EL LENGUAJE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS (4 de 5)

lA JERARQUIA ECLESIÁSTICA COMUNICA Y TRASMITE LA LUZ DIVINA 

Dionisio Areopagita:

«habiendo contemplado religiosamente, en cuanto es posible, iluminados por el conocimiento de lo que hemos visto podemos ser consagrados en la ciencia mística y a nuestra vez consagrar en ella a otros. Revestidos de luz e iniciados en la obra de Dios [¡la Encarnación!] alcanzamos la perfección y perfeccionamos a otros»



Piadosísimo hijo espiritual. Nuestra jerarquía (eclesiástica) es una ciencia, actividad y perfección divinamente inspirada y estructurada. Por medio de las santísimas y trascendentes Escrituras, se lo demostraré a quienes ya están iniciados con santa consagración en los misterios jerárquicos y tradiciones.


Pero pondrás empeño en no traicionar al Santo de los santos. Muéstrate respetuoso con los misterios de Dios en tus pensamientos invisibles.
No expongas los misterios sagrados a la irreverencia de los profanos. Comunícalos santamente con la debida ilustración, sólo a personas santas. En efecto la Sagrada Escritura nos muestra a nosotros, sus seguidores, que Jesús ilumina de este modo – si bien que con mayor claridad y entendimiento – a nuestros santos superiores. El, que es inteligencia divina y supraesencial, Principio y subsistencia de toda jerarquía, de toda santificación de toda operación divina, el Omnipotente. Los asemeja en cuanto es posible por parte de ellos, a su propia luz de Él. Respecto de nosotros, gracias al deseo de la belleza que nos eleva hacia Él, unifica nuestras múltiples diferencias. Unifica y diviniza [ver nota final] nuestra vida, hábitos y actividad. Nos capacita para ejercer el santo sacerdocio.


Teniendo pues acceso a la práctica sagrada del sacerdocio, nos acercamos a los seres superiores. Imitamos, dentro de nuestras posibilidades, la indefectible constancia de su santa estabilidad y llegamos a ver el santo y divino Rayo luminoso de Jesús mismo. Luego, habiendo contemplado religiosamente, en cuanto es posible, iluminados por el conocimiento de lo que hemos visto podemos ser consagrados en la ciencia mística y a nuestra vez consagrar en ella a otros. Revestidos de luz e iniciados en la obra de Dios (la encarnación) alcanzamos la perfección y perfeccionamos a otros.

Ya he escrito de las jerarquías (celestes), ángeles, arcángeles, principados trascendentes, virtudes, dominaciones, tronos divinos, de los seres llamados en hebreo querubines y serafines, que son del mismo rango (coro) de los tronos. De éstos dice la Escritura que están constantemente y para siempre cerca de su Dios en su (inmediata) presencia.



Escribí sobre el orden sagrado y clasificaciones de sus rangos y jerarquías […] Sin embargo, queda por tratar cómo aquella y cualquier otra jerarquía, incluida la que estamos alabando ahora, tiene uno y el mismo poder a través de sus funciones jerárquicas. El jefe de cada jerarquía, en efecto, en la medida que lo requiere su ser, misión y rango, se ilumina y deifica. Comparte luego con sus inferiores, según que ellos lo merezcan, la deificación que él recibe directamente de Dios. Los inferiores por su parte obedecen a los superiores a la vez que estimulan el avance de los propios subalternos, guiados por ellos. Así, gracias a esta inspirada y jerárquica armonía, cada uno según su capacidad, participa lo más posible en Aquél que es hermoso, sabio y bueno. […]



Según nuestra venerable y santa tradición, la jerarquía manifiesta plenamente todo cuanto en ella contiene […] Jerarca es el hombre santo e inspirado, instruido en ciencia sagrada. Aquél en quien toda la jerarquía halla perfección y ciencia. 


Principio de esta jerarquía es la fuente de vida, el ser de bondad, la única causa de todas las cosas, la Trinidad que crea con su amor todo ser y bienestar. Esta bienaventurada Deidad, que trasciende todas las cosas, una y trina, por razones incomprensibles para nosotros, pero evidentemente para sí, ha decidido darnos la salvación y también a los seres superiores a nosotros. Pero nuestra salvación sólo es posible por deificación, que consiste en hacernos semejantes a Dios y unirnos con Él en cuanto nos es posible”


NOTA: Deificación o divinización (gr.: Theiósis) lograda por la unión, que quiere decir unicidad, hacerse uno con el Uno, es según Dionisio la meta de todo cristiano, basándose en Juan 11, 52; 17, 20-23; 2 Pe 1, 4; 1 Juan 3, 2.

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