NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 6º día
Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS

6.- JESÚS: 
DIOS HECHO HOMBRE,  
VINO Y ESTÁ
SE QUEDÓ ENTRE NOSOTROS 
PARA SIEMPRE DIOS PRESENTE


20) Los antecedentes del Antiguo Testamento, que se han presentado en las entradas anteriores de esta novena de Navidad, son referencias indispensables para comprender el contenido de la predicación de Jesús. 
21) Tal como se nos narra en los evangelios, la predicación de Jesús es de una laconicidad impresionante, a la vez que intrigantemente escueta.          San Marcos la resume en su evangelio en dos versículos: 
“Marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se aproximó, convertíos y creed en el evangelio” (Marcos 1,14-15). 


22) Jesús puede permitirse ser tan breve porque lo que quiere no es tanto comunicar una doctrina, cuanto señalar una presencia: su presencia y con ella la de su Padre y la del Espíritu de ambos.
Dios está presente. Dios, en persona, está aquí. Dios uno y Trino nos creó a su semejanza y vino a restaurarla en los que creen.
       La proclamación de este acontecimiento es el evangelio: buena noticia, buena nueva. 


23) “El tiempo se ha cumplido”: es decir, ha llegado la hora que anunciaban los profetas, el día que ellos llamaron “Día de Yavé”. 
Dios mismo ha venido. Se ha hecho próximo: prójimo. Dios se aprojimó. 


24) “El Reino de Dios”, es una circunlocución por “Dios Rey”, pero a la vez del ser del Hijo que viene a instaurarlo, engendrando Hijos de Dios.
Es vida filial misma es El Reino.
         Esto puede comprenderse a la luz de lo que gritan quienes reciben a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Recibiendo al Rey que viene le gritan: “Bendito el Reino que viene…” (Marcos 11,9). 
         Cuando viene el Rey, es su reinado el que llega junto con él.  


25) Por lo tanto, Rey y Reino son nombres intercambiables. Y en este caso son nombres de Dios, Quien, como es sabido, es llamado Rey (Cfr. Isaías 6,4: “Al Rey Yavé Sebaot han visto mis ojos”). Cuando Jesús anuncia que se ha aproximado el reino de Dios, está diciendo que Dios-Rey se ha aproximado.  


26) Por eso, la presencia de Dios, su Reino, podemos entenderla en el sentido de Realidad de Dios. “Reino de Dios”, indica, como dicen los exegetas: 
1º) la realeza o dignidad regia de Dios; 
2º) el reinado o espacio de tiempo que abarca el gobierno de un rey; 
3º) el reino o estado, nación, territorio sobre el cual reina. 
      Pero además de reino, reinado, realeza, la expresión Reino de Dios, designa a Dios-Rey mismo; a Dios en persona. Podríamos decir: la realidad de Dios, Dios mismo. 
      Y ese Reino somos los que vivimos como el Hijo, como Hijos. Somos el Reino de Dios y «El Reino está en vosotros» (Lucas 17,21)


27) Pero no basta que Dios se haga presente. Su presencia debe ser advertida y reconocida por los hombres. 
Y para esto son necesarias dos cosas que Jesús pasa a imperar a continuación: “convertíos y creed”. 
Jesús las exige porque son necesarias para reconocer la presencia de Dios. Dios está presente. ¿Quieres verlo? ¿Quieres reconocerlo? conviértete y cree.


28) Porque el Reino de Dios es una persona, es Cristo y es por lo tanto
el Hijo, hecho hombre. De ahí que el misterio expresado como Reino de Dios, Reino de los cielos, debe entenderse como la “condición filial” de Cristo y de aquellos con quienes ha venido a compartirla.


Véase sobre este misterio, mi libro:
Horacio Bojorge:
 «Salió el Sembrador a sembrar-se. La divina Re-generación y la Vida Filial. El secreto escondido en parábolas y revelado a los Hijos»
Editorial Lumen, Buenos Aires 2015

NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 5º día
UN DIOS QUE BESA Y ABRAZA

5.- VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA:
Los atributos divinos “son encontrados y besan” como personas


12) Un ejemplo:  
Me refiero al Salmo 84 (85 del hebreo) 

Comienza con las palabras “Señor has sido bueno con su tu tierra…”
Todo este salmo es una petición de esa Presencia física benéfica, por la cual el salmista clama y suspira:

 “Muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación” (v.8)
 “quiero escuchar lo que dice Dios” (v.9).


13) La oración de deseo de presencia y encuentro, se transforma de pronto en una profecía de la venida de Dios en persona, a partir del versículo décimo:
“Sólo se acerca su salvación a los que lo respetan”
[ak qarov lire’áo yish’ó]
“Para morar Gloria en nuestra tierra” [Gloria nombre propio]
[lishkón kavód b’artsénu]
Y continúa:
“Misericordia y Fidelidad son encontrados»
[jésed we’emét nifgashú] Voz pasiva del verbo pagash.
“Justicia y Paz besan» [tsédek weshalóm nasháqu] 
«Fidelidad brota de la tierra» [‘émet me’érets titsmàh]
«Justicia se asoma desde el cielo” [wetsédeq mishamáyim nishqáf]


14) Estos dos versículos (11-12) contienen una serie de nombres de atributos divinos personificados y convertidos en nombres de Dios.


 15) Las acciones que se atribuyen a estas personificaciones son elocuentes en el original hebreo.
Los verbos en hebreo están en activa y pasiva y no tienen el sentido recíproco o reflexivo que sugieren algunas ambiguas versiones castellanas: “amor y lealtad encuentran son encontrados, justicia y paz se besan”. [Si los atributos se saludaran entre sí, o se conciliaran ideas opuestas o mal avenidas los verbos deberían haber estado estar en voz hitpa’él y no como están en voz activa y pasiva].



