EL ECLIPSE DE DIOS PADRE [1 DE 2]
En la fe, la espiritualidad, la catequesis, la predicación

Conferencia en un retiro al Clero de Arecibo
(Puerto Rico enero 2015)

1) Ya desde los comienzos de
la Iglesia, San Juan percibe la existencia, dentro de la comunidad, de quienes
rechazan a Jesucristo y a Dios Padre, a quien el Hijo viene a revelar.

 “Muchos
anticristos han aparecido”, “estaban entre nosotros” – afirma San Juan en su
primera Carta 2, 22-23 – “Este es el anticristo, el que niega al Padre y al
Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco admite al Padre; quien reconoce al
Hijo también admite al Padre”.

2) ¿Se manifiesta actualmente el mismo hecho? ¿Cómo? 
Voy a ocuparme
de una de esas manifestaciones que me parece particularmente común y
característica de la modernidad. 
Consiste, dicho brevemente, en la
implicitación de la figura del Padre en la presentación del kerygma, en la
catequesis, en la predicación y en la espiritualidad. Y eso explica el tema de
este retiro. Vivir como hijos, vivir como el Hijo, hechos modelo de la grey.

Del Jesús sin Padre al Jesús
contra el Padre
3) Se ha llamado jesuanismo
a la presentación de un Jesús arriano, sin Padre y consiguientemente no Hijo.
Un Jesús histórico, puramente humano y por lo tanto de ninguna manera Dios
hijo, separado del Cristo de la fe, y por lo tanto sin la referencia al Padre
que la fe católica le reconoce como a Dios Hijo, como horizonte último del
anuncio evangélico. 
4) En el discurso teológico
y pastoral que de allí dimana, el Padre queda relegado al silencio de los
supuestos que solamente se explicitan a pedido.
5) De ese jesuanismo contemporáneo ha dicho el
Padre dominico Le Guillou que: “Sitúa a Cristo no con el Padre, sino en lugar
del Padre. De ese modo se ve diseñar vagamente una especie de cristicismo o de jesusismo (dejando en silencio generalmente el nombre del Padre)
que trata de hacerse pasar por el verdadero cristianismo” [Ver:  M.-J. Le Guillou O.P. El Misterio del Padre.
Fe de los Apóstoles. Gnosis Actuales.
Ed. Encuentro, Madrid 1998, p. 196].
6) Como dice San Pablo:
“¿cómo invocarán a aquél [en este caso al Padre] en quien no han creído? ¿Cómo
creerán en aquél [el Padre] a quien no han oído? ¿Cómo oirán si no se les
anuncia?” [Rom. 10, 14]. Lo que no se predica no se cree. Y si el Padre queda
implícito, va cayendo fuera de la conciencia del predicador y de los creyentes.
7) Este hecho lo ha señalado
el Cardenal Paul Josef Cordes en su obra: El
Eclipse del Padre
en estos términos: “Cuando se pregunta a grandes teólogos
contemporáneos de ambas confesiones (protestantes y católicos) por el Padre de
Jesucristo, se obtiene una perspectiva sorprendente: los investigadores piensan
más frecuentemente y más expresamente en ‘Dios’ que en el ‘Padre eterno’; si se
hace una estadística sobre las veces que en la relación Padre-Hijo utilizan en
sus investigaciones la palabra ‘Padre’, ésta queda desconsoladoramente
relegada” [ Mons. Paul Josef Cordes, El Eclipse del Padre, Ed. Palabra, Madrid
2003, 1967, cita en p. 167].
8) ¿A qué se debe esto? a
que la infección modernista contagia el sentido común de una cultura y termina
refluyendo sobre los creyentes y afectándolos, sin excluir a los predicadores.
Sucede así que, glosando a San Pablo, podría decirse de la incapacidad del  predicador modernista para anunciar al Padre:
¿cómo predicarán si no creen? “¿Si no conocen al Padre ni a mí?” [Juan 16,3].
9) El jesuanismo, o
cristicismo dogmático y pastoral, es frecuente en la propuesta de las sectas y
comunidades protestantes. Pensemos en lo que se oye predicar en algunas carpas
y audiciones radiales de predicadores protestantes, donde todo se queda en el
anuncio de Cristo tu salvador personal, sin referencia al Padre ni a la entrada
en comunión con Él, como punto de llegada de la salvación que se anuncia.
10) Pero el mismo mal se ha
venido extendiendo y penetrando también en el sentido común de los católicos,
sacerdotes y teólogos incluidos. Los remito a su experiencia propia como
oyentes de la predicación habitual en nuestros templos. Y me pregunto si no es
un signo y a la vez una causa de esa extensión del silencio acerca del Padre y
del Hijo, la prevalencia del uso del Credo Apostólico sobre el Credo de Nicea
en las celebraciones de la santa Misa dominical. La rebelión psicoanalítica
contra el Padre.
11) El fenómeno que vengo
describiendo, de la creciente desvinculación de Jesús del Padre, se acentúa
hasta llegar a un paroxismo por efecto de la difusión del psicoanálisis
freudiano.
“El psicoanálisis de Freud, como
método y técnica, – ha escrito el Padre Ignacio Andereggen – es intrínsecamente
solidario de su intento fundamental de hacer consciente del modo más pleno la
rebelión del hombre contra Dios Padre, radicada en la estructura inconsciente
de sus vicios y pasiones no restauradas por el influjo de la gracia. Para
Freud, como para Nietzsche, consiste en su oposición consciente contra Dios y
en la pretensión de ocupar su lugar”
[Ignacio Andereggen: “Santo Tomás de
Aquino, Psicólogo” Sapientia, 205 (1999) 59-68. El R.P. Andereggen refiere
estas afirmaciones de S. Freud a esta cita: Sigmund Freud, Totem y Tabú, Buenos
Aires 1993, 155-156]
12) Como nota el Card. Paul Josef Cordes: “Freud – que conocía la
analogía entre el padre terrenal y el celestial -, para terminar con el Padre
celestial, tenía que liberarse primero del terrenal” [Mons. Paul Josef Cordes,
El Eclipse del Padre, p. 179]  y por eso
– afirma – lo ataca, en el alma del analizado, mediante el psicoanálisis.

De la rebelión contra Dios-Padre a la sociedad
sin padres
13) El P. Le Guillou, en su
obra antes citada, señala el hecho de que la abolición de Dios Padre está en la
base de lo que el Card. Paul Josef Cordes ha llamado el Eclipse del Padre en
nuestra cultura; una desaparición progresiva de las figuras paternas y de la
cultura de la paternidad; una destrucción del varón paterno.
14) La rebelión religiosa
contra Dios Padre de la civilización modernista ha tenido consecuencias
sociológicas y culturales. Ha ido exterminando al varón paterno, pero también
al varón filial, al varón esponsal, al varón fraterno. Si la generación actual
abandona a sus padres internándolos en un hogar de ancianos es porque la
generación de sus padres ya había internado a Dios Padre relegándolo al cielo
como a un hogar de ancianos; ya no convivían con Dios, sino que iban a verlo de
vez en cuando en días y horas de visita, y a veces nunca.
15) Podemos preguntarnos si
el eclipse de la paternidad no se insinúa, por lo menos, en el ámbito del Orden
sagrado, del obispo y del sacerdote paternos, que receden lógicamente con el
receso simultáneo de la filialidad de los Ordenados respecto del Padre y de los
fieles respecto de sus Obispos y sacerdotes.
16) El psicoterapeuta y sociólogo italiano Claudio Risé, en su
libro Il Padre l’assente inaccettabile,
dedica un capítulo entero a describir cómo Occidente se aleja del Padre. Claude
Risé establece un paralelo entre el proceso de secularización – iniciado en la
Revolución Francesa, en la que eclosionan semillas sembradas por la Reforma
Luterana –, y la decadencia y desaparición de la figura paterna y – con ella –
de los derechos del padre de familia en Occidente [Claudio Risé, Il Padre,
l’assente inaccettabile, (=El Padre, el ausente inaceptable), San Paolo, 2003,
7ª ed. Págs. 49-70] .


Así en la tierra como en el
Cielo
17) Nada de extraño. Porque
como ha demostrado Mircea Eliade en sus estudios de Historia de las Religiones,
el hombre edifica su civilización y su cultura imitando a sus dioses: “Al
reactualizar la historia sagrada, -dice – al imitar el comportamiento divino,
el hombre se instala y se mantiene unido a los dioses, es decir, en lo real y
significativo”.  [Mircea Eliade, Lo Sagrado
y lo profano, Ed. Guadarrama, Madrid 1967, p. 196]
18) En oposición a esta
actitud del hombre religioso, “El hombre moderno irreligioso – dice Mircea
Eliade – asume una nueva situación existencial: se  considera a sí mismo como único sujeto y
agente de la Historia y rechaza toda llamada a la trascendencia […] no acepta
ningún modelo de humanidad fuera de la condición humana, tal como se la puede
descubrir en las diversas situaciones históricas. El hombre se hace a sí mismo
y no llega a hacerse completamente más que en la medida en que se desacraliza y
desacraliza el mundo. Lo sacro es [para él] el obstáculo por excelencia que se
opone a su libertad. No llegará a ser él mismo hasta el momento en que se
desmitifique radicalmente. No será verdaderamente libre hasta no haber dado
muerte al último Dios” [Mircea Eliade, O.c. p. 197]
19) El P. Le Guillou
comprueba también que existe una cierta proporcionalidad entre el eclipse del Padre y del Hijo y
la marea secularista que ha devastado las mentes y los corazones del pueblo
católico tanto discente como docente.
20) La Rebelión contra Dios,
que dentro del mundo y del pueblo católico, ha sido la rebelión contra Dios
Padre, termina así con la disolución no solamente de la cultura paterna,
motejada de paternalista, sino de toda la cultura. Y esto es así porque desata
fuerzas de destrucción del corazón humano que aceleran y precipitan el
desencadenamiento de las amenazas apocalípticas sobre la humanidad apartada de
Dios.
21) En la ideología
revolucionaria, es método usual esgrimir los abusos contra el buen uso. En este
caso esgrime los abusos de la autoridad paterna para abolir la autoridad
paterna misma y el desnaturalizar el vínculo paterno-filial, a cuya esencia
pertenece la autoridad del padre.
22) Mircea Eliade asevera
que, “En una perspectiva judeo-cristiana podría decirse que la no-religión
equivale a una nueva caída del hombre […] Después de la primera caída, la
religiosidad había caído al nivel de la conciencia desgarrada; después de la
segunda caída, ha caído aún más abajo, a los subsuelos de lo inconsciente,  ha sido ‘olvidada’” [Mircea Eliade, O.c. p.
207 ]. Dios vino a buscar al hombre que había caído por el pecado original.
Cuando el hombre caído se rehúsa a tomar la mano que se le extiende para
levantarlo, cae aún más profunda e irremediablemente.


23) En efecto, el filósofo
judío-alemán Martin Buber, señaló en una serie de conferencias que se
publicaron en un solo volumen bajo el nombre Eclipse de Dios, que la
Ilustración ha abolido la religación con Dios al reducir a Dios a una idea,
desconociéndole cualquier protagonismo histórico o interacción con los hombres.
 [M. Buber, Eclipse de Dios, Ediciones
Galatea, Nueva Visión. Buenos
Aires 1955. Traducido del inglés Eclipse of God, Harper and Brothers; First
edition (1952)].
24) Lo que ha escrito Martin
Buber acerca de Dios, podemos aplicarlo adecuadamente a Dios Padre: “El
pensamiento de nuestro tiempo se caracteriza porque […] por una parte busca
preservar la ‘idea’ de lo divino como si ella fuera la auténtica preocupación
de la religión [es decir de nuestra fe], y por otra, destruye la ‘realidad’ que
sustenta la idea de Dios [es decir de Dios nuestro Padre], y en esa forma,
destruye también ‘la realidad’ de nuestra relación con él [e.d. de nuestra
filialidad]. Esto se lleva a cabo de muchas maneras, abierta y encubiertamente,
apodíctica e hipotéticamente, en el lenguaje de la metafísica (Kant, Hegel) y
en el de la psicología (Jung) […] Muchos auténticos creyentes, aunque no
sepan hablar ‘sobre’ Dios ni ‘acerca de’ Dios, saben bien cómo hablar con Dios
y a Dios” […] Otra es, en cambio la situación del hombre que ya no
experimenta la presencia de los divino frente a él […] puesto que se ha
alejado de esa presencia existencialmente [e.d. por la fe] ya no la reconoce
como algo frente a él” [M. Buber, O.c. p. 21, 28, 29].


25) Así han surgido las
“teologías” deístas, racionalistas, que tratan de Dios como idea, sentimiento,
arquetipo, proyección, etcétera, soslayando o aún negando el acceso a Dios por vía de su
revelación histórica y han proliferado — con el modernismo [San Pío X, Pascendi
Dominici Gregis Munere
] — dando lugar a lo que bien merece el nombre de “teologías
deicidas”, es decir, de ensayos literarios de tema cristiano que, ocupándose de Dios, lo matan pues le quitan su realidad
fáctica y lo reducen a un producto de la mente humana, creación intelectual humana manipulable
por el hombre (Feuerbach).


26) Pionero en esta línea fue el proyecto de desacralización del
Evangelio incoado por David Friedrich Strauss en su Das Leben Jesu, kritisch
bearbeitet
[Tübingen 1836].Este autor había separado de tal manera la idea de Jesús de la
realidad de Jesucristo Hijo del Dios vivo, que sólo lo encontraba interesante
como idea:

 – “Ésta es — escribió —  la clave de toda cristología: que como sujeto de los
predicados que la Iglesia atribuye a Cristo, se coloque una idea en lugar de un
individuo” [O.c. p. 734] – “¿Qué puede tener todavía de especial un individuo?
Nuestro tiempo [ es decir: el tiempo del idealismo alemán] quiere una Cristología que lo
lleve desde el hecho a la idea, desde el individuo a la especie. Una dogmática
que se quede en Cristo como individuo, no es una dogmática sino una prédica”
[O.c., L.c.] 

