HÁGASE TU VOLUNTAD (2)

GALERÍA DE DESOBEDIENCIAS
10) La primera desobediencia es la de Eva y Adán. Eva oye a la serpiente, desoye a Dios y Adán por escuchar a Eva desoye a Dios.11) La desobediencia del Pueblo elegido al profeta Moisés, es arquetipo de la rebeldía del pueblo a la voluntad de Dios, que se manifestará en la desatención a la voz de Dios trasmitida por los profetas.
12) Entre esas múltiples y frecuentes desobediencias está la desobediencia que incuba en el pedido al juez y profeta Samuel de que Dios les de un rey. De esta desobediencia del pueblo que pide un rey, nacerá la desobediencia de su rey Saúl, que escucha al pueblo en vez de escuchar a Dios que le había hablado a través de Samuel.
13) A la desobediencia del rey Saúl le presta la Sagrada Escritura especial atención y la trata atenta y largamente. Aquí la enseñanza de la Escritura acerca de la naturaleza de la desobediencia alcanza una cumbre: Desobedecer a Dios es como un pecado de idolatría
14) La mayoría de los reyes de Israel y de Judá fueron desobedientes. Hasta Salomón, lo fue al final de su vida. Es debido a esa interminable cadena de desobediencias de los reyes y de idolatrías del pueblo, que Israel y luego Judá son llevados al exilio y a la esclavitud lejos de la tierra prometida.
15) Esta situación de rebeldía universal es la que pinta san Pablo en la Carta a los Romanos. No hay un justo ni uno solo (Rom 3,10; ver Sal 14,1) «Dios nos encerró a todos en la cárcel de la desobediencia para tener con todos misericordia» (Rom 11, 32).

DIOS NOS HABLÓ DE MUCHAS MANERAS
Y POR FIN EN SU HIJO…
16) Leemos en la Carta a los Hebreos: «Dios, que de muchas maneras y de diversas cosas había hablado en el pasado a nuestros Padres, por medio de los profetas; en estos últimos días nos habló por medio de su Hijo» (Hebreos 1,1-2).
17) Si obedecer a Dios tiene que ver con escuchar a Dios, parece lógico que para cada forma de hablar de Dios corresponderá una forma diversa de obediencia. Y cuanto más perfecta es la forma de hablar, tanto más perfecta ha de ser la forma de escuchar y de obedecer.
18) Una es la forma de hablar que tuvo a los patriarcas. A esa forma de hablarles corresponde la obediencia de ellos y de sus familias. Otra es la forma de hablar que tuvo Dios con Moisés, cara a cara, en el Sinaí y en el Tabernáculo. Arón y María murmuran contra él diciendo: «¿Es que el Señor no ha hablado más que a Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?» (Núm. 12, 2).
El Señor los corrige: «Escuchad mis palabras: si hay entre vosotros un profeta, en visión me revelo a él y hablo con él en sueños. No así con mi siervo Moisés, él es de toda mi confianza al frente de mi casa; cara a cara, boca a boca hablo con él, abiertamente y no en enigmas y contempla la imagen del Señor. ¿Por qué habéis osado hablar contra mi siervo Moisés?» (Núm. 12, 6-8).
A esta forma de hablar corresponde también la forma de obedecer, como siervo, de Moisés, que fue el más humilde de los hombres, y el más fiel de los servidores de Dios, hasta que advino el Hijo: «Moisés – como lo llama el Señor: mi siervo Moisés – era un hombre humilde más que hombre alguno sobre el haz de la tierra» (Nm.12, 3).
19) Más tarde hablará Dios a los profetas para recordar su Alianza a su pueblo y sobre todo a los reyes impíos y reclamar de ellos la pureza del culto, la obediencia debida a la Ley de la Alianza del Sinaí.
20) Pero la forma perfectísima de hablar, es la que tiene el Padre con su Hijo y la que su Hijo, que es su Palabra, nos comunica por voluntad del Padre. Él es el Hijo obedientísimo y que nos enseña el camino de la obediencia filial. Es tan perfecta su obediencia a la Palabra del Padre, que el Hijo mismo es la Palabra del Padre. Él es de Dios y por eso escucha su Palabra: «El que es de Dios – el hijo engendrado por el Padre – escucha la palabra de Dios» (Juan 8, 47) En él se dice, se expresa, se espeja el Padre, en forma perfectísima. Jesús dice: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Juan 14, 9) y análogamente afirma que «El que me oye a mí oye al Padre» cuando dice en otras palabras: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado» (Juan 7, 18). Él solamente puede obrar lo que ve obrar a su Padre y las obras que recibe de su Padre: «El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre» (Juan 5, 14).

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