EL LENGUAJE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS (2 de 5)

La Contemplación de la Luz divina: 
El divino Nombre: Luz 
Pseudo Dionisio Areopagita 

“Aquí me limito a celebrar el término “luz” inteligible aplicada al Bien. 
 Se llama luz intelectual al Bien porque ilumina toda inteligencia supra-celeste y porque con su luz arroja toda ignorancia y error que haya en el alma. 
      Purifica los ojos de la inteligencia ahuyentando la bruma de la ignorancia que los envuelve: despierta, abre los párpados cerrados bajo el peso de las tinieblas.
Les concede primero un mediano resplandor, luego, cuando los ojos se han acomodado a la luz y la apetecen más, les va dando con mayor intensidad: “porque amaron mucho” (Luc 7, 47). 
      Después no cesa de estimularlos a avanzar a medida que ellos se esfuerzan por elevar su mirada a las alturas.
Se llama “luz de la mente” aquel Bien que está sobre toda luz, como manantial de luz y foco desbordante.Con su plenitud inunda de luz toda inteligencia, sea en este mundo en el universo o en los cielos. Todas las cosas se renuevan con tal luz. 
      En su inmensidad las contiene todas, a todas precede y supera por su trascendencia. En Él todas se agrupan y contiene en su simplicidad todo principio de iluminación, pues es fuente de luz y la trasciende.
Es más que luz, y en este bien se concentra toda razón e inteligencia. Como la ignorancia dispersa a los que yerran, así la presencia de luz en la inteligencia, reúne cuantos la reciben.
Los perfecciona, los dirige al Ser que es de verdad.
Los aparta de muchos errores, los llena de luz purificadora. Concentra su variedad de opiniones en un verdadero, puro y simple saber. Lo llena todo de luz unificadora. 
[De Los Nombres de Dios = De divinis nominibus, Cap. 4] 
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 “Nosotros, que hemos levantado religiosamente los ojos a las fuentes de esos ritos (del culto sacramental) y estamos santamente iniciados en ellos, reconozcamos los misterios que las impresiones sensibles representan y las realidades invisibles expresadas con imágenes visibles. 
       He demostrado ya con claridad en mi obra Lo inteligible y lo sensible [abarca la Jerarquía Celeste y la Eclesiástica] que los símbolos sagrados son realmente expresión sensible de realidades inteligibles. Muestran el camino que lleva a los inteligibles, que son el principio y la ciencia de cuanto la jerarquía representa sensiblemente. 
       Decimos, pues, que la Bondad de Dios, permaneciendo siempre semejante e idéntica sí misma, prodiga bondadosamente los rayos de su luz a quien los ve con los ojos de la inteligencia.
Puede ocurrir, sin embargo, que los seres inteligentes, llevados del apetito del mal, que obstruye los ojos de la mente, privándola de su natural capacidad de percibir la luz. 
      Se apartan a sí mismos de esta luz que se les ofrece sin cesar y que, lejos de abandonarlos, resplandece ante sus ojos miopes. Luz que con su bondad característica los sigue presurosa, aun cuando se alejen de ella.
Puede ocurrir también que estos seres traspasen los límites razonablemente asignados a su misión y se atrevan a imaginar que pueden efectivamente mirar los rayos que trascienden su capacidad visual. 
       No actúa aquí la luz contra su propia naturaleza de luz.
Más bien el alma, ofreciéndose imperfectamente a la Perfección absoluta, fracasa en su ambición de conseguir realidades que no están a su alcance. Su arrogancia les privará incluso de lo que está a su disposición. 
        Sin embargo, la luz divina, como he dicho, llevada de bondad, nunca deja de ofrecerse a los ojos de la inteligencia, ojos que deben captarla, pues allí está siempre lista a entregarse. Tal es el modelo. A ejemplo de esta luz, el obispo reparte a todos generosamente los brillantes rayos de sus inspiradas enseñanzas. 
      A imitación de Dios, siempre está dispuesto a iluminar a quien se le acerque, sin enojarse falto de piedad, ni reprenderle por previas apostasías o transgresiones. A todo el que se acerque da su luz orientadora pacíficamente, cual corresponde al jerarca de Dios y en la medida que cada cual está dispuesto a recibir lo sagrado. 
 [La Jerarquía Eclesial = De Ecclesiastica Hierarchia, Cap. 2, Nos. 2-3] 

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