EL APOCALIPSIS Y LA MISA – Scott Hahn [1 de 3]

La Misa: Clave del Apocalipsis. 
El Apocalipsis: Clave de la Misa.

«Una clave maravillosa para comprender la Misa es el libro bíblico del
Apocalipsis; y, viceversa: la Misa es el único camino por el que un cristiano puede
encontrarle verdaderamente sentido al Apocalipsis».
 

Sobre esta relación entre la
Santa Misa y el Apocalipsis que se iluminan mutuamente ha escrito ha escrito un
libro el pastor
Scott Hahn calvinista convertido al catolicismo. El libro se
titula: “La cena del Cordero. La Misa, el cielo en la tierra”.  

Esta
íntima relación entre la Misa y el Apocalipsis puede parecernos extraña a los
católicos, porque durante muchos años lo hemos estado leyendo o bien oyendo
leer al margen de la tradición católica. 
“Mira que estoy a la puerta y llamo:
si alguno escucha mi voz y abre la puerta,
entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo […] 
Después tuve una visión: una puerta abierta en el cielo”
(Apocalipsis 3, 20; 4,1)
«De todas las realidades católicas,
no hay ninguna tan familiar como la Misa.
Con sus oraciones de siempre,
sus cantos y gestos, la Misa es como nuestra casa. Pero la mayoría de los
católicos se pasarán la vida sin ver más allá de la superficie de unas
oraciones aprendidas de memoria. Pocos vislumbrarán el poderoso drama sobrenatural
en el que entran cada domingo. Juan Pablo II ha llamado a la Misa «el cielo en
la tierra»[1],
explicando que “la liturgia que celebramos en la tierra es una misteriosa
participación en la liturgia
Celestial”[2].
Refiriéndose
a las liturgias orientales, Juan Pablo II decía que: el sentido de la liturgia
es particularmente viva entre los hermanos orientales. Para ellos la liturgia
es de verdad el cielo “sobre la tierra”. Es la síntesis de toda la experiencia que
nace de la fe. Es una experiencia totalizante, que toca a la persona humana en
su totalidad, espiritual y corpórea. Todo va dirigido, en la acción sacra, a
expresar “la divina armonía y el modelo de la humanidad transfigurada”: las
formas del templo, los sonidos del canto y de la música, los colores, las luces,
los perfumes. La misma duración de tiempo prolongado de las celebraciones y las
repetidas invcocaciones, expresan el progresivo ensimismarse de la persona en
el misterio que se celebra”[3].
            En realidad, lo que sucede en la liturgia bien celebrada
y bien vivida es una salida del tiempo, del cual no se nota la duración. Y ese
acontecer sin duración es precisamente un pregusto de la eternidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *