SANTIFICADO SEA TU NOMBRE (3)

ÍCONOS BÍBLICOS DE LA SANTIDAD



17)
Santo Santo Santo, cantan los serafines en la visión de Isaías (6, 3), expresando e interpretando lo que Isaías ve: a Dios sentado en un trono excelso y elevado, (aposentado en su trascendencia inaccesible, en el trono de su trascendencia), pero el borde de cuyo manto llena el templo (haciéndose así cercano y accesible al suplicante). El gesto de los suplicantes en la antigüedad era aferrarse al borde del manto para impetrar un favor.
18) Esta misma combinación de lejanía ontológica y cercanía existencial se refleja en el dicho del libro de la Sabiduría que comprende la misericordia como expresión de la omnipotencia:




«Tú te compadeces de todos porque todo lo puedes» (Sb 11, 23). El creador es el salvador. El omnipotente es el aliado por amor de elección y predilección.
19) Yahvé es Dios del cielo y de la tormenta, creador y todopoderoso, soberano absoluto. Los cielos, la tormenta, el mar, los vientos, el terremoto, son epifanías de su Creador y Señor. Sin embargo, ni su poder, ni su libertad, pueden decirse sus atributos característicos o fontales. Lo característico del Dios bíblico es ser un Dios de Alianza, o sea un Dios que se vincula por amistades y compromisos con hombres y se comporta como El Dios Pariente [Go’el], o el Dios de los Patriarcas. El ámbito privilegiado de su epifanía es el de lo interpersonal. El Dios Pariente asegura los bienes de la promesa: la libertad, la tierra, los hijos, la vida. Es el vengador de sangre, el libertador de los esclavos, el levir, el que rescata la tierra. Como dice Isaías: «Tu redentor (=goel] es el santo de Israel» (Isa 41, 14)

20) El nombre «Yo soy el que soy» revelado a Moisés (Ex 3, 14) incluye el sentido «Yo soy el que está», ya que el verbo hebreo hayah significa «ser y estar». Un estar que implica una presencia activa: «Estuve con vuestros padres y estaré con vosotros». El que se revela en la zarza como el Dios de los antepasados, se revela inmediatamente como «El que es, está y estará» actuando en favor de su pueblo elegido. Ese aspecto lo explicitará en Isaías cuando revela su nombre Emanuel, «Immanu-El» = «Dios [está, estará] con nosotros» Este nombre es la fórmula de asistencia, propia de los contextos de guerra santa, en los que Dios promete intervenir activamente en la vida del pueblo como su Go’el, su pariente fiel y poderoso: Dios de los ejércitos, vengador de sangre, garante de la libertad, la vida en la tierra..

20b) Otrosí: Dios dice por Isaías: «Los cielos son mi trono y la tierra el escabel de mis pies» (Isaías 66, 1-2). Los cielos dicen la grandeza de Dios y de su poder que gobierna los astros: «El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento pregona la ora de sus manos» (Salmo 18, 2). La tierra, escabel, habla de su cercanía providente, sabia y amorosa a los hombres que la habitan. Está por un lado la epifanía uránica de Dios y por otro su epifanía amorosa, en el orden de los vínculos interpersonales, familiares.
Nota: Los cielos y la tierra son testigos invocados por Dios en sus alianzas con Israel (Deuteronomio 4, 26) porque el cielo y la tierra, que son «la obra de sus manos» (Salmo 101, 26), dan testimonio del poder y la grandeza de Dios, tanto como la Alianza muestra su cercanía por el amor de predilección, la elección, la vocación y la misión. Los cielos y la tierra pasarán, pero las palabras de Cristo no pasarán (Marcos 13, 31; Lc 21, 33; Mt 24, 35). Isaías 66, 1-2 es alegado por Jesús para prohibir el juramento por el cielo o la tierra (Mateo 4, 34s) El cielo y la tierra, creaturas cuyo ser tiene apoyo en la palabra de la Verdad. El versículo de Isaías es citado por el mártir Esteban (Hechos 7, 49).
Las epifanías cósmicas quedan así subordinadas a la epifanía en lo interpresonal, como la suprema revelación de Dios: caridad.
21) El Salmo 98 tiene la estructura de un trisagio: proclama tres veces la santidad de Dios. En él alternan la adoración por la grandeza y la alabanza por sus intervenciones históricas de amor a su pueblo.
«El Señor reina tiemblen las naciones; sentado sobre querubines, vacile la tierra; 2 grande es Yahveh en Sión. Excelso sobre los pueblos todos; 3 loen tu nombre grande y venerable: santo es él. 4 Poderoso rey que el juicio ama, tú has fundado el derecho, juicio y justicia tú ejerces en Jacob. 5 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies: santo es él. 6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre aquellos que su nombre invocaban, invocaban a Yahveh y él les respondía. 7 En la columna de nube les hablaba, ellos guardaban sus dictámenes, la ley que él les dio. 8 Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías, Dios paciente eras para ellos, aunque vengabas sus delitos. 9 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante su monte santo: santo es Yahveh, nuestro Dios.
22) Las obras de la creación muestran mejor la trascendencia divina y las obras de la salvación su cercanía providente y amorosa. La creación de la nada, la inmensidad del cielo y el universo creado, las desmesuradas dimensiones del espacio y del tiempo de la obra creadora, hablan de la grandeza y la trascendencia del creador, que ni es interior, ni coextensivo, ni se confunde con su obra de creación
23) De la cercanía amorosa de Dios, habla la conservación de la creación en el ser, la providencia en el gobierno mediante las leyes físicas y naturales, mediante la revelación de sí mismo y del orden moral, de su nombre Goel: pariente providente, que prepara la revelación del Padre a través de la encarnación del Hijo.
24) Ambos aspectos se reflejan ya en el primer relato de la creación, concebido como la preparación de un gran banquete, que culmina en una comida de comunión, en el que Dios sirve de comer a sus invitados a la existencia (Gn 1,29)
25) Jesús retoma la revelación de la creación como banquete y lo explica como prefiguración del banquete de bodas del Hijo, que revela los desposorios de amor de Dios con la creatura, del trascendente con lo contingente e inmanente. Del Increado con sus creaturas.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
EL PADRE NUESTRO (2)

¡QUE TE DES A CONOCER COMO SANTO…
EN NOSOTROS!



1) La primera petición del Padre Nuestro es el primer deseo del Corazón Filial.
El Hijo vive de cara al Padre y su ser personal, podríamos decir, consiste en conocer al Padre.
El Hijo es conocimiento del Padre. El Hijo es ciencia del Padre. El conocimiento del Padre es el ser del Hijo; que es engendrado por vía de divino conocimiento.
Verbo mental del Padre para distinguirlo, de alguna manera, de nuestra palabra: vocal o bucal. Verbo consubstancial al Padre, para distinguirlo de nuestros conceptos, accidentales y no substanciales.
[Nota explicativa: Accidental: quiere decir que puede ser o no ser, estar o no estar, suceder o no suceder, sin alteración sustancial de un ser. Sustancial: es lo perteneciente a la sustancia de un ser]
Verbo interior, consubstancial, por el cual el Padre se dice enteramente a sí mismo, al Hijo y en el Hijo, de manera perfecta y necesaria.


2) El primer deseo del corazón filial, manifiesta el ser filial.

Y si lo conocemos, – y en la medida en que se nos vaya dando un corazón de hijo lo iremos conociendo más, reconociéndolo dentro de nosotros en una semejanza creciente -, también nosotros anhelamos que el Padre sea conocido. Y comprendemos que el Padre quiere mostrarse en nosotros haciéndonos semejantes a él. En la medida en que somos hijos anhelamos que nadie se pierda la dicha de ser hijo, de vivir como el Hijo: dando gloria al Padre en sí mismo. Siendo, nosotros, como «lugar» donde la gloria del Padre se hace visible y manifiesta.

Por ser, el Hijo, eterno conocimiento del Padre, – decíamos – nada hay en el Hijo que no esté en el Padre, ni nada hay en el Padre que no se diga en el Hijo. Por eso, el Hijo anhela que el Padre se diga en su Verbo que es el Hijo mismo.

Él es el conocimiento que el Padre tiene de sí.
Él es la Palabra en la que el Padre se dice perfectamente.
Y el Hijo quiere inculcarnos la misma pasión humana, la que tuvo como hombre. La pasión humana del Verbo encarnado. ¡Que el Padre se muestre santo a sí mismo en el Hijo, en los hijos! ¡Que el Padre manifiesta su santidad en sus hijos, pues es allí donde ha querido manifestarla!
3) Este deseo no se expresa en forma imperativa ¡Santifica tu nombre! Pues no es una orden sino un pedido El pedido de un hijo a su papá. ¡Que te des a conocer como santo! Así se expresa el ansia de la revelación del Padre inseparable de la revelación del Hijo y de la condición filial de los hijos: «Que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo» (Jn 17, 3).
Un conocimiento que no es puramente teórico, sino existencial: «mis ovejas me conocen a mí como me conoce el Padre y yo a él» (Jn 10, 14-15). Que se consume la revelación de las personas divinas y de sus creyentes: «Nadie conoce quién es el Hijo [¡ni quién es hijo!] sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar» (Lc 10, 22)
4) Porque, naturalmente, la santidad del Padre no puede manifestarse sino en su Hijo y en sus hijos. Es decir en los discípulos de su Hijo, que aprendan del Hijo a vivir como el Hijo, a vivir como Hijos.
Que reciban del Hijo el conocimiento del Padre, que es la vida eterna: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti y a tu Hijo y enviado» (Jn 17, 3).
5) Por eso la primera petición del Padre Nuestro ha de entenderse como un ruego de que el Padre se muestre santo en su Hijo y en sus Hijos, los discípulos del Hijo. Que engendre a sus hijos a su imagen y semejanza, en la misma santidad y justicia filial que se manifestó en su Hijo encarnado. Vivo reflejo de la santidad del Padre. «El que me ha visto a mi, ha visto al Padre» (Jn 14,8). El que ve a un cristiano verdadero, ve al Padre que lo engendra.
6) La primera petición pide por lo tanto, que el Padre, Agente de santificación, Fuente de toda santidad, manifieste su santidad en sus hijos, en mí mismo y en los demás. Que el Padre nos engendre como hijos suyos. Que ¡todos! los hombres puedan conocer la santidad del Padre espejada en nosotros. Dicha obra la lleva a cabo el Padre por comunicación de su misma santidad al engendrarlos en una divina regeneración: comunicación de su vida divina que es amor: caridad, justicia, santidad.
En esta petición se expresa un deseo que también podría expresarse así: «Padre, muéstrate santo en nosotros». Que quien nos vea, vea en nosotros hijos de Dios, seres divinos, en que se refleja tu gloria. Santifícanos para mostrar tu santidad en nosotros. Que seamos un reflejo de tu bondad y de tu gloria. Que todo nuestro ser sea recibido de Ti y seas Tú quien resplandezcas en nosotros.

ORACIÓN AL PADRE
¡Padre, engéndranos, en esta hora, y en cada hora;
en este día, y en cada día!
Queremos recibir el ser de Ti
siempre y en cada momento
aquí sobre la tierra; y en el cielo eternamente,
para que podamos glorificarte como Tú lo mereces.
Danos el ser, el ver, el oír, el pensar, el entender,
el querer tu voluntad, el recordar tu caridad,
el quererte sobre todas las cosas.
Oh Tú Padre, fuente de caridad,
de donde venimos y hacia donde vamos.
Gozo nuestro y paz nuestra. Felicidad nuestra.
Te adoramos, te alabamos, te bendecimos.
No tenemos felicidad fuera de Ti.
Darte gloria es la bienaventuranza de tus hijos.
No nos dejes caer en la tentación
en esta civilización de la acedia
en la que nos has colocado,
que se entristece por nuestras alegrías.
Líbranos del Malo.
Que nada pueda su tristeza contra el gozo de tus hijos.
Para que nada empañe tu gloria
y la que le diste a tu Hijo Jesucristo. Amén.

JESUCRISTO: EL ENCANTO Y EL PODER DE SU PALABRA
por EUGENIO ZOLLI

UNA PREDICACIÓN ARREBATADORA

1) Jesús el Rabino, el Nazareno

1) Las agudezas rabínicas que despliega Jesús en la parábola del sembrador, [véase la primera entrada en el archivo del blog: «Salió el sembrador a sembrarse»] asombraban a los que oían su predicación. Jesús fue pronto reconocido por sus discípulos como Rabbí, es decir, como Maestro de la Escritura y expositor de sus sentidos. Jesús se mostró durante toda su vida como «el escriba instruido en el Reino de los Cielos, que se parece al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas» [Cfr. Mateo 13,52; 24,45].
2) Pero lo hacía, además, en forma no sólo ingeniosa sino fascinante. No sólo deslumbraba las mentes con la revelación de sentidos escondidos hasta entonces, sino que cautivaba los corazones con la hermosura del misterio al que hacían asomar sus dichos: “Abriré en parábolas mi boca, declararé cosas ocultas desde la creación del mundo” [Salmo 78,2 aplicado por Mateo 13, 35 a la predicación en parábolas de Jesús].
3) Israel Zolli, el gran rabino de Roma que se convirtió durante la Segunda Guerra Mundial dedicó un estudio al título «Jesús Nazareno».[Se bautizó con el nombre de Eugenio, en homenaje, al Papa Pío XII, Eugenio Pacelli]. Zolli concluye que el título “Nazareno” significaba “predicador”. Pero no cualquier predicador, sino un predicador popular que cautiva y conmueve, que arrebata a su auditorio y lo eleva hacia Dios y hacia la conversión con el vuelo poético de su enseñanza. [Eugenio Zolli, Mi encuentro con Cristo, (Ed. Patmos, Madrid 1948) pp. 106- 144].
“La personalidad del Predicador excedía con mucho el oscuro lugar de origen de su familia. Jesús era para las masas no el nazaretano, sino el Nazareno , el Predicador” [Eugenio Zolli, O.c., p. 137]. “Para la elocuencia declamatoria, el término arameo usado entonces era precisamente netsar”.[O.c., p.139].
4) Si Jesús asombró a los maestros de la ley en el Templo ya a los doce años con sus originales preguntas y respuestas sobre los sagrados textos, nos podemos imaginar lo que sería no ya la explicación, sino el anuncio del cumplimiento de las Escrituras, cuando lo proclamaba en la madurez de su misión y en la plenitud de una percepción madura y entusiasta, desbordante del Espíritu derramado sobre su santísima humanidad y que de ella manaba a raudales. [El kerygma es por definición algo que se grita, se proclama en voz alta, como el almuecín desde los minaretes de la mezquita].
¿Nos podemos imaginar al Logos Poeta hablando, en poesía, de la belleza de Dios, de la que nadie sino él era testigo? ¿No es acaso su vida misma el más hermoso poema que haya vivido hombre alguno? De él se pudo decir no solamente que “jamás un hombre habló como este hombre” (Jn 7, 46) sino que “jamás un hombre vivió como este hombre” [¿No es esto lo que dice san Juan evangelista cuando afirma: «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» Jn 1,4?].
¡De él se pudo decir más aún!: “que nadie vio jamás a Dios sino Él” (Juan 1,18; 3,11 ss). Es que en Jesús vida y palabra coinciden. Cuando Jesús interpreta las Escrituras no se limita a relacionar textos entre sí, los relaciona consigo mismo y los muestra cumplidos en sí mismo.
5) El Padre le comunicaba a Jesús una inteligencia de las Escrituras que le permitía no solamente leer en ellas la voluntad del Padre sobre Él, sino cumplirlas perfectamente, ya que, como Hijo perfecto, tenía hambre de obedecerle. «Mi comida es hacer la voluntad del que me envió» (Juan 4, 34). Jesús interpretó las Sagradas Escrituras con el mismo Espíritu Santo con que fueron escritas. [La Constitución Dei Verbum ha consagrado este hecho como norma para todo intérprete Nº 12]
6) Cuando Jesús crucificado dice «tengo sed» (Jn 19, 28), no lo dice porque estuviese sediento. No lo hubiese dicho sólo por quejarse. Hubiese sufrido en silencio su sed, como sufrió tantos otros tormentos. No. Jesús dijo que tenía sed “para que se cumpliera la Escritura”. Es decir, para hacer hasta el fin la voluntad del Padre acerca de él, premanifestada en ellas. En las Escrituras santas y divinamente inspiradas, el Hijo leía y reconocía, como en un libreto, o en una partitura, la voluntad del Padre referida a él. «Escudriñad las Escrituras en las que decís que tenéis vida eterna, ellas hablan de mí» (Jn 5,39s).
7) El “todo está cumplido” [«consummatum est» Jn 19, 30] que sigue al “tengo sed” – y que precede inmediatamente a la devolución de su espíritu al Padre, de quien lo recibiera -, se refiere a esa obediencia perfecta de Jesús a lo preanunciado acerca de él por el Espíritu Santo “en las Escrituras, Moisés, los Profetas y los Salmos” (Lc 24, 27. 44-48).

1.2) Mayor que Salomón el sabio y que Jonás el profeta
8) ¿De dónde le venía a Jesús esta abismal, vertiginosa comprensión de las Sagradas Escrituras? Glosando lo que el Catecismo de la Iglesia Católica dice acerca de la oración de Jesús [Catecismo de la Iglesia Católica Nº 2599], y aplicándolo a su inteligencia de las Escrituras, podemos decir que el Hijo de Dios hecho hombre de la Virgen, aparte de su ciencia divina, como verdadero hombre, aprendió a interpretar las Escrituras conforme a su corazón de hombre y al modo humano.
9) Lo hizo, en primer lugar, de su Madre, que conservaba el recuerdo de las palabras del Ángel Gabriel y el de todas las ‘maravillas’ del Todopoderoso y las meditaba en su corazón, relacionándolas con los misterios de la infancia de su hijo y de sus primeros pasos por la vida. Al referirle a Jesús las palabras del Arcángel, como lo debe haber hecho sin duda desde su más tierna infancia, María le comunicaba claves reveladas de interpretación de la Escritura; y de autocomprensión de su identidad de Hijo, a la luz de ellas. Jesús aprendió también a interpretar las Escrituras en las palabras y en los ritmos litúrgicos de la interpretación de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo.
10) Pero su interpretación brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a los doce años de edad: “yo debo estar en las cosas de mi Padre” (Lc 2, 49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la interpretación de las Escrituras en la plenitud de los tiempos. Y María, desde ese momento, aunque su hijo le siga estando sujeto en Nazaret, va a irse convirtiendo de Maestra en discípula que aprende y es enseñada.
11) Los evangelios registran que, por eso mismo, las enseñanzas de Jesús causaba extrañeza, desconfianza, resistencia (Mc 1,22.27; Mt. 7, 28-29). No era el conocimiento académico. Él las entendía y las interpretaba con exousía, con autoridad, con poder. Como lo hará San Pablo, el perfecto imitador de Cristo [“Mi palabra y mi predicación no fue con persuasivas palabras de sabiduría, sino con demostración de Espíritu y de fuerza; para que vuestra fe no estribara en sabiduría de hombres sino en la fuerza de Dios” 1ª Corintios 2, 4-5] . En Espíritu y Verdad. Eso no obstaba para que Jesús pudiese aplicar procedimientos de las escuelas rabínicas, como hemos visto al explicar la parábola del sembrador. Pero lejos de quedarse en la exposición de los sentidos y sentencias tradicionales y en el tono y estilo tradicional, él las entendía como guía de su vida, las iluminó viviéndolas, las explicó con su modo de vivirlas, y mostró cómo y qué decían acerca de Él.