16) Primeramente Amor y Lealtad se encuentran, ha de entenderse en el sentido, de: son encontrados, en voz pasiva, te los puedes encontrar.
En segundo lugar, este encuentro se expresa, en hebreo, con un verbo (pagash) que sólo se usa para el encuentro entre personas.



 17) Justicia y paz, malamente traducido, no: se besan (una a la otra recíprocamente) sino: besan, en voz activa: te pueden besar.


 18) Esta traducción literal y fiel del hebreo (que proponemos siguiendo la interpretación de la antigua versión siriaca Peshitta y a los comentaristas antiguos y modernos) muestra al salmista describiendo proféticamente la Encarnación: el encuentro de Dios en persona con los hombres.


 19) Misericordia y Fidelidad, Justicia y Paz, no son ideas, como tampoco Dios lo es. Son, Es Alguien. Alguien que uno se encuentra, que se toca, que te besa y te abraza: Presencia de Dios real y física, en persona: encarnada.

NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 4º día

4.- PERSONALIZACIÓN DE LOS ATRIBUTOS DIVINOS
EN LOS SALMOS 

8) Los salmos claman por esa manifestación de presencia y cercanía pesonal de Dios
Por ejemplo: 
“Haga brillar su rostro sobre nosotros!” (Salmo 67,2); 
“Dios en persona va a juzgar” (Salmo 49,6); 
“los rectos morarán en tu presencia” (Salmo 140,14). 


9) O celebran su venida y su presencia activa en la historia. 
El Salmo 67, 2-7 (68 del hebreo) celebra – con reminiscencias de Isaías – la venida de Dios que se ha hecho presente: 
       “2 Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian. 3 Como el humo se disipa, se disipan ellos; como se derrite la cera ante el fuego, así perecen los impíos ante Dios. 4 En cambio los justos se alegran, Gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría. 5 Cantad a Dios, tocad en su honor, Alfombrad el camino del que avanza por el desierto, su nombre es el Señor, gozad en su presencia. 6 Padre de huérfanos, tutor de viudas es Dios en su santa morada; 7 Dios da un hogar a los desvalidos, abre a los cautivos la puerta de la dicha, mas los rebeldes moran en suelo estéril». 


10) En los Salmos se preanuncia la presencia personal física de Dios que se consumará con la Encarnación en otros numerosos textos. Todo el Antiguo Testamento, en su conjunto ofrece no solamente el uso universal de los antropomorfismos, sino una personalización gradual y creciente de los atributos divinos, como son su Palabra, Sabiduría, Justicia, Fidelidad, Amor, Nombre, su gloria, su rostro. 


 11) En esos usos del Antiguo Testamento, han visto los hagiógrafos del Nuevo y ha visto la Iglesia, preanuncios de la Encarnación. Ya no son expresiones meramente simbólicas de una presencia puramente espiritual, sino que se preanuncia una venida en forma física y tangible.


Lo ejemplificaremos mañana con el salmo 85: «Señor, has sido propicio con tu tierra» en el que los atributos divinos Amor, Lealtad, Justicia y Paz, aparecen besándose y abrazándose y se expresan estas acciones mutuas con verbos que sólo se usan para acciones de besos y abrazos interpresonales, 

NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 3er. día

3.- LA VENIDA FÍSICA DE DIOS, 
ARDIENTEMENTE DESEADA 
POR MOISÉS 
Y ANUNCIADA POR DIOS.


ÍCONO DE LA TRANSFIGURACIÓN –> 


7) Esta venida de Dios en persona física de la que habla Isaías es la misma que le había sido anunciada a Moisés en respuesta a su oración insistente: “habitaré en medio de vosotros… me pasearé en medio de vosotros” (Levítico 26,11-12). 


“Yo mismo iré contigo y te daré tranquilidad” -respondió Dios a la súplica de Moisés. Y Moisés le repitió: “Si no vienes Tú mismo, no nos hagas partir” (Éxodo 33,14-15). 


Moisés y Elías desearon ver el rostro de Dios: 
«Entonces dijo Moisés: — «Déjame por favor ver tu gloria. 
Él le respondió: ‘Yo hará pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el Nombre del Señor, pues hago gracia con quien hago gracia y tengo misericordia de quien tengo misericordia’. Y añadió: ‘Pero mi rostro no podrás verlo, porque no puede el hombre verme y seguir viviendo’ (en la tierra). Luego dijo el Señor: ‘Mira, hay un lugar junto a mí (en la montaña). Tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar (por allí) mi gloria, te colocaré en una cueva de la roca y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Luego apartaré mi mano para que veas mis espaldas, pero mi rostro no se puede ver» (Éxodo 33, 18-23) 


Por eso, ambos pudieron verlo cuando vieron a Jesucristo sobre el monte de la Transfiguración (Mateo 17, 1-8; Marcos 9, 2-8).


En el Hijo encarnado se hizo visible el Padre: 
«- Le dice (a Jesús) Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta», 
– Le dice Jesús; ¿Tanto tiempo estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?» (Juan 14, 8-10)

NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 2º día

2.- EL PROFETA ISAÍAS
ANUNCIA 

LA VENIDA FÍSICA Y TANGIBLE
DE DIOS EN PERSONA

4) Si tomamos como ejemplo el libro del profeta Isaías, encontramos en él numerosas frases que aluden a la venida fisica, visible y tangible, de Dios en persona directa, inmediata y sin intermediarios. 


Citemos algunos textos: 
– “Fue Él su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel, Él mismo en persona los liberó” (63,9) 


– “¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses” (63,19) 
– “Su presencia es pavorosa para los malos” (2,10.19.21) 
– “Vendrá el Señor” (4,3); 
– “El Señor mismo” (7,14) 


– “Al Rey Señor de los Ejércitos han visto mis ojos” (6,4) 
– “Aguardaré al que esconde su rostro” (8,17); 


 – “La tierra se llenará de su conocimiento”(11,9); 
 – “El Señor volverá a mostrar su mano” (11,11) 
– “He aquí a Dios mi salvador” (12,1); 
Job dice: “al cual yo mismo contemplaré, y a quien mis ojos verán” (19,27) 


– “Ahí tenéis a vuestro Dios” (25,9); 
– “Ahí está vuestro Dios, ahí viene el Señor con poder” (40,9-10); 


– “No he dicho que me busquen en el vacío” (45,19) 
– “Con sus propios ojos ven el retorno del Señor” (52,8) 
 – “Me he dejado encontrar y hallar por quienes no me buscaban” (65,1) 
– “Tú te haces el encontradizo” (64,4)
5) 



5) Ante esta insistencia en el tema de la venida de Dios en persona, se explica que el libro de Isaías se abra con la famosa profecía:
– “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce… me ha dado la espalda” (Isaías 1,3-4). 


6) Al mismo los tiempos establecen una relación entre el deseo de los justos y la venida de Dios a los que lo buscan. Y a la vez terrible para los que no lo buscan. 

NAVIDAD: LA VENIDA FÍSICA DE DIOS EN PERSONA
Octava de Navidad 1er. día

¡AH SI RASGASES LOS CIELOS 
Y DESCENDIESES! 
(Isaías 64, 1)

1.- ANUNCIO 
DE LA VENIDA DE DIOS MISMO 
EN PERSONA Y FÍSICAMENTE
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO 

1) El Evangelio se llama así porque en el idioma griego en que fue escrito, la palabra eu-angelion quiere decir buen Buen Anuncio, Buena Noticia.
Lo que anuncia el Evangelio como buena noticia es la presencia de Dios. 
La venida de Dios en persona había sido anunciada por los profetas en el Antiguo Testamento.


2) En el Nuevo Testamento, Jesucristo se presenta a sí mismo como la realización de esa venida preanunciada. Desde Jesucristo Dios se hace presente “en persona pero en una naturaleza física”, inaugurando así la nueva era de la historia humana: el Nuevo Testamento. Eso es lo que anunció Juan el Bautista y eso es lo que anunciamos en la Iglesia.


3) San Marcos comienza su evangelio citando dos pasajes del Antiguo Testamento que anunciaban su venida y que se cumplen con la venida del Bautista y de Jesús: Isaías 40, 3 y Malaquías 3, 1


«Abrid en el desierto un camino para el Señor […] ahí viene el Señor con poder» (Isa 40,3.10)
«Enseguida vendrá a vosotros el Señor a quien buscáis» (Mal 3,1)

LA ESTRELLA DE BELÉN – Estaba escrito en las Estrellas

Sobre la estrella de Belén
que vieron los magos venidos de Babilonia, investigada a la luz de la ciencia astronómica

visitar este sitios
http://www.bethlehemstar.com/es/

El Verbo creador de todas las cosas

inscribió en el curso de los astros
las conjunciones más significativas
de su entrada en el mundo
por la Encarnación y su nacimiento
en Belén, el 25 de diciembre del año 2 antes de Cristo.
El resultado de la investigación astronómica mediante el programa
científico Starry-night

HOMILÍA PARA NAVIDAD
MARÍA OFRECIÓ A SU HIJO:
«Lo envolvió en pañales
y lo recostó en un pesebre

QUERIDO VISITANTE, TE DESEO 
UNA SANTA NAVIDAD
ILUMINADO POR LA GRACIA DIVINA
ACERCA DEL MISTERIO 
QUE CELEBRAMOS
P. HORACIO BOJORGE


En el pesebre se pone el forraje para los animales. 
¿Qué hace Jesús allí?
Nos dice: Esta es mi carne para alimento del mundo. Tomad y comed, porque mi carne es verdadera comida.

María lo pone en el pesebre como quien da a su hijo en ofrenda para la vida del mundo
Con un gesto sacerdotal y nutricio, lo pone entre el heno, como quien nos lo da para alimento


Isaías había hablado del pasto y de la carne: «Toda carne es como el heno, y todo su esplendor como flor del campo. La flor se marchita, se seca la hierba en cuanto le da el soplo de Dios» (Isaías 40,6-7). La imagen es proverbial en la Escritura: «No te exasperes por causa de los malvados, no envidies a los que hacen injusticias. Porque se marchitan pronto como el pasto, como la hierba tierna se secan» (Salmo 36(37),1-2). «Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: `¡Volved hijos de Adán!’. Porque mil años son a tus ojos como un día, un ayer que pasó, una vigilia de la noche. Tú los arrebatas, no son más que un sueño, como la hierba que a la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca» (Salmo 89(90),3-6).
«Dime lo que comes y te diré quién eres». El hombre y los animales, «toda carne» como dice la Escritura, se alimentan de hierba y son transitorios como ella. Y aunque la hierba sea fugaz, la carne, los vivientes, no pueden subsistir sin ese alimento perecedero. De lo que es más perecedero que nosotros, recibimos permanencia los que somos fugaces.



Por eso, la profecía de Isaías introduce una promesa y una esperanza inauditas, cuando – anunciando la Encarnación de la Palabra eterna de Dios – injerta sobre el pie de aquél melancólico proverbio bíblico, el alegre anuncio del Evangelio: «La hierba se seca, la flor se marchita (¡es verdad!), pero la Palabra de Dios permanece para siempre» (Isaías 40,8).


