LA LUZ VINO AL MUNDO PERO EL MUNDO NO LA RECIBIÓ

HOMILÍA 
Lunes 22º  del Tiempo Ordinario
La luz se les apareció en persona, en Jesucristo, ellos no lo reconocieron 
y algunos lo querían matar

Lecturas: 
2ª Corintios 4, 1-2.5-7
Salmo  Responsorial: 95
Evangelio: Lc 22,24-30
La foto: Corinto a los pies de la Montaña coronada por el templo de Venus Porné o Afrodita, 
La idolatría del sexo

Buen día queridos hermanos, 
los tempraneros. 
Mientras llegan las ocho y cinco el pensamiento de hoy. 
Hoy es la fiesta de San Gregorio Magno, un faro de la Iglesia.
Las dos lecturas de hoy las entiendo a la luz de lo que dice San Juan en el Prólogo de su Evangelio: La Luz vino al mundo pero las tinieblas no lo recibieron, porque los pensamientos de los hombres no son como los de Dios.
Los hombres están entenebrecidos por el pecado original, las culturas, los pueblos están en las tinieblas. La luz vino al mundo y las tinieblas no la recibieron» Pero a todos los que la recibieron les dio  poder de ser hechos hijos de Dios» (Juan 1,12).
Pero vamos a ver en la primera lectura de la Carta a los Corintios que Pablo tiene que hablar contra lo que es el sentido común de  los corintios. Corinto era una ciudad corrompida, como todo el mundo griego y muy ensoberbecida . Muy pagada de sí misma, pensando que ellos eran los sabios siendo sí que sólo eran sofistas, es decir, ideólogos. Lo que hacían era barajar las tinieblas y jugar de nuevo. Las ideologías son la versión abstracta de la idolatría. En lugar de ídolos materiales, adora ideas erróneas erigidas en verdades.
Y Jesús encuentra lo mismo o algo parecido en la sinagoga de Nazaret, ¿Qué era la Sinagoga? La casa de la reunión. El lugar donde se guardaban y la asamblea que veneraba las Sagradas Escrituras. Es decir la luz de Dios revelada a Israel, su pueblo. 
Una luz auroral que precedía el amanecer de Cristo. Antes que viniera la Luz hecho Hombre, la luz estaba en las Escrituras de la Sinagoga. La tenían y la leían en la Sinagoga, pero unos estaban a media luz y oros tanteando a ciegas, no veían la luz. Y cuando la luz se les presentó adelante, en persona, en Jesucristo, no lo reconocieron y lo querían matar.
Los creyentes tenemos la luz- vivimos como en una aurora, vemos aparecer el sol de Cristo Ese sol de Cristo, ilumina nuestra vida y nos hace caminar sin perdernos en las tinieblas. El mundo que hay afuera, está en las tinieblas.
Santo Tomás habla del conocimiento matutino que es el de la fe , del vespertino de las Universidades donde todas son Ciencias Humanas sin la luz de la revelación y el tenebroso, el de las ideologías, o sea IDEO-LATRÍAS mentirosas. Es la atmósfera tenebrosa de la prensa gobernada por intereses mundiales, el de la televisión y de toda la comunicación de masas. Lo que quieren es engañar a las masas, están al servicio de las tinieblas y se oponen a la luz. Esa es la clave para entender las lecturas litúrgicas de hoy.
La luz vino al mundo y las tinieblas y no la reciben ¿Se puede predicar? Sólo la locura de la cruz . Los corintios  estaban en la lujuria, en la soberbia y en la adoración de lo humano En Corinto imperaban  los juegos Olímpicos: era el deporte, la copa de oro, todo lo mundano, lo vacuo, el culto religioso del cuerpo. 
También estaba Corinto alos pies del templo de Venus Afrodita. Corinto era el lugar de las peregrinaciones de la religión y el culto demoníaco del  sexo, el culto de la diosa Venus. 
Así que Pablo se encuentra en una ciudad corrompida, corrupta llena de esclavos sexuales. Allí está Pablo predicando en medio de una ciudad dominada por la sabiduría griega pero infatuada. 
La Corinto propiamente y auténticamente griega había sido arrasada muchos años antes, colonizada por Roma, ocupada por el imperio del comercio romano, Era el mundo romano aunque hablara griego. Corinto tenía no sólo un puerto sino dos, y sabemos lo que son los marineros 
Ahí está predicando Pablo. ¡Qué parroquia le tocó !. Él no se desanima ¿qué predica Pablo? La cruz de Cristo Que es salvación para los que creen  y que es escándalo – dice él- para los paganos y los judíos Tiene que convencer a sus fieles de que es preferible la luz de Cristo a las tinieblas, en medio de las cuales están, vegetan y pronto se marchitan y mueren en sus vicios y pecados. Pablo trae la luz del evangelio para salvar de las tinieblas de los que creen ver y pretenden ver- que es la peor de las cegueras.
Estas son las lecturas de hoy y vamos a comenzar signándonos con el signo de la Cruz con el cual vamos a gozarnos en esta Eucaristía recibiendo las gracias del Señor.
Agradecidos porque nos ha hecho ver su Luz, porque nos ha puesto en medio de las tinieblas, para percibir y anunciar la aurora de su Día. 
Agradecidos porque nuestra vida está iluminada por su Luz. 
Luz, que nos permite andar mientras alrededor nuestro todos los ciegos andan a tientas o peor ciegos guías de ciegos que  los llevan alprecipicio de la perdición. 
Los que hoy gobiernan a las naciones las llevan a la  ruina, a la guerra, a la destrucción, las sumergen en la injusticia y en la pobreza  No me estoy metiendo en política estoy diciendo lo que Jesús dice en el Evangelio. Demos gracias en esta Eucaristía que esta luz nos ilumine siempre día por día.
Homilía: P. Horacio Bojorge S.J.
Parroquia Sagrado Corazón – Montevideo
Lunes XXII  del Tiempo Ordinario 3 de setiembre, 2018.
San Gregorio Magno

