AMAR A DIOS CON EL AMOR RECIBIDO DE ELLOS
SAN BERNABÉ, HIJO DEL CONSUELO

HOMILÍA
Los apóstoles, enviados a dar testimonio del amor que recibieron y a ofrecer el amor 
a los que los reciban. 
Sen Bernabé
uno de los enviados.
Hechos 11,21b-26; 13,1-3 
Salmo: 97 
Evangelio: Mt 10,7-13 



Hoy los ornamentos litúrgicos son rojos. 
Es el color del Amor cuya venida se conmemora y celebra en Pentecostés. El Padre, nos envía Su Amor. 
Como era en un Principio, ahora y siempre, por los siglos
Jesús nos decía en la última cena: ”Les conviene que yo me vaya” para que les envíe el Espíritu desde el Padre.
El Padre envió al Hijo. Ahora el Padre y el Hijo nos envían el Espíritu. 
Él es el Amor del Padre y del Hijo. Nos viene a buscar el Amor de Dios, el Amor del Padre para sumergirnos en ese Amor. 


Bernabé y los apóstoles se celebran de rojo. 
Es el color del Espíritu Santo, enviado como ellos fueron enviados a nosotros. Es un envío que perdura por los siglos. Nos los envía.


Bernabé (Hijo del Espíritu Consuelo) se halla a semejanza de lo que Jesús hizo con sus apóstoles a quienes envió dejándolos a merced del recibimiento o el rechazo. 
Por eso los mandó sin medios. Porque, el dinero les hubiese permitido instalarse en algún lugar, sin que nadie los recibiese allí.
Los envía por el camino de lo que los recibiesen, de los que los amasen y hospedasen. 
Amor con amor se paga. La hospitalidad con  hospitalidad. El amor pide amor y lo recibe 
Y en este, recibir al enviado se cumplen las palabras de Jesucristo: “En verdad en verdad os digo quien recibe al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe a Aquél que me ha enviado”. (Juan 13,20) 


Estamos ahora de nuevo en Pentecostés, tras la fiesta del Espíritu Santo, del Amor envíado que vino a buscarnos. 
También nosotros estamos en este mundo enviados y enviados por el amor de Dios. Estamos en el mundo porque Dios nos amó. Y porque su amor nos ha despertado a amarlo.


 Ya les he comentado en otra oportunidad, la discusión entre Caín y Abel. 
Caín dijo: — Yo VEO que el mundo no fue hecho por amor. 
Abel le respondió: — Yo VEO que el mundo fue hecho por amor. VEO que, todo lo que existe, Dios lo hizo por amor y todo tiene sentido por el amor. 


Dios es Padre y nos espera con los brazos abiertos. Jesucristo nos vino a decir lo que leemos en  el  Evangelio: “En la casa de mi Padre, hay muchas habitaciones” (Jn14,2) “Para eso he salido” (Mc1,38) 


¿Y de dónde salió? 
La Palabra sale de la boca del Padre. 
Jesús sale de al lado del Padre, de la presencia del Padre. 
De ellos, Padre e Hijo, sale también el Espíritu Santo porque es el soplo de la boca de Jesús. “Sopló sobre ellos y les dijo:” Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22). 
En Él estaba LA VIDA ¿La VIDA DE DIOS qué es? Es SU AMOR, SU ESPÍRITU: Señor y dador de vida


 ¿Para qué nos ha reunido el Señor, hoy? Para meditar sobre Él.  Para que tengamos este encuentro con Él, con Ellos. Nos estaban esperando. 


El amor quiere darse, ¿verdad? Y quiere que lo reciban. 
 Los Apóstoles [que quiere decir Enviados], son los que vienen a dar testimonio del amor que recibieron y a ofrecer el amor a los que lo reciban.

No es por tanto que busquen que les devuelvan el amor, sino que lo reciban y así, se hagan capaces de darlo más y más. 
 El Espíritu Santo pide eso, que lo recibamos. Y acá lo estamos recibiendo. Ustedes han venido a recibirlo. El vino a buscarnos y nos está llamando y esperando. 
Todo es amor. Celebrémoslo. 


Homilía P. Horacio Bojorge S.J. 
Parroquia Sagrado Corazón – 
Montevideo
Jueves de la Semana X del Tiempo Ordinario (1919)

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