¿Qué pasa cuando, por el misterio de la Encarnación, la Palabra eterna, permanente y duradera de Dios, toma carne humana y entra en esta carne transitoria? Pasa – para decirlo con palabras de Pablo – que «esto mortal, se reviste de inmortalidad» (1 Corintios 15,54). ¿Cómo podrían, si no, heredar el Reino de los Cielos la carne y la sangre mortales, ni heredar la incorrupción lo corruptible?



Esta carne del hijo de María, será pues alimento de inmortalidad, bajo las especies del alimento perecedero de la fugacidad: bajo las especies eucarísticas, preparadas desde el tercer día de la Creación, cuando dijo Dios: «brote la tierra verdor: hierbas de semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto con su semilla dentro» (Génesis 1,11).



Esto debía suceder como sucedió, al tercer día de la Creación. En ese día y «al comienzo», la Palabra de Dios, por la que todo es creado y viene a la existencia, se reveló como la Semilla de todas las semillas, semilla primordial de la que proviene toda hierba verde y todo árbol de fruto, entre ellos el trigo y la vid eucarísticos. Pan y vino para el sacrificio según el orden de Jesús.



El Verbo, la Palabra de Dios, Semilla primordial, es el origen de todo alimento, y propiamente lo que vivifica: «No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios» (Deuteronomio 8,3; Mateo 4,4). Todo escriba instruido en el Reino de los Cielos puede saber que la semilla de donde vino el Pan cotidiano y el Pan de Vida, fue un «Dijo Dios», es decir, una Palabra suya. Y que es sin duda por esto que Jesús tuvo predilección por compararse con la Semilla en sus parábolas.



María, en cuya carne la Palabra se hizo carne, donde lo corruptible comenzó a revestirse de incorrupción, es la que, en el pesebre: «da esta carne para vida del mundo» (Ver Juan 6,51). Por eso, dicen los Santos Padres, al reclinar al Niño en un pesebre, ella ofrecía a su hijo como sobre un altar, como alimento, como pan del camino, puesto que tampoco nació en su hogar, sino en un albergue precario durante un viaje.



El pesebre: altar y púlpito

(Ilustración: un pesebre encontrado en las excavaciones de Meggiddo)


San Beda el Venerable, comentando el pasaje «lo recostó en un pesebre», dice: «Aquél que es el Pan de los ángeles, está recostado en un pesebre, para poder fortificarnos como `animales’ santos, con el trigo de su carne». Y San Cirilo explica: «Encontró al hombre embrutecido en su alma, y por esto fue colocado en un pesebre como alimento, para que mudando la vida bestial, podamos ser llevados a una vida conforme con la dignidad humana, tomando, no el heno, sino el pan celestial, que es el cuerpo de vida».



El mismo San Cirilo interpreta simbólicamente el pesebre como: «el altar, en el que durante la Misa, Cristo, por la consagración es como si naciese y se inmolase».



San Gregorio, comentando el significado de la palabra Belén, que en hebreo se dice Beit- léjem, dice: «Nace convenientemente en Belén, que se interpreta Casa del Pan. Ya que él mismo dice de sí mismo: Yo soy el Pan Vivo que bajó del Cielo. El lugar donde nace el Señor, se había llamado antes `de pan’, en previsión de que iba a aparecer allí en materia de carne, el que restauraría las mentes de los elegidos con una saciedad interior».



El sabio intérprete Cornelio a Lápide, ve el pesebre como un púlpito desde donde nos predica y enseña el Verbo de Dios, no con palabras sino con hechos: «¿Qué hace un Dios tan grande metido en este poquito de carne yacente en el pesebre? Oigámoslo predicar a él mismo en la cátedra del pesebre, no con palabras sino con hechos, enseñando y predicando:`…me hice pequeño, hombre de carne y hueso como tú, para hacerte Dios. Yazgo en el pesebre entre el asno y el buey, porque tú vivías como un jumento y un animal, complaciéndote en la carne y la sangre. Eras como `el hombre rico e inconsciente, que es como el animal que perece’ (Salmo 48(49),21) de quien dice también la Escritura: `no seáis como caballos y mulos cuyo brío hay que domar con freno y brida’ (Salmo 31(32),9).



Asumí pues – prosigue Jesús – esta carne, para que comas mi carne, y la mía no es carne de jumento sino de Dios, para que uniendo mi carne a la tuya, boca con boca, mano con mano, pie con pie y cuerpo con cuerpo, como lo hizo el profeta Eliseo para resucitar a aquél niño muerto (2 Reyes 4,34), inspire en tí un hálito de vida celestial y divina



Porque no había lugar para ellos en el albergueEl pesebre es pues altar y púlpito, con lo que apunta a la Palabra hecha carne.



Pero es también argumento que convence de pecado al pueblo que no le hizo lugar. María: «lo reclinó en el pesebre porque no había sitio para ellos en la posada» (Lucas 2,7). «Vino a su casa pero los suyos no lo recibieron» (Juan 1,11).



María recuesta a su hijo en el pesebre donde pastan los animales, porque no ha habido lugar para él bajo los techos de los habitantes de Belén, ciudad de David. El Pan vino a la Casa del Pan, pero no fue recibido.



Ya antes, en el desierto, el pueblo de dura cerviz – como Dios le llama – murmuraba, incrédula y sacrílegamente, contra el maná: «estamos hartos de este pan miserable» (Números 21,5). Nada extraño pues, que ahora el Pan de vida vaya a dar entre el forraje. También se leía esto entre líneas en los profetas: «Crié hijos hasta hacerlos hombres, pero ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño y el burro conoce el pesebre de su amo, pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne» (Isaías 1,2-3).



Por fin: lo sucedido es irreversible

Por fin, lo sucedido aquella noche es algo que está en el tiempo para siempre y en forma irreversible: «El niño Dios ha nacido». Dios niño ha nacido y está para siempre, como hombre y Dios, en el tiempo y en la eternidad, a la derecha del Padre. Por eso el que vino, viene, está viniendo siempre, está ahí, fiel a sí mismo, fiel a nosotros, fiel al Padre. Está siempre, viene siempre, está como el que viene siempre y viene como el que siempre está.


Por eso su nombre es Emmanuel = Immanu-El = Dios está con nosotros, de nuestra parte, a favor nuestro. Dios de nuestra parte.



Y es ella, la Madre, la que nos lo entrega siempre. Tanto cuando lo recuesta en el pesebre, como cuando le está al lado a los pies de la Cruz, recibiendo a Juan como hijo, es decir a nosotros. La que nos entregó a su Hijo, es la que nos recibe de su Hijo como hijos.



Y Jesús, El Hijo que salió del Padre para volver al Padre, salió del Padre a través del seno lleno de gracia de María. Y habiendo salido del Padre y del seno de María, que es sacramento del seno del Padre, no vuelve al Padre solo. Vuelve con Juan, el primogénito de todos nosotros.



Al ponerlo en el pesebre, María lo muestra y lo expone, lo expone y lo arriesga, y arriesgándolo, lo ofrece y lo entrega, a la vez que lo contempla y lo adora. Ella que es el testigo único y privilegiado del misterio de la concepción virginal, guarda estas cosas en su corazón.



Madre, danos la gracia de tener parte en esa mirada tuya sobre este niño nacido de tus entrañas. De conocerlo como tú lo conoces y de participarnos algo de ese tesoro que guarda tu corazón. Reclina tu misterio en el pesebre de nuestros corazones llenos de pasto seco, de forraje, de cosas transitorias destinadas a ser devoradas por las bestias útiles y de la utilidad. Que nuestras comuniones eucarísticas pongan ante ti el pesebre de nuestros corazones, para que tú los consagres con la carne de tu Hijo.



Ahora te contemplamos mientras tú lo contemplas y queremos tomarte como Madre y Maestra de contemplación. En el silencio de la noche, en el silencio del Padre, también tu corazón contempla en silencio y en paz a ese hijo del prodigio y del milagro: Mira a tu hijo. Ahora él recibe tu mirada y la busca.



Un día, desde la Cruz, hecho Señor y Maestro de tu Corazón y de tu mirada, te invitará a mirarlo a Él en sus discípulos y te enseñará a vernos en él.


«NAVIDAD NI LAICA NI TRISTE»
Juan Manuel de Prada ABC

«Nuestra época ha expulsado a Dios de su seno. 
Extirpados de Dios, los seres humanos no podemos hacer las cosas propias de nuestra naturaleza, como recibir festivamente un don espiritual; solo nos resta hacer cosas antinaturales: revolcarnos en el cieno de la desesperación, aunque sea disfrutando de un atracón de langostinos o de mazapanes»


EL gran Leonardo Castellani lo explicó maravillosamente:
 «A medida que se va perdiendo el sentimiento de lo sacro, se han ido multiplicando las fiestas seudosacras sin contenido sacro; a causa de la ley biológica que dice: A medida que disminuye lo vivo, aumenta lo automático. (…) No se puede hacer reír a la gente por decreto; tampoco se la puede hacer sentir. Un hombre puede llevar al río un caballo; pero ni diez hombres pueden hacerlo beber si no quiere. Crear una verdadera fiesta es más difícil que eso.
         La más antigua fiesta cristiana es la Cena del Señor. Se reunía la comunidad cristiana a comer, a recibir el Sacramento y a comulgar entre sí, es decir, a poner en común sus ideas, sentimientos e intereses bajo el fundente de una misma fe. Se encontraban entre ellos para encontrarse a sí mismos a la luz de una creencia común y trascendente. Ese es el tipo de toda fiesta verdadera, que se basa en una necesidad y se cumple en la recepción de un don espiritual, el cual por el hecho de recibirse aúna y unifica todas las voluntades».

         Nuestra época pretende convertir la Navidad en una fiesta laica, con comilonas, merengue sentimentaloide y consumismo desaforado, vaciándola de su significado auténtico. Pero una fiesta que no sea comunión entre los celebrantes y recepción de un don espiritual solo puede ser una falsificación festiva que deja a los hombres vacíos, tras el atracón bulímico de viandas y baratijas.   
          «Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural», afirmaba Chesterton. Y nuestra época, en su pretensión demente de expulsar lo sobrenatural de nuestra naturaleza, ha creado una Navidad monstruosa que solo logra derramar depresión y angustia entre sus víctimas.
         Se dice con frecuencia que la Navidad es una fiesta triste porque nos recuerda la infancia perdida, o porque resalta la ausencia de las personas que amamos y ya no están entre nosotros. Todos, ciertamente, añoramos aquellas Navidades en que aún éramos ingenuos, cuando las decepciones y desengaños propios de la edad adulta no nos habían todavía arañado; todos tenemos que lamentar alguna pérdida que nos ha dejado amputados.
          Pero no creo que la tristeza que invade a tantas personas en estos días, esa tristeza que multiplica el consumo de fármacos antidepresivos casi en la misma proporción que el gasto, tenga su causa más profunda en estas razones, sino en la expulsión de lo sobrenatural de nuestras vidas. La rememoración de la inocencia perdida puede ser, antes que un motivo de angustia, un poderoso motor de cambio vital que nos aproxima a los misterios de Belén. Y el dolor que nos lastima cuando evocamos a quienes nos dejaron puede ser un dolor fecundo, cuando pensamos que nos preceden en el disfrute de una vida mejor.
          Los consultorios de los psiquiatras y los hangares comerciales se abarrotan en estos días de personas que han sido exiliadas de su auténtica naturaleza. Pero el dolor de una amputación no lo sustituyen las pastillas antidepresivas ni los anaqueles atestados de regalos; o solo lo sustituyen a modo de imitación paródica, como la luz de un foco imita la luz del sol. Todavía no se ha inventado la terapia que repare los desarreglos que provoca la extirpación de Dios de nuestra naturaleza; y los remedios químicos y jolgorios que hemos ideado para maquillar esa extirpación no hacen a la postre sino amustiarnos más.
          Nuestra época ha expulsado a Dios de su seno; y nada más natural que el alma se nos haga añicos, en estos días en los que vuelve a nacer Dios. Extirpados de Dios, los seres humanos no podemos hacer las cosas propias de nuestra naturaleza, como recibir festivamente un don espiritual; solo nos resta hacer cosas antinaturales: revolcarnos en el cieno de la desesperación, aunque sea disfrutando de un atracón de langostinos o de mazapanes.
Feliz y sacra Navidad para todos los lectores
Juan Manuel de Prada





