SAN LUCAS MÉDICO GRIEGO
Y LOS MILAGROS BIOLÓGICOS

LUCAS
MÉDICO GRIEGO
[1]

El
testimonio marianode un
hombre de ciencia y un sabio
Estimado visitante,
San Lucas es un evangelista
particularmente mariano porque el Espíritu Santo lo eligió para que nos
trasmitiera aquellos misterios de la infancia que involucran de manera especial
a la Santísima Virgen María. 
            Me ha parecido oportuno ofrecerte
una investigación sobre san Lucas. Es el resumen de un largo estudio académico
sobre san Lucas médico griego que emprendí, intrigado por su personalidad y su
espiritualidad, en mis años de estudio y de docencia.
            La investigación me descubrió una
realidad insospechada y que me resultó fascinante, por lo que me ilusiona poder
compartirla contigo. Ahora la he resumido para publicarla en la quinta edición de «La Virgen María según los evangelistas» (Editorial Lumen, Buenos Aires)
INTRODUCCIÓN
1) Lucas ante la concepción
virginal
            La mente moderna se inclina
a pensar que su escándalo ante el hecho de la concepción virginal de Cristo le
viene de su modernidad.  La
realidad es otra.  Por más ignorantes,
retrógradas y supersticiosas que se quiera pintar a las edades pasadas, la
generación humana sin intervención de varón, es tanto más inaceptable cuanto más
primitiva es la mente de un pueblo. La mente moderna no puede creer en la
concepción virginal porque, deslumbrada por lo que llama “ilustración” queda
ciega para las posibilidades del obrar divino. Pero a pesar de toda su soberbia
exaltación sobre los que fueron antes es todavía demasiado carnal, animal y
primitiva, porque aquellos a quienes considera “primitivos” saben doblegar sus
ideas ante los hechos.
         Lucas, que quiere fundar la certeza de
Teófilo sobre una base firme, podría haber imitado a Marcos (a quien por otra
parte sigue escrupulosamente) y callar acerca de la infancia de Jesús.  Pero no temió confrontar al que quería
confortar, con unos hechos en cierto sentido más pasmosos que el de la
Resurrección. 
         La Resurrección de Cristo la
compartirán los que creen en él.  La
concepción virginal es un hecho único e irrepetible y que no comparte ni
compartirá ninguna otra mujer. Es además, y quizás por eso mismo, un hecho a
primera vista prescindible, puesto, que no parece reportar a nadie provecho
sensible alguno.  
         Para el racionalismo carnal, es lo
mismo que Jesús tuviera la nariz roma o aguileña, que haya sido concebido por
obra del Espíritu Santo o por obra de José. 
Las peculiaridades individuales de Jesús le importan poco.  Le interesa más bien su función, su
funcionalidad su utilidad y su aptitud para ser digerido y utilizado como una
idea.  Si hay algún hecho o suceso
individual que contradice sus generalidades históricas o naturales, o sus
pronósticos, o que escapa al alcance de su instrumental verificador, ese hecho
debe ser eliminado en aras de sus prejuicios.
            Lucas no quiso evadir este hecho, a
primera vista más apto para ahuyentar adeptos que para atraerlos. Si alguien
tenía derecho a elevarse contra la fe en la concepción virginal de Jesús, como
contra una extralimitación vejatoria del buen sentido y de la razón, como contra
una contradicción inaceptable de los datos de la ciencia y de la historia, era
Lucas.
         Lucas puesto que era médico griego, fue
una de las figuras más cultas de la primera generación de cristianos venidos de
la gentilidad. Por formación médica, Lucas, estaba al tanto de los conocimientos
acerca de la anatomía y la fisiología de la generación humana y conoció casi
seguramente las observaciones sobre embriología de Aristóteles[2]. Pero sus conocimientos científicos
no fueron obstáculo para que reconociera la veracidad de los testigos que le
relataron hechos asombrosos por lo únicos y
extraordinarios.
            Quiso el Espíritu Santo, que fuera
precisamente Lucas el médico quien quedara ante la posteridad de la
Iglesia y el Mundo, como el más claro y férvido expositor del misterio de la
concepción y el parto virginales.  Supera
de lejos al escueto Mateo.  N os dice lo
que no nos dijeron ni Marcos ni Juan.
            Él es también el evangelista del
Corazón de María, donde ella guardaba los misterios de su Hijo, que meditamos en
el Rosario.
            Lucas pintó un retrato de la Virgen
María. Había pues sobrados motivos para dedicarle este anexo en este librito
dedicado a María según los evangelistas.
2) La credibilidad de hechos
‘increíbles’
            A los hijos de una época como la
nuestra, dominada por los prejuicios antirreligiosos de la Ilustración y el
ateísmo militantes, herederos de siglos de polémica racionalista y positivista
antievangélica, imbuidos de prejuicios histórico-críticos tanto más peligrosos
cuanto inconscientes, les puede resultar difícil entender que Lucas crea en los
misterios de la Infancia. 
         ¿Cómo es posible que este médico
heredero de una formación científica de alto nivel – como se dirá más abajo –, y
que se propone precisamente certificarle a Teófilo de la firmeza de la doctrina
recibida, lo confronte de entrada con el evangelio de la infancia, cuajado de
hechos milagrosos como la concepción milagrosa de la anciana Isabel y la
concepción virginal de María?
            ¿Por qué motivo no calló Lucas estos
hechos tan escandalosos para una razón naturalista y positivista? ¿Por qué,
puesto que sigue tan escrupulosamente a Marcos, no se conformó con silenciar
esos misterios de la infancia, que sólo podían chocar a sus oyentes? El modelo
de Marcos lo hubiera autorizado a ello y habría facilitado la adhesión al
cristianismo de muchos gentiles, sobre todo los más ilustrados, evitándoles un
escollo y un escándalo en su adhesión a la fe.