HOMILÍA
LA LUZ VINO AL MUNDO>br/>NO FUE RECIBIDA

La Luz, el Verbo, vino a este mundo, se encarnó, 
pero las tinieblas no le recibieron.


Lectura 1Co 2, 10b-16
Salmo Responsorial  144
Evangelio  Lucas 4, 31-37
HOMILÍA

Buenos días queridos hermanos. Mientras llegan las ocho y cinco el pensamiento de hoy. Las lecturas  nos hablan de la luz y las tinieblas. 
La Carta a los Corintios nos dice que el Espíritu de Dios  nos da a conocer  todas las cosas, que nos ilumina. 
En el Evangelio se habla del espíritu contrario, es el que hace que en la sinagoga se reciba con duda la palabra de Jesús.» porque no enseña como nuestros maestros». 
Allí  había un hombre en el que está un espíritu impuro. Las traducciones dicen: poseído por un espíritu impuro. Pero no es un poseso, es simplemente un hombre que está en la oscuridad. 
Es lo que ayer les decía del conocimiento matutino, del conocimiento vespertino y del conocimiento nocturno. 

Según que la mente esté  iluminada por el Espíritu de Dios que es la luz o que esté en las tinieblas. 
Eso que dice San Juan: que la Luz vino a este mundo, que en Él estaba la Luz, que en el Verbo de Dios estaba la Luz, que es la Verdad de Dios.  
La luz, el Verbo, vino a este mundo, se encarnó, pero las tinieblas no le recibieron. Vino a los suyos y los suyos que tenían que ser el pueblo de la luz en el  mundo  para iluminar a las naciones, 

Jerusalén que tenía que ser la luz de las naciones, lo rechazó y lo mató. ¿Por qué? Porque las tinieblas  rechazaron a la Luz  y los suyos, los que eran de Él, lo rechazaron 
Esas son las dos cosas que se destacan, en el primer texto en la carta a los fieles de 
Corinto, que era gente que vivía en las tinieblas. Una población de origen romano pero que estaba en Grecia, hablaban griego, pero era gente que estaba en la carne, en las cosas de este mundo. 
Tenían en la montaña,- en la montaña que hay junto a Corinto que se levanta a setecientos metros en la roca arriba, como hacían los griegos- arriba de la montaña, la acrópolis. Allí  estaba el templo de Venus afrodita, de la diosa de la sexualidad erótica más famosa de todo el mundo  y de toda   la antigüedad. Donde iban allí las procesiones de los devotos del sexo a visitar a la diosa del sexo. Imagínense lo que había abajo, con esa cantidad de prostitutas sagradas en el templo. 