DIOS NOS SALVA EN LA NOCHE [2]
Las Noches de Jesús el Mesías

Quiero comentar el texto sobre las cuatro noches de que nos hablan las tradiciones judías precristianas, pero ahora en relación con nuestras fiestas de Navidad , Pasión y Resurrección.
Sumando las tres noches de la tradición judía con  las tres noches del Mesías en el Evangelio, tenemos el número de seis noches.
Pero hay una séptima noche, que abarca hasta el regreso del Señor para las bodas con la Iglesia.
Así se completa el número nupcial de siete noches y se consuma el paralelismo de los siete días del Génesis que es el de las bodas de los primeros padres de la humanidad.
Y la boda del Verbo  hecho
hombre con la humanidad divinizada.
Esta noche tiene siete momentos que son los de las siete Iglesias del apocalipsis, el candelabro de siete brazos, árbol de luz y de  la vida que se consuma en la historia del amor de Dios con la Humanidad redimida.
El retablo de nuestros altares repite el tema simbólico del árbol de siete brazos, con los seis candeleros y el Cristo crucificado como luminaria central.

Van ahora comentarios míos y de otros autores y padres de la Iglesia
sobre los misterios de las noches del Mesías Jesucristo

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       1) El antiguo texto judío que he citado en extenso, es la glosa o comentario del Éxodo 12, 42, que sigue a continuación de su traducción al arameo palestinense.
       2) Este texto targúmico llama nuestra atención sobre cuatro noches:
a) La noche de la creación (Génesis 1)
b) La noche de la promesa y de la Alianza con Abraham: Génesis 15; 17; 22.
c) La noche de la liberación de Egipto o noche de Pascua: Éxodo 12
d) La «noche del Mesías» o de la redención definitiva.


Los intérpretes deducían que si Dios había hecho de noche sus grandes gestas pasadas, también realizaría de noche esa gesta futura.
       3) Con esta noche se conectan también textos como Números 22, 20; 24, 7-8; 24, 17ss; Isaías 60, 1-3ss; Sabiduría 18, 14-16
       4) Dios ama actuar en la noche, hablar y comunicarse en la noche, cuando los hombres duermen y los fieles velan [véase el dicho de Jesús en Juan 11,8). Así se muestra en sueños a Jacob (Génesis 28, 10-22); se manifiesta en sueños a José (Génesis 37, 5-11); habla por la noche al niño Samuel (1 Samuel 3, 1-21); instruye en sueños a Daniel (Daniel 7, 1-28). Las noches del Mesías
        5) Esta traducción y comentario targúmico de Éxodo 12, – repito – data de los tiempos de Cristo y proviene del medio palestino. Jesús lo escuchó en la Sinagoga, como traducción y explicación del texto hebreo; lengua que el pueblo no entendía ya. Y comprendió sus propias noches a la luz de las noches del Padre.
       6) Es en la línea de estas noches del Señor en las que el Señor obró que Jesús pudo interpretar y comprender el sentido divino y salvífico de sus propias noches: «las noches de Cristo»: Nacimiento, Huida a Egipto, última Cena, traición de Judas, agonía en el Huerto de los Olivos, prisión y juicio inicuo, Resurrección.
       7) También es posible considerar cómo Cristo tuvo en cuenta estas obras nocturnas divinas cuando oraba de noche, cuando de noche caminó sobre el mar, o cuando se entrevistó de noche con Nicodemo, o cuando aludió a la noche en el episodio de Lázaro.
        8) Jesús sufre cruelmente durante las cuatro vigilias de la noche de la Pasión. La última cena, el Huerto, la prisión, los juicios, la condenación injusta, la flagelación y la coronación de espinas. 
Es una noche en que Dios mismo está en vela toda la noche, sufriendo por nosotros, amando y redimiendo. 
El oscurecimiento desde la hora de sexta a nona constituye algo así como una noche en pleno día, para recibir el grito de Jesús: «Padre, en tus manos entrego mi espíritu» 
y el último aliento de Jesús [Lucas 23, 44-46]. 
Dum magnum silentium teneret omnia…
El Espíritu del amor irrumpe incontenible. El Padre acaba de glorificar a Jesús su Hijo, mostrándolo en su gloria de Hijo obedientísimo a todas las generaciones de los hombres.Un grito en el silencio de la Noche: Navidad, Jueves y Viernes Santo