LO QUE EL CORÁN DICE DE JESUCRISTO

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Fuente: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=31970
Las 8 cosas asombrosas que el Corán dice de Jesús y un cristiano debería conocerhttp://www.religionenlibertad.com/imagenes/boton_letra_%2B.gif http://www.religionenlibertad.com/imagenes/boton_letra_-.gif 
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En su
libro «Encontré a Cristo en el Corán«,
recientemente publicado en español, 
Mario Joseph, que fue imán musulmán en
la India y hoy es católico, explica, 
precisamente, lo que dice el
título: las referencias a Cristo en el Corán le llevaron 
al
cristianismo. 
Eso complicó mucho su vida con persecuciones, incomprensiones y rechazos,
que él 
acepta, dice, porque también Cristo las vivió, previno sobre ellas y
deben verse como 
parte de la vida cristiana.

El 20% de la población mundial
Una de cada cinco personas sobre la tierra,si conoce algo de Jesús, es a
través del 

Islam y del Corán. Los musulmanes, incluso los poco
letrados, creen conocer a Jesús 
bastante, lo tienen integrado en su
cosmovisión, como un profeta más. Que el Corán no 
lleve a más musulmanes al
cristianismo se debe a que muchos musulmanes 
no conocen con detalle el
Corán y no hacen preguntas incómodas sobre él. 
El musulmán de a pie conoce
y profesa que Jesús, según el Corán, fue un gran profeta 
antes que Mahoma,
que Dios lo engendró milagrosamente en María sin concurso de 
varón, que
hizo milagros, etc…

La clave que inquietó a Mario Joseph es hasta qué punto es grande
Jesús
, sobre todo 

cuando se compara con lo que el Corán dice de Mahoma.

Usar el Corán para comprobar las diferencias que da Jesús y a Mahoma es
algo que se 

está empezando a difundir. En el ámbito cristiano protestante,
el teólogo y apologeta 
evangélico Norman L. Geisler suele señalar estos 6
puntos de comparación entre ambos
 «profetas» según el Corán.

1) El Corán reconoce que Jesús nace de una mujer virgen, pero que
Mahoma no 

(la tradición islámica conoce bien a los padres de
Mahoma, Abdulá y Amina).

2) El Corán reconoce que Jesús no pecó, no tenía pecado en él,
mientras que recoge 

que Mahoma sí era pecador

3) En el Corán, Jesús es llamado el «Mesías», es decir,
el Ungido, un título muy 
elevado que Mahoma no recibe.

4) En el Corán Jesús es llamado «la Palabra de Dios», un
título poderoso
 y elevado, 

que Mahoma no recibe

5) En el Corán se declara varias veces que Jesús hacía milagros,
mientras que en 

este libro Mahoma no los hace

6) Jesús en el Corán es ascendido al Cielo con su cuerpo; cosa
que el Corán no recoge 

acerca de Mahoma.

Mario Joseph, cuando aún era imán musulmán y se llamaba Suleimán, sin
conocer nada 

de Geisler y su exposición, ya había notado estos aspectos que
le inquietaban.

Y cuando preguntaba a sus maestros si eso no significaba que Jesús era más
grande que Mahoma, quizá mucho más grande, ellos no sabían responder con
razones. Pero Mario Joseph señala algunos detalles más.

7) El nombre de Mahoma aparece en el Corán sólo 4 veces, bajo dos
denominaciones: 

Ahmed y Mohammed. En cambio, Jesús es mencionado en el
Corán con 4 títulos 
poderosos: Kalimathullahi (Palabra de
Dios), Ruhullahi(Espíritu de Dios), 
Isá al-Masih (Jesús
el Mesías) y, finalmente, Ibnu Mariam(hijo de María, título
poderoso 
porque María es la más excelsa de las mujeres, protegida de Dios,
modelo para todos, 
etc…)

8) El capítulo 19 del Corán, titulado «María», canta excelencias
asombrosas de Jesús
 

que Mario no veía atribuidas en Mahoma, a
saber:

– Jesús es la Palabra de Dios
– Jesús es el Espíritu de Dios
– Habló desde su cuna (el bebé Jesús, casi recién nacido, explica a unos
maledicentes 
que su madre no ha tenido trato con varón)
– Dio vida a pájaros hechos de barro (historia que el Corán toma del
evangelio apócrifo 

de Tomás, o de la Infancia, del siglo II).
– Curó enfermedades incurables
– Dio vida a los muertos
– Es omnisciente
– «Reveló todos los secretos»
– «Ascendió al Cielo»
– «Todavía está vivo»
– «Cristo volverá a venir»

¿Cómo encajar todo esto con la supuesta autoridad de Mahoma?

Y eso se refiere sólo a lo que se encuentra en el Corán: en los hadices y
otras fuentes 
de tradición islámica, se ve claramente, por ejemplo, que los
demonios no se acercaban 

siquiera a Jesús y María, tal era su pureza y
santidad, mientras que sí hostigaban a 
Mahoma. ¿No hace eso de Jesús
alguien muy superior?