¡Qué parroquia le tocó a Pablo ir a evangelizar!  Además estaba ahí al lado, el centro de los juegos olímpicos que era el lugar de la exaltación del cuerpo, la expectación y después la gloria. Para los griegos era la gloria, la gloria propia el ser reconocidos. Así que san Pablo tenía que encontrarse con ese mundo en tinieblas 


En ese mundo en tinieblas había un pequeño grupito que digamos estaba amaneciendo en el evangelio. Amaneciendo en el evangelio, las primeras lucecitas, no terminaban de despertarse del todo ;así que estaban con los ojos pegados todavía, del sueño de la ignorancia pagana A éstos san Pablo les dice, como escuchábamos ayer que vino a explicarles el evangelio sin filtros, la cruz de Cristo ¿Verdad? 


Sales de la habitación oscura y te encuentras. con el sol y te quedas como enceguecido En esa situación estaban y en esa situación les dice que la luz no es mala. Que la luz  esa, ya se les va a pasar el contraste entre las tinieblas y la luz y van a empezar a ser seres espirituales. 
Es necesario que se transformen sus ojos Los ojos de los topos no pueden ver la luz, porque viven siempre en las tinieblas. Si el hombre se entorpece, se entorpece su lenguaje de espíritu. 
Después está este otro, el hombre de la sinagoga: «¿qué tienes que ver con nosotros? ¿has venido a destruirnos?, ya sabemos quién eres», no hablas como nuestros maestros, 
Esa extrañeza es  opuesta al Espíritu Santo. 
Tenemos dos situaciones la situación de vivir en el Espíritu, o la de estar en el espíritu impuro que no recibe nada, ¿Qué tiene que ver el evangelio con la vida?¿Qué tienes que ver conmigo?¿ Qué dicen los curas?. Esa extrañeza es demoníaca y esa dificultad esa torpeza, para recibir la verdad y el evangelio, es demoníaca.

El salmo dice Contemplaré la bondad del Señor. El que esté con los ojos abiertos, puede ver su bondad.

«Ya sé quién eres, eres el Santo de Dios». Aquí está el identikit del mal espíritu y del demonio: Dios no tiene nada que ver conmigo. 
La fe no tiene nada que ver con la vida. 
Se niega la comunión y toda la comunicación 
Esto que parece indiferencia, no es indiferencia, es miedo porque la segunda frase que grita es: «Has venido a destruirnos» 
Así que es miedo lo que se le tiene , debajo de la indiferencia del mundo, es miedo a Dios.  
Después hay por fin conocimiento sin amor: «Ya sabemos quién eres» 
Esto se lo puede encontrar cualquier catequista en clase de catequesis, el cura en su Parroquia, nosotros en el mundo.

Jesús le dice: «Cállate y sal de este hombre». Jesús nos enseña a distinguir entre el hombre y el espíritu que está en el hombre. 
Esta es una enseñanza fantástica que viene del Espíritu de Dios. No te enojes con la persona date cuenta del espíritu en que está.


«El temor se apoderó de todos Y decían ¿qué tiene su Palabra? Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros y ellos salen»  Les extrañaba el contenido de su enseñanza y les extrañaba el poder de su Palabra En la Palabra hay dos cosas está el contenido de lo que se dice y la eficacia de la palabra que es espiritual El contenido pertenece  al Verbo de Dios y la eficacia, el poder al Espíritu Santo. De eso nos hablan las lecturas de hoy.

Nos ofrecemos con Jesús al Padre para que se glorifique en nosotros, divinizándonos.

Homilía – P. Horacio Bojorge S.J.
Parroquia Sagrado Corazón – Montevideo
Martes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario, 4  de setiembre, 2018.