        9) La liturgia de Navidad nos enseña a asociar Sabiduría 18, 14-16 con la Encarnación del Verbo y el Nacimiento de Cristo.
       10) ¿Nos sorprende el contraste casi contradictorio y antitético del grito de guerra en la noche de paz? ¿Qué tiene que ver este grito de un guerrero con el vagido de un niño recién nacido?
       11) Sabiduría 17-19 es un comentario a la noche de la liberación de Egipto, narrada en Éxodo 12. Allí Dios aparece como un guerrero que acude a liberar a su primogénito y hiere a los primogénitos de sus opresores. El Dios goel aparece así como el vengador de sangre, que viene a vengar a todos los niños hebreos sacrificados por los opresores.
       12) La liturgia retoma el recuerdo de la Pascua antigua, que es una vigilia o vela guerrera de Dios en la noche de la salida de Egipto y del exterminio de los primogénitos de Egipto, y lo relaciona, sin temer el contraste, más bien contemplándolo con asombro y admiración, con una inteligencia profunda de la novedad del cambio. La Navidad se presenta así como una pequeña Pascua que adelanta la gran Pascua y aquél mediodía en que se oscurece el cielo como si fuera de noche y Cristo expira «con un gran grito».
        13) El escenario del nacimiento es un escenario nocturno. Lucas lo subraya: los pastores guardan el ganado. Él recogió – nos dice – lo que los testigos oculares vivieron desde el comienzo, en palestina. El que según la tradición retrató a María, la conoció de vista y recogió su testimonio ocular, acerca de las cosas que ella «guardaba en su corazón». Nos lo dice dos veces.Un gran silencio
        14) Sabiduría 18, 14 nos habla del gran silencio de la noche, en medio del cual silencio Dios pasa realizando sus gestas. El Targum Neophyti y Éxodo 12 explican la celebración nocturna de la Pascua como una vigilia en memoria de aquella otra vigilia de Dios.
         15) En el Evangelio abundan las invitaciones a velar y a orar. Y a esperar al que vendrá no se sabe en cuál de las cuatro vigilias de la noche. Hay que estar vigilantes porque no se sabe cuándo vendrá. Vendrá como un ladrón, cuando menos se lo espera. O vendrá como el novio que sorprende a las vírgenes necias.
         16) La misma visión está detrás de la pequeña parábola del amigo importuno e inoportuno que viene a golpear la puerta de noche, cuando los niños ya están dormidos y el amigo acostado.
          17) De noche, Dios no duerme: «No duerme ni reposa el centinela de Israel» (Sal 120, 4).San Ignacio de Antioquía
          18) San Ignacio de Antioquía se refiere a menudo al Silencio, como nombre de Dios, o como actitud cristiana: «Más vale callar y ser que hablar y no ser. Bien está el enseñar, a condición de que, quien enseña, haga. Ahora bien, hay un Maestro que dijo y fue” [sucedió que dijo. Alusión al relato de la Creación, donde Dios dice y sucede lo que dice, con palabra eficaz. «La palabra de Dios es viva y eficaz y más aguda que espada de dos filos»(Hebreos 4, 12).
             Es, una «espada del espíritu» (Ignacio a los Efesios 6, 17].
             “El que de verdad posee la palabra de Jesús, – continúa san Ignacio – puede también escuchar su silencio, a fin de ser perfecto [«Como el Padre celestial es perfecto» (Mateo 5, 48). 
             De esta manera, según lo que habla [así también obra, como Dios lo hace en la noche de la creación]; y por lo que calla es conocido» [A los Efesios XV, 1-2].
            19) Los misterios de Dios los llama San Ignacio de Antioquía, misterios sonoros, estentóreos, misterios de grito o a gritos: «Y quedó oculta al príncipe de este mundo la virginidad de María y el parto de ella, del mismo modo que la muerte del Señor: tres misterios sonoros que se cumplieron en el silencio de [la noche de] Dios» [A los Efesios XIX, 1].
           20) Aquí asocia san Ignacio de Antioquía la noche de la Navidad con la noche de la Pasión y muerte del Señor. La liturgia de Pasión y Resurrección también están transida de la memoria de la noche en la que Dios obra la Redención. La noche del Mesías. Las noches del Mesías. El primer vagido del infante y el gran grito y último suspiro del que muere en Cruz resuenan en la noche de Navidad y en las tinieblas que cubren la tierra el Viernes Santo, cuando Jesús expira.
           21) La noche de Navidad y la Estrella de Navidad, nos invitan, como la noche de Pasión y la de Pascua, a escuchar el silencio de Dios. Un silencio digno del Padre, que habita el silencio, pero que pronuncia su Palabra e ilumina la noche con la estrella de Cristo. Cristo saber escuchar el silencio del Padre y sabe interpretar el por qué es abandonado en manos de los hombres, como profetizaba de él el Salmo, inspirado para Él y para el momento que había de recitarlo en Cruz; para anunciar el nombre del Padre a sus hermanos, y revelar la justicia filial «al pueblo que ha de nacer» de la sangre de su cruz y del agua de su costado [Salmo 21, 2. 23.31-32].
           22) Inmediatamente se pregunta San Ignacio de Antioquía cómo es que, entonces, estos misterios fueron manifestados a los siglos: «Ahora bien, ¿cómo fueron manifestados a los siglos? Brilló en el cielo un astro” [Es de noche por lo tanto. Parece aludir claramente a la estrella de los Magos de Oriente, de que nos habla San Mateo, y que evoca el astro que predice Balaam en Números 21] Y continúa diciendo que ese astro era: “más resplandeciente que los demás astros. Su luz era inexplicable y su novedad produjo extrañeza [¿en los Magos?]. Y todos los demás astros, juntamente con el sol y la luna, hicieron coro a esta nueva estrella; pero ella, con su luz, los sobrepujaba a todos. Sorprendiéronse las gentes preguntándose de dónde pudiera venir aquella novedad tan distinta de las demás estrellas. Desde aquél punto quedó destruida toda hechicería y desapareció toda iniquidad. Derribada quedó la ignorancia, deshecho el antiguo imperio desde el momento en que se mostró Dios hecho hombre para llevarnos a la novedad de la vida perdurable, y empezó a cumplirse lo que en Dios era obra consumada. Todo se conmovió desde el instante en que se meditaba el aniquilamiento de la muerte»[ A los Efesios XIX, 2-3].