UNA MIRADA AL EVANGELIO

El Evangelio 
visto por 
Dimas Antuña Gadea

Carta a Vanda Arismendi [1]
En ocasión de obsequiarle un Nuevo Testamento 

Montevideo 6 de julio 1944
“Este es un libro diferente de todos los libros; aquí la Palabra de Dios habla al silencio de nuestra alma y no puede ser recibida (lo dice el Señor mismo) si no nos hacemos como niños. Mire a su hijita y lea el Evangelio. El Evangelio es paz y gozo en el Espíritu Santo; el Evangelio es un misterio de amor. Por él sabemos que Dios es Padre, es ‘nuestro’ Padre, y esto no por las palabras bonitas o en el aire, sino de hecho y en verdad, pues para hacerlo Padre nuestro mu rió por nosotros en la Cruz su Hijo Cristo.
            Lo que Mirta es para Usted y sólo para Usted que es su madre (una criatura única en el mundo y un pedazo de su alma), eso mismo es Usted para Dios, y esa es la lección viviente y única del Evangelio. Por enseñarla el Verbo se hizo carne y porque pudiéramos participar realmente de ella y tener comunicación con Dios, murió y resucitó por nosotros.
            Le ofrezco pues este libro, en esa victoria de Cristo resucitado que es el fundamento de nuestra fe, pues hirió de muerte a la muerte y destruyó todos nuestros enemigos. Y le ruego que tenga en cuenta el contenido de todo el Evangelio y la inteligencia auténtica (o errada) que nosotros podemos tener de él, se reduce a esta sola pregunta del Señor: ¿Quién soy yo? ¿Quién dicen los hombres que ‘Yo soy’?
            A eso responde Pedro (y con él, con la piedra angular de nuestra fe, con el primer Papa, respondemos todos): – Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo. Si Cristo es el Hijo de Dios y para que creamos esto fueron escritos los cuatro Evangelios, y si Cristo ha resucitado (Él murió para redimirnos y resucitó para santificarnos), Dios es nuestro Padre, por la fe hemos sido trasladados de este mundo y dentro de la economía sacramental de la Iglesia, nosotros, nacidos de Dios por el Bautismo, de Dios vivimos por la oración y de Dios nos alimentamos por la eucaristía.
            Nuestra redención es tan cierta que ya en este mundo participamos de la vida eterna: el cristiano es una nueva criatura, es decir, una criatura para quien ya no valen las mentiras, ni las verdades del mundo. Las mentiras no valen porque ellas dependen del pecado; y las verdades ya no nos atañen, porque la vida sobrenatural las excede.
            La ley de Dios supera todas esas categorías, limitaciones, ideales y demás normas del mundo. Estas verdades son tan altas y esa redención que nos da la sangre de Cristo, y esa libertad que nos trae su Espíritu son tan extraordinarias, que el Evangelio no pudiendo decirlas dentro del lenguaje humano material y circunscripto, las dice en Parábolas.
            Parábolas, como dice Alejandrito[2], “es una cosa que se dice y después hay que adivinar”. Para el hombre de corazón puro la parábola es trasparente, y para el pecador es clara y limpia. El Evangelio es dado para todos, a pobres y ricos, a sabios y a ignorantes, a santos (si hay alguno, pues ahí vemos que sólo Dios es santo) y sobre todo a pecadores. Una sola clase de gente es excluida de esa inmensa luz: ¡los mezquinos, los que calculan y falsean todo, los hipócritas, los que no tienen alma!
            Usted es un alma generosa Vanda, y por eso soy feliz de enviarle este libro. Pero, por favor, a pesar de estar escrito y de su letra (que mata o puede matar), no lo reciba como libro, sino como lo que es: una palabra de vida, una palabra viva, el Verbo de Dios hecho carne, revestido de naturaleza humana, que llama a su corazón. Póngalo en su corazón junto con su hija. Lo demás (su felicidad, su vida espiritual, la fe, la esperanza, la caridad, la victoria de Cristo en nuestras almas) será obra de Dios.
            Con todo cariño y avergonzado de decirle todas estas cosas (pero la culpa la tiene María del Carmen que me pidió le dijera algo) yo que tan mal he vivido el Evangelio que todavía no sé lo que dice, le envío un afectuoso saludo. En Xto. N.S.
Montevideo, 6 de julio de 1944. En la octava de la fiesta de S. Pedro y S. Pablo.


[1] La Sra. Mariel Alayón de Antuña facilitó vista de esta carta. Fue escrita por Dimas Antuña en ocasión de obsequiar un ejemplar del Evangelio a Vanda Arismendi, hermana del político uruguayo Rodney Arismendi, dirigente de la cúpula del Partido comunista en Uruguay. 
La carta está escrita en dos hojas tipo carta, a máquina, sin firma y comienza abruptamente, si encabezamiento, quizás puede faltar una primera hoja, pero la fecha está al final, sin nombre de Dimas. Puede tratarse de una copia a máquina de una carta original manuscrita.
[2] Alejandro Antuña Urruela

NO TOMARÁS SU SANTO NOMBRE EN VANO
Carta a un obispo

¿CON QUE UNA INJUSTICIA GRANDE ASÍ?
POR FAVOR, NO TOMAR EL SANTO NOMBRE EN VANO
¡STOP!

«La santidad del Nombre divino
exige no recurrir a él por motivos fútiles» 
(Catecismo de la Iglesia Católica Nº 2155)

Carta a un obispo
Sobre el manoseo del Nombre divino en los diarios
Y sobre la insensibilidad de los periodistas y lectores bautizados 
ante el manoseo del Santo Nombre su Imagen también
Estimado Monseñor:
Acudo a Usted para que vea si, amistosamente, puede llamarle la atención al director responsable sobre las menciones innecesarias, por motivos fútiles, del Nombre divino o de las imágenes sagradas, en el diario que dirige. Pero también a los fieles bautizados en general acerca del olvido del segundo mandamiento.
Con motivo del reciente campeonato mundial de fútbol, se han publicado en ese diario grandes titulares como éstos: «Dios es alemán»«Una injusticia grande así» junto a la foto del Cristo del Corcovado con los brazos abiertos (¡Abrazando el mundo!) 
¡»No tomar su santo Nombre en vano» es el segundo mandamiento de la Ley! ¡Es válido para judíos y cristianos, porque ella prescribe el respeto que debe acompañar al amor a Dios sobre todas las cosas prescrito en el primer mandamiento! ¡Ambos mandamientos son, pues, inseparables y se sostienen o caen juntos! Desconsiderar el Nombre del Amor, es no considerar el Amor. 
A los católicos nos lo explica el catecismo así: «la santidad del nombre divino exige no recurrir a él por motivos fútiles» (Catecismo de la Iglesia Católica Nº 2155).
Tras haberle escrito al Señor director sobre este asunto, casi como una réplica, otro titular siguió abusando: «Un barrio abandonado de la mano de Dios». ¿Es que nadie saldrá a reclamar que se respete el santo Nombre? Donde no hay respeto no hay amor. Y la insensibilidad de los católicos en este asunto es un termómetro que mide su tibieza.

Lo que no está protegido por ningún copy right ni por el registro de marcas comerciales, debería protegerlo el buen sentido, la consideración, el respeto a la fe de los demás. Y si ya no alcanza a protegerlo el segundo mandamiento de la ley de Dios, debería protegerlo, a lo menos, una elemental ética periodística: el respeto al lector. Pero también — y sobe todo — debería protegerlo el celo de los creyentes, que por lo visto y por desgracia está extinguido.

El abuso, por supuesto, no es exclusivo de ese medio de prensa en particular. Es tan, lamentablemente, tan corriente que ya nadie parece advertir la gravedad que reviste. Y eso, lejos de disuadirnos de señalarlo, debería urgirnos a enmendar nuestra omisión.
La inclinación de los cronistas deportivos (y otros) a echar mano del nombre de Dios o de imágenes y personas sagradas sin necesidad y con fines profanos es cosa añeja y difundida. ¡Más! es inveterada y universal en nuestros medios de prensa. Como botón de muestra recuerdo el titular de hace años «Nacional bajo palio» y hasta el manoseo de alguna jaculatoria. Y si este abuso se ha ido extendiendo y creciendo con los años, ello se debe al debilitamiento progresivo de la caridad y de celo por la santidad del Nombre.
Monseñor: ¿Cómo vamos enseñar a la gente a amar a Dios si no se comienza por respetarlo? ¿Y cómo inculcar el respeto si no se respeta su santo Nombre ni sus imágenes? ¿No deberíamos llamar la atención a los fieles sobre esta gravísima omisión de reclamar el respeto por el nombre? ¿Dónde están los creyentes? ¿Qué ha pasado con el pueblo católico?
Sabemos
qué ofensivo resulta, justificadamente, para judíos y musulmanes piadosos, el abuso de
nombres y personas sagradas, pronunciados aunque sea sin intención ofensiva (¡cuánto
más si es en broma o en son de burla o sea sin el debido respeto!). Pero ¿y los católicos? ¿dónde están? ¿no les duelen las faltas de respeto al santo Nombre? ¿No habría que darle un lugar a este asunto en las prioridades pastorales?
Agradezco su atención en la convicción de que lo que le planteo no es ajeno a su sensibilidad y sus criterios. 
P. Horacio Bojorge