PRESENTACIÓN DEL SEÑOR EN EL TEMPLO

HOMILÍA



La solemnidad de hoy está por un lado íntimamente vinculada al Adviento pero por otro ya nos remite a la proximidad de la Cuaresma y la Semana
Santa; especialmente al misterio de la Entrada del Hijo en el domingo de Ramos a
Jerusalén y al Templo para purificar la casa de su Padre.



            Nos
reorienta así, desde la espera de la venida de Dios propia del Adviento, a que  consideremos lo que implica para nuestras
vidas, la venida de Dios en el Hijo obediente. 
           Nos invita a contemplar al Hijo
como un hombre capaz de dar la vida por celo de la gloria de su Padre y del
Templo, casa de su Padre.
            Al comienzo
de su evangelio, san Marcos ha fundido en una sola las dos profecías de Isaías
40 y de Malaquías 3, 1-4, referentes a la venida del Señor. 
            Cita en primer
lugar la de Malaquías: “Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de
preparar mi camino”
y luego la de Isaías 40,3: “Voz que clama en el desierto,
preparad el camino del Señor, rectificad sus sendas”
             Marcos se refiere al
Bautista y por eso cita solamente el comienzo de las profecías acerca de la
venida del Señor, pero su intención es demostrar que se han cumplido las
profecías tanto de Malaquías como de Isaías, en Aquél a Quien el Bautista anunció:
Jesucristo, el Hijo de Dios venido en carne, venida histórica y física de Dios.
            Acabamo de leer en Malaquías: -«Mirad, yo envío mi mensajero, para que prepare el camino
delante de mí. Enseguida entrará en el santuario el Señor, a quien
vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo
entrar -dice el Señor de los ejércitos-.”
            Enseguida,
(hebreo ufit’om) es un vocablo preferido por san Marcos que lo usa 43 veces en
su evangelio contra 19 veces en el resto de los escritos del Nuevo Testamento.
Indicio de que san Marcos contempla todas las acciones de Jesucristo a la luz
de la venida inminente anunciada por Malaquías.
            La sagrada liturgia nos invita a contemplar la entrada del niño
Jesús en el Templo, como la primera entrada del Hijo en la Casa del Padre para
purificarla por la penitencia.
            El Adviento nos invitaba principalmente a la fe. La Cuaresma
nos invitará a la Penitencia. Y la fiesta de hoy enlaza ambas invitaciones en
una: “Dios viene, creed y convertíos”
            La venida de Dios que anuncia Malaquías, es como la de un
Sol de un Día que será, para los malvados “abrasador como un horno, y serán
todos los arrogantes y los que cometen la iniquidad como paja, y los consumirá
el Día que viene… hasta no dejarles raíz ni rama”
.  
            San Juan Bautista se hace eco de esta
advertencia cuando invita a la penitencia: “Raza de víboras, ¿quién os ha
convencido de que huiréis de la ira inminente?”.
           Ahora bien, lo terrible de la situación de los impíos, la
pinta Malaquías como la insensibilidad para la propia injusticia:
“Os he amado dice el Señor, pero vosotros decís ¿en qué nos
has amado?”
(1,2)
           “Si yo soy padre ¿dónde está mi honra? Y si Señor ¿dónde el
respeto que se me debe?. El Señor os dice a vosotros los sacerdotes: ‘vosotros
despreciáis mi Nombre’. Pero vosotros rebatís ¿En qué hemos menospreciado tu
Nombre? Presentando en mi altar un pan impuro. Y vosotros protestáis ahora ¿‘en
qué te hemos manchado? Pensando que la mesa del Señor es despreciable. Cuando
ofrecéis una res ciega o coja ¿no es un mal?
(1, 6-14)
            “Vosotros
cansáis al Señor con vuestras palabras, pero rebatís: ¿en qué le cansamos?
Cuando decís: cualquiera que hace el mal es bueno a los ojos del Señor y Él lo
acepta complacido, o también ¿Dónde está el Dios del juicio?”
(2, 17)
            “Desde los días
de vuestros padres os venís apartando de mis preceptos y no los observáis.
Volveos a mí y yo me volveré a vosotros, dice el Señor. Pero vosotros decís ¿en
qué debemos volver? ¿Debe un hombre defraudar a Dios? ¡Pues vosotros me
defraudáis a mí – Y todavía rebatís ¿en qué te hemos defraudado? En el diezmo y
en la ofrenda reservada”
(3, 7-8).
             Reconocemos en la profecía de Malaquías la misma situación del Templo en
que HOY entra el niño y al que entrará como hombre para purificar la casa de su
Padre: “Habéis convertido la casa de mi Padre en casa de mercado”. Habéis
subvertido el sentido del templo y de la religión, desviando el culto a Dios en
provecho propio.
              Los sacerdotes que se enfrentaron a Jesús en la purificación
del templo, como los de Malaquías, no reconocen la corrección y rearguyen:
“¿con qué autoridad haces esto?” (Mc 11, 27).
              Creo que esta es una radiografía de TODA conducta simoníaca en
cuestiones religiosas, de culto, de doctrina, de moral. Sea en Israel, sea en el catolicismo. La indisciplina
cultual, la corrupción de la enseñanza, el relativismo moral. La experiencia
nos muestra que en la Iglesia, ni bautizados ni ordenados estamos libres de esta
levadura capaz de corromper el buen pan.
             Nuestra vocación sacerdotal la sentimos acechada por
análogas corrupciones.
             Ahora, en la era filial, la simonía consiste
fundamentalmente en el vivir para sí mismo y no para el Padre. Vivir, hablar y
actuar para nuestra propia gloria y no para la gloria del Padre. Buscar nuestro
propio provecho, en vez de buscar la gloria del Padre.
San Pablo enseña que la caridad filial verdadera no busca
sus propios intereses (1 Cor 13, 5); y lamenta que “Todos buscan sus propios
intereses y no los de Cristo”
(Filipenses, 2, 21) que no son otros que los del
Padre.
El misterio que contemplamos nos
invita pues a pedir en este retiro la purificación de todas nuestras intenciones y acciones,
para que sean las obras filiales que glorifican al Padre.
El Hijo entra al templo
cumpliendo la profecía de Malaquías y viene a los suyos. Que nuestro corazón
esté bien dispuesto para que aunque nuestra conciencia nada nos reproche, no
por eso nos demos por justificados, porque el que nos juzga es el Señor
(1ª Cor
4, 3-4).
“Señor ¿quién puede hospedarse en
tu tienda y habitar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica
la justicia”
(Salmo 14). 
Esto que valía para el templo terreno vale a fortiori
para entrar en la casa del Padre y la Jerusalén celestial. No es posible entrar
en ella sin la justicia filial.
Sabemos que no podemos estribar
en nosotros mismos para lograrlo. Por eso, la carta a los Hebreos nos anima a
asumir con fortaleza las pruebas y purificaciones necesarias para nuestra
santificación. Aún no hemos resistido hasta la sangre en nuestra lucha contra
el pecado. Pero Jesús se ha hecho hermano nuestro para enseñarnos a vivir como
hijos, de cara al Padre, como creaturas nacidas de nuevo y de lo Alto:
        Hemos leído también en la carta a los Hebreos este mensaje de san Pablo a nosotros, los cristianos: “Los hijos de una familia son todos de la misma carne y
sangre, y de nuestra carne y 
sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al
que tenía el poder de la 
muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por
miedo a la muerte pasaban la 
vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los
hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus
hermanos, para ser compasivo y pontífice fiel en lo que a Dios se refiere, y
expiar así los pecados del pueblo. Como 
él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los
que ahora pasan por ella”.
Nuestra esperanza la ponemos pues
en aquél que nos llamó y nos promete la entrada a la Casa del Padre: «No os
turbéis; creed en Dios y creed también en mí.  En la casa de mi Padre hay muchas
habitaciones. De no ser así, no les habría dicho que voy a prepararles un
lugar. Y después de ir y prepararos un lugar, volveré para tomaros conmigo,
para que donde yo esté, estéis también vosotros. Para ir a donde yo voy,
vosotros ya conocéis el camino.»
(Juan 14, 1-4)