EL DIOS NUTRICIO (5ª DE 6)

JESÚS Y SUS RASGOS NUTRICIOS
QUE REVELAN SU IDENTIDAD

«He ahí un hombre comilón y bebedor de vino»
(Mt 11,19, Lc 7,34)

«Ora comáis, ora bebáis…
hacedlo todo a gloria de Dios»
(1 Cor 10,31)

No hay que admirarse, pues, de que los rasgos y gestos nutricios de Dios se reflejen en los sentimientos, en la conducta y en los gestos de Jesús; ni de que se arrogue el título de Buen Pastor; ni de que se reflejen los temas nutricios del pan y la semilla, el vino y el agua, en sus enseñanzas y parábolas; ni de que multiplique panes y peces para la muchedumbre, pactando con ella una alianza de pan y sal ; ni de que establezca, por fin, como memorial de su Alianza, una comida ritual, donde se come y se bendicen -como manjares los dados en el relato de la creación y los nuevos concedidos a Noé – el pan y el vino, según el rito de Melquisedek [Gn 15,18].

Los títulos y gestos nutricios de Jesús son revelación de su identidad divina. Y las comidas con el Resucitado, apuntan a la Eucaristía, que es, ya sobre la tierra, participación en el banquete celestial del Reino.

Recuérdese que, ya desde su nacimiento, María pone a Jesús en un pesebre, donde se pone el alimento de los animales. Es un gesto profético, de que ese niño será alimento de la humanidad, pan de vida eterna. Es no solamente el Dios que da de comer, sino el que se da a sí mismo como alimento. Porque el alimento es, en definiva, el amor. Y amar es darse al que ama. Es dar-se y comunicar-se.

El tema de la comida y del alimento es recurrente en los Evangelios, particularmente en el de Marcos, aunque no siempre se repare en ello ni en sus motivos. Así lo comprueba un reconocido escriturista:

«El marco eucarístico en que se gestaron los evangelios escritos ha dejado una impronta que los lectores actuales pueden reconocer sin dificultad si prestan atención a la frecuencia con que se refieren escenas en las que el Señor aparece participando de un banquete, o a la gran cantidad de palabras de Jesús referentes a comidas. Se asocia sin dificultad la celebración eucarística con la cena que el Señor tuvo con sus discípulos en víspera de su pasión y las comidas en las que se hizo presente después de resucitado. Pero la asociación no queda reducida a estos casos privilegiados, sino que se extiende a las otras comidas del Señor con sus discípulos».

Pero Jesús exhorta a ocuparse primero del Padre, y éste, por ser nutricio de sus hijos, los proveerá del pan necesario para esta vida. Lo que deben pedir los hijos, es el pan que alimenta la otra, la eterna: la Palabra de Dios, el Pan Eucarístico: “No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”. (Mateo 6, 31-33)

El tema de la comida terrena y la celestial es central en las enseñanzas de Jesús. Alrededor de esa revelación del carácter de signo que tiene la comida terrena respecto de la vida celestial, giran las enseñanzas de Jesús a propósito de las multiplicaciones de los panes. Le petición del Padre Nuestro •El pan nuestro de cada día dánosle hoy” no se entiende bien, si no se la repone en su marco más amplio.

En la próxima y última entrega tomaré como ejemplo el evangelio según San Marcos y lo recorreré mostrando los numerosos pasajes que tienen relación con la comida.
 
 

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