Nota: Sobre la historicidad de este fenómeno celeste puede verse estas páginas http://www.bethlehemstar.net


           23) El texto del Targum Neophyti que leímos habla del Verbo de Dios (Memrá d’Adonay) como luz en la noche. Según Juan 1, 4-5- 9; y 8: El Verbo era la luz que vino a los suyos (Cfr. Sabiduría 17). También es interesante tomar en consideración en relación con esto la misteriosa palabra de Jesús en Juan 11, 8-10 , que quizás ayuda a comprender mejor el sentido de la insistencia de Juan en recordarnos que cuando Judas lo traicionó, era de noche (Jn 13, 30).
24) Velar se dice de la fe. Creer es velar. No creer es como un dormirse, que no permite asistir a las acciones secretas, ocultas, nocturnas, de Dios. Los fieles velan creyendo y esperando la intervención de Dios. Porque en la noche, tiempo en que los hombres cesan de obrar, las obras de Dios se demuestran inconfundiblemente suyas. En la noche, resalta que la acción es de Dios. Velamos en la noche de la fe. Y esa noche se transforma en luz nocturna.
           25) Orando: Venga tu Reino, instamos hasta la importunidad a un Dios que parece dormir.
           26) Jesús meditó estas palabras que estaban escritas de Él y para Él. Las comprendió como dichas de sí mismo y de sus noches. Él también entendió el sentido de nuestras noches, de las noches del Cuerpo Místico en la Historia. Y nos aconsejó velar y orar en espera de la venida del dueño de la Casa, es decir, del dueño del Templo de Jerusalén y de lo que el Templo significaba: el Santuario no hecho por mano de hombre, el templo de su Cuerpo y la Tienda del Santuario celeste a la que nos hemos acercado nosotros.
           27) Velad y Orad. Como Cristo en la noche del Huerto, debemos tender el oído para escuchar. La Palabra de Dios suena en las noches: «Hágase la luz»; «Hágase tu voluntad y no la mía». «Hagan esto en memoria mía».
           28) Los primeros cristianos, al parecer comprendían el sentido nocturno de la Eucaristía, que, como repetición de la última Cena reclamaba la conveniencia de celebrarla de noche para cumplir el encargo: «Hagan esto en memoria mía». Se reunían para celebrarla antes de la salida del sol.
           29) Nuestras eucaristías tienen algo de esos «Hágase» nocturnos de Dios. Es un «hágase» que obramos en la Iglesia en Memoria del «Hágase» y de los «Hágase» divinos en la noche del Mesías.
           30) Sucede también en la noche de la fe. Sucede en la noche de los sentidos, pero en la vigilia de la fe y de la oración. Como dice San Ignacio de Antioquía: «El que posee la Palabra de Dios, también sabe escuchar su silencio».La eucaristía como el misterio nocturnal
            31) Como la noche del Mesías se renueva sacramentalmente en la cena y el sacrificio eucarístico, podemos decir que «la noche del Mesías, es la eucaristía», que se renueva «toties quoties» (= cada vez) se la celebra en memoria de Cristo, y en comunión con sus sentimientos filiales: «tened en vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Filipenses 2, 2.5).32)

            32) Dice San Juan de la Cruz:
Que bien sé yo la fonte que mana y corre
aunque es de noche.
Aquella eterna fonte está escondida
que bien sé yo do tiene su manida*
aunque es de noche.
Aquesta eterna fuente está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.
*Nota: Manida: lugar o paraje donde un hombre o animal se recoge y hace mansión, casa para habitar.

            33) Por eso, aunque la celebremos de día, la eucaristía, que celebraban de noche los primeros cristianos, es la Noche del Mesías en la que Dios obra la redención, la santificación, la filialización, la bienaventuranza, la comunión con el Hijo, el Padre, El Espíritu Santo y con todos los santos vivos y difuntos.
Es la congregación de los dispersos «in unum»: «congregavit nos in unum Christi amor». Operación divina en la noche eucarística del Mesías.
En esa noche irrumpía el Sol al amanecer, el Sol que viene de lo alto anunciado por el que surge desde abajo, y que es figura sacramentaria, ritual, como un grito de luz.
           34) Porque hasta Cristo, Dios estaba oculto en su noche. Pero desde Cristo, el que lo ve, ve al Padre. En la noche de una humanidad que ignora el verdadero rostro de Dios, que considera a Dios encerrado en un silencio impenetrable, Cristo irrumpe como un grito, como una luz, como un Maestro de vida eterna: «Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti»[ Juan 17, 3].34]
            35) Por último, el Señor vendrá de noche. Así lo sugieren las parábolas que lo presentan como el señor que ha de volver y a quien esperan sus servidores, o como el novio que llega de noche y sorprende sin aceite a las vírgenes necias. Queda pues por delante esa última noche del Mesías, que aguardamos, y de la que la Navidad y la Pascua nos dan un adelanto, una prenda de amor que nos promete más.