EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS [5 de 6]
LA VENIDA DE DIOS MISMO, EN PERSONA

¡MÍRENLO AHÍ! 

El Evangelio se llama así porque en el idioma griego en que fue escrito,euangelion quiere decir buena noticia. Lo que anuncia el Evangelio como buena noticia es la presencia de Dios. 
La venida de Dios en persona había sido anunciada por los profetas en el Antiguo Testamento.

En el Nuevo Testamento, Jesucristo se presenta a sí mismo como la realización de esa venida preanunciada. Desde Jesucristo Dios se hace presente “en persona”, inaugurando así la nueva era de la historia humana: el Nuevo Testamento. Eso es lo que anunció Juan el Bautista y eso es lo que anunciamos en la Iglesia

1. Anuncio de la venida de Dios mismo en el Antiguo Testamento
Si tomamos como ejemplo el libro del profeta Isaías, encontramos en él numerosas frases que aluden a la venida de Dios y a una presencia suya sin intermediarios. Citemos algunas:
– “Fue Él su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel, Él mismo en persona los liberó” (63,9)
– “¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses” (63,19)
– “Su presencia es pavorosa para los malos” (2,10.19.21)
– “Vendrá el Señor” (4,3); “El Señor mismo” (7,14)
– “Al Rey Señor de los Ejércitos han visto mis ojos” (6,4)
– “Aguardaré al que esconde su rostro” (8,17); “La tierra se llenará de su conocimiento”(11,9); “El Señor volverá a mostrar su mano” (11,11)
– “He aquí a Dios mi salvador” (12,1); “Ahí tenéis a vuestro Dios” (25,9); “Ahí está vuestro Dios, ahí viene el Señor con poder” (40,9-10); “No he dicho que me busquen en vano” (45,19)
– “Con sus propios ojos ven el retorno del Señor” (52,8)
– “Me he dejado encontrar y hallar por quienes no me buscaban” (65,1)
– “Tú te haces el encontradizo” (64,4)


Ante esta insistencia en el tema de la venida de Dios en persona, se explica que el libro de Isaías se abra con la famosa profecía: “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce… me ha dado la espalda” (Isaías 1,3-4).


2. Anunciada a MoisésEsta venida de Dios en persona de la que habla Isaías es la misma que le había sido anunciada a Moisés en respuesta a su oración insistente: “habitaré en medio de vosotros… me pasearé en medio de vosotros” (Levítico 26,11-12). “Yo mismo iré contigo y te daré tranquilidad” -respondió Dios a la súplica de Moisés. Y Moisés le repitió: “Si no vienes Tú mismo, no nos hagas partir” (Éxodo 33,14-15). Moisés y Elías desearon ver el rostro de Dios: «¡Muéstrame tu rostro!» (Éxodo 33,18). Por eso, ambos pudieron verlo sobre el monte de la Transfiguración.


3. Personalización
Los salmos claman por esa manifestación de presencia y cercanía: por ejemplo: “haga brillar su rostro sobre nosotros!” (Salmo 67,2); “Dios en persona va a juzgar” (Salmo 49,6); “los rectos morarán en tu presencia” (Salmo 140,14).
Pero no sólo preanuncian la presencia de la encarnación ciertos textos aislados, aún siendo numerosos, tanto que no podemos soñar con elencarlos aquí. Todo el Antiguo Testamento, en su conjunto ofrece no solamente el uso universal de los antropomorfismos, sino una personalización gradual y creciente de los atributos divinos, como son su Palabra, Sabiduría, Justicia, Fidelidad, Amor, Nombre. En esos usos del Antiguo Testamento, han visto los hagiógrafos del Nuevo y ha visto la Iglesia, preanuncios de la Encarnación.


4. Salmo 85: Un Dios que besa y abraza
Queremos poner un solo ejemplo, refiriéndonos a un texto que pasa generalmente inadvertido debido a las traducciones corrientes. El Salmo 85 (el que comienza con las palabras “Señor has sido propicio a tu tierra…”) es todo él una petición de esa Presencia benéfica, por la cual el salmista clama y suspira: “Muéstranos tu amor y tu salvación” (v.8): “quiero escuchar lo que dice Dios” (v.9). La oración de deseo de presencia y encuentro, se transforma de pronto en una profecía de la venida de Dios en persona, a partir del versículo décimo: “Su Gloria habitará en nuestra tierra…” Y continúa: “Amor y Lealtad son encontrados: Justicia y Paz besan; Lealtad germina de la tierra; Justicia se asoma desde el cielo”. Estos dos versículos (11-12) contienen una serie de nombres de atributos divinos personificados y convertidos en nombres de Dios. Las acciones que se atribuyen a estas personificaciones son elocuentes en el original hebreo. Los verbos en hebreo están en activa y pasiva y no tienen el sentido recíproco que sugieren algunas versiones castellanas: “amor y lealtad se encuentran, justicia y paz se besan”; como si los atributos se saludaran entre sí, o se conciliaran ideas opuestas o mal avenidas. Amor y Lealtad se encuentran, ha de entenderse en el sentido de son encontrados, en voz pasiva. Y este encuentro se expresa en hebreo con un verbo (pagash) que sólo se usa para el encuentro entre personas. Justicia y paz, besan, con un verbo en voz activa.
Esta traducción fiel y literal del hebreo que proponemos siguiendo la interpretación de la antigua versión siriaca Peshitta y comentaristas antiguos y modernos, muestra al salmista describiendo proféticamente la encarnación: el encuentro de Dios en persona con los hombres.
Justicia y Fidelidad, Amor y Lealtad, no son ideas, como tampoco Dios lo es. Son, Es Alguien. Alguien que uno se encuentra, que se toca, que te besa y te abraza: Presencia de Dios real y en persona.


JESÚS: DIOS HECHO HOMBRE, DIOS PRESENTE
Estos antecedentes del Antiguo Testamento eran referencias indispensables para comprender ahora el contenido de la predicación de Jesús.
Tal como se nos narra en los evangelios, la predicación de Jesús es de una laconicidad impresionante y a la vez intrigantemente escueta. San Marcos la resume en su evangelio en dos versículos: “Marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se aproximó, convertíos y creed en el evangelio” (Marcos 1,14-15).
Jesús puede permitirse ser tan breve porque lo que quiere no es tanto comunicar una doctrina, cuanto señalar una presencia. Dios está presente. Dios, en persona, está aquí. La proclamación de este acontecimiento es el evangelio: buena noticia, buena nueva.
“El tiempo se ha cumplido”: es decir, ha llegado la hora que anunciaban los profetas, el día que ellos llamaron “Día de Yavé”. Dios mismo ha venido. Se ha hecho próximo: prójimo. Dios se aprojimó.
“El Reino de Dios”, es una circunlocución por “Dios Rey”. Esto puede comprenderse a la luz de lo que gritan quienes reciben a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Recibiendo al Rey que viene le gritan: “Bendito el Reino que viene…” (Marcos 11,9). Cuando viene el Rey, es su reinado el que llega junto con él. Por lo tanto, Rey y Reino son nombres intercambiables. Y en este caso son nombres de Dios, quien, como es sabido es llamado Rey (Cfr. Isaías 6,4: “Al Rey Yavé Sebaot han visto mis ojos”). Cuando Jesús anuncia que se ha aproximado el reino de Dios, está diciendo que Dios-Rey se ha aproximado. Por eso, la presencia de Dios, su Reino, podemos entenderla en el sentido de Realidad de Dios. “Reino de Dios”, indica, como dicen los exegetas: 1) la realeza o dignidad regia de Dios; 2) el reinado o espacio de tiempo que abarca el gobierno de un rey; 3) el reino o estado, nación, territorio sobre el cual reina. Pero además de reino, reinado, realeza, la expresión Reino de Dios, designa a Dios-Rey mismo; a Dios en persona. Podríamos decir: la realidad de Dios, Dios mismo.
Pero no basta que Dios se haga presente. Su presencia debe ser advertida y reconocida por los hombres. Y para esto son necesarias dos cosas que Jesús pasa a imperar a continuación: “convertíos y creed”. Jesús las exige porque son necesarias para reconocer la presencia de Dios. Dios está presente. ¿Quieres verlo? ¿Quieres reconocerlo? conviértete y cree.


Conversión y Apostasía
Conversión y Apostasía son términos correlativos. Es bueno tenerlos en cuenta. Porque ellos nos permiten comprender hechos que nos rodean y que no comprenden los que ignoran estas cosas. Nos referimos a la conversión, pero sobre todo al fenómeno correlativo de la apostasía, que es un hecho muy común y sin embargo, por lo general, inadvertido.
Si convertirse es volverse a, hacia, apostatar es apartarse de. Volverse a Dios es convertirse. Apartarse de Dios después de haberse convertido a Él, es apostatar.
Convertirse y apostatar son, pues, dos acciones que sólo se entienden respecto de Dios; del Dios real, presente. Por eso para hablar de conversión y apostasía es necesario establecer lo que es la presencia de Dios, Dios presente. Esta presencia es la que anuncia el mensaje evangélico y por la cual merece el nombre de Buena Noticia.
La Iglesia Católica es una Religión de la Presencia.
Todo el culto católico gira alrededor de la Eucaristía donde Dios hecho hombre y resucitado se hace presente y permanece presente en el Sagrario. Sinagogas y Mezquitas tienen su centro en el Libro Sagrado. Nuestros templos tienen su centro en la presencia de Jesús resucitado.
La apostasía para judíos y musulmanes significa apartarse del libro, para nosotros es apartarnos del Dios vivo que se nos hizo presente en Jesús.


EJERCICIOS
1) Lea el capítulo 33 del libro del Éxodo, notando las expresiones que se refieren al deseo de la venida de Dios en persona, y a la visión de Dios.


2) Lea Isaías 40,1-11 notando las expresiones que se refieren a la venida de Dios y a la alegría del mensajero que trae la noticia (Evangelio)


3) Lea en el libro del Profeta Malaquías, capítulo 3,1-24 notando las expresiones referidas a la venida de Dios: 1º) al templo; 2º) a su pueblo; 3º) a juzgar.


4) Lea el evangelio de Marcos 1,1-9 notando las referencias a las profecías, y las expresiones relativas a la venida de Dios, del Bautista y de Jesús.

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