio. 8 Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías, Dios paciente eras para ellos, aunque vengabas sus delitos. 9 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante su monte santo: santo es Yahveh, nuestro Dios.

20) Las obras de la creación muestran mejor la trascendencia divina y las obras de la salvación su cercanía providente y amorosa. La creación de la nada, la inmensidad del cielo y el universo creado, las desmesuradas dimensiones del espacio y del tiempo de la obra creadora, hablan de la grandeza y la trascendencia del creador, que ni es interior, ni coextensivo, ni se confunde con su obra de creación

21) De la cercanía amorosa de Dios, habla la conservación de la creación en el ser, la providencia en el gobierno mediante las leyes físicas y naturales, mediante la revelación de sí mismo y del orden moral, de su nombre Goel: pariente providente, que prepara la revelación del Padre a través de la encarnación del Hijo.

22) Ambos aspectos se reflejan ya en el primer relato de la creación, concebido como la preparación de un gran banquete, que culmina en una comida de comunión, en el que Dios sirve de comer a sus invitados a la existencia (Gn 1,29)

23) Jesús retoma la revelación de la creación como banquete y lo explica como prefiguración del banquete de bodas del Hijo, que revela los desposorios de amor de Dios con la creatura, del trascendente con lo contingente e inmanente. Del Increado con sus creaturas..