1.3) El Nazareno
12) De ahí que, aunque sus discípulos lo llaman Rabbí, Maestro, las masas lo llamaron – como afirma Zolli – el Predicador (hanotsrí = el Nazareno).
13) Lo característico de la enseñanza de Jesús que se refleja particularmente en sus parábolas, – observa Zolli – no es pues una interpretación, en el sentido de una explicación intelectual, sino como un anuncio del cumplimiento. Como lo dice en la sinagoga de Nazareth: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc 4, 21).
14) Sobre esta huella y esta escuela de Jesús resucitado, la predicación del cristianismo primitivo era una exposición en voz alta, sonora, agradable, jubilosa, de esa alegre nueva: los tiempos están cumplidos y está sucediendo lo anunciado por los profetas: “lo que oís al oído, predicadlo desde los techos” (Mt 10, 27).
15) La proclamación del cumplimiento de los tiempos no podía hacerse mediante los métodos de enseñanza de los escribas, sino en aquella forma de elocuencia declamatoria, que en arameo recibía el nombre de “Netsar” [Eugenio Zolli, O.c. pp. 139-143]. El nombre Nazareno, aplicado a Jesús por su oratoria elocuente y arrebatadora, es, según argumenta Zolli, una realidad, un hecho positivo. Era el título más adecuado para Jesús, considerado como vidente, predicador, maestro. “Jesús de Nazaret es Jesús el Nazareno. Es la flor vaticinada por Isaías, es como diría el Petrarca: flos vatum, la flor de los poetas y de los profetas».
16) Pero la elocuencia de Jesús no es puramente retórica. Lo que la caracteriza es la exousía, la autoridad, el poder, la fuerza. En el Evangelio se habla frecuentemente de la exousía de Jesús [Mt 7, 29; 9,6; 10,1; 21, 23.24.27; 28, 18; Mc 1, 22.27; 2, 10; 3, 15; 11, 28.29.33; Lc 4, 6.32.36; 9, 1; 10, 19; 12, 5; 20, 2.8.20; 22, 53; Jn 1, 12; 5, 27; 10, 18; 17, 2.], del poder divino y sobrenatural que residía en él. Esa exousía daba peso a su palabra y la distinguía del modo de enseñar de los escribas. Precisamente a la elocuencia arrebatadora y proféticamente cierta, que contiene en sí el poder divino, se le puede aplicar con justeza el término netsàr, que se refiere exactamente a una proclamación enunciada en un tono lleno de autoridad, desacostumbrado, artísticamente perfecto” [Eugenio Zolli, O.c. pp. 145] . “Jamás un hombre habló como este hombre” (Jn 7,46).
17) El tono de las parábolas de la semilla, que celebran la fecundidad de la palabra divina y la obra del divino sembrador, ha de ser el tono de los cantos de la cosecha. Un tono emocional de alegría y de triunfo, de gratitud por la obra divina. Ha de estar penetrado de la alegría de Jesús sobre los campos que blanquean para la cosecha (Jn 4, 35); del júbilo de los cosechadores. “Se han alegrado como en la siega” (Isa 9, 2); “cosechan entre cantares… al volver vuelven cantando, trayendo sus gavillas” (Sal 125, 5-6). Es el eco de la dicha de Dios al hablar y ser escuchado, por requerirnos de amor y ser correspondido. Es la alegría de una siega de amores.
18) Ese es el tono en que debería interpretarlas el predicador. El de hoy y el de todo tiempo. Y esto le es posible al sacerdote que predique en la homilía tan “in persona Christi” como cuando consagra. De modo que no esté allí – no ha de estar – él hablando en su propio nombre, sino en el de Cristo. No ha de ser él quien predica, sino Cristo en él. En la Homilía el sacerdote ha de darle lugar a Cristo para que, Cristo en él, explique las Escrituras (Moisés, Profetas, Salmos) a la luz de