¿Cómo podrían ser  inspiradoras de nuestra caridad las ideas solas ideas acerca de Dios, inclusive las solas ideas acerca de Dios Padre y de Dios
hijo,?

Immanuel Kant: «el hombre no
necesita de Dios para ser bueno»
27) Recordemos lo que dice
Kant acerca de lo que es el hombre moralmente bueno: “La moral, – dice – en
cuanto que está fundada sobre el concepto del hombre como un ser ‘libre’ que
por el hecho mismo de ser ‘libre’ se liga él mismo por su Razón a leyes
incondicionadas, no necesita ni de la idea de otro ser por encima del hombre
para conocer el deber propio, ni de otro motivo impulsor que la ley misma para
observarlo […] Así pues, la moral, por causa de ella misma (tanto objetivamente
por lo que toca al querer, como subjetivamente por lo que toca al poder) no
necesita en modo alguno de la Religión [entiéndase la revelación cristiana]
sino que se basta a sí misma en virtud de la Razón pura Práctica” [Immanuel
Kant, La Religión dentro de los límites de la razón, Comienzo del Prólogo a la
1ª Edición 1793. Cito según la versión de Felipe Martínez Marzoa, Alianza
Editorial, Madrid 1969, p. 19]
28) Como puede verse, Kant
excluye de su idea de bondad moral lo que puede ser la vinculación del hombre
con Dios y por ende con los demás. Kant concibe al hombre libre como un hombre
desvinculado y que – como buen hijo de Eva – se da a sí mismo la ley de lo que
es bueno: lo que él quiere es lo bueno.
29) Ésta es una perfecta expresión del nuevo intento de ser como
dioses que termina, lo demuestra la historia posterior a Kant  y las ideas políticas que derivan de él, en
ser como demonios. El hombre no religioso, es un hombre no religado, un hombre
desvinculado. Para el anticristianismo, el hombre necesita prescindir de la
voluntad del Padre para ser un buen hombre. Según la visión de la fe cristiana,
por el contrario, el hombre necesita de Dios Padre para ser buen hombre, porque
ser buen hombre es vivir como Hijo, vivir como el Hijo.

Dejarse revincular al Padre por
el Hijo en el Espíritu Santo
30) Al volverse los hombres
contra el Cielo, se vuelven unos contra otros en la tierra. Cuando se reniega
del Padre de todos que hace de los hombres hijos y hermanos entre sí, se
reinstala en el mundo la dialéctica hegeliana del amo o el esclavo. Y esa
dialéctica desgarra a la humanidad desatando la oposición hasta oponer padres e
hijos, es decir una generación contra la otra.
31) A esta luz, la profecía
de Malaquías, últimas palabras del Antiguo Testamento, adquiere tintes
apocalípticos: “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el
Día de Yahveh, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres a los
hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la
tierra de anatema” [Malaquías 3, 23-24; Mateo 17, 10-13; Lc 1, 17],
32) En nuestro mundo, los
hombres irreligiosos y antirreligiosos tuvieron antepasados religiosos. Hay,
junto con la rebelión contra el Dios Padre, una rebelión contra los propios
padres. El corazón de los hijos se ha vuelto contra los padres y el corazón de
los padres se ha vuelto contra los hijos. Se han instalado, legalmente, el
aborto y la eutanasia. El abandono de los niños en el hogar, la guardería o la
calle. Y el abandono de los padres en el hogar de ancianos.
33) Si tras la venida de
Cristo, que reconcilió todas las cosas con la sangre de su Cruz, – también a
los padres con los hijos y los hijos con los padres, como sucedió en el mundo
de la cultura católica -, si tras la venida de Cristo, – digo -, el hombre
vuelve a rechazar a Cristo y al Padre, como hace la modernidad, los hombres vuelven
a enemistarse con Dios Padre y entre sí. Lo estamos viendo.

34) Pero así ya no hay posibilidad de una nueva reconciliación.
Entonces, la única perspectiva que queda, es la de una tierra herida por el
anatema. Un anatema que los hombres pudieron haber evitado pero rehusaron
libremente evitar. Un anatema que libremente eligieron, mal usando su libertad
para rechazar el Bien. Ese Bien es una Persona, el Padre, que nos envió al Hijo
y ambos su Espíritu Santo. La fe nos introduce en una relación vital con ellos,
fuera de la cual no hay Bien para el ser humano, ni puede alcanzar éste el Bien
adecuado a su esencia.                                                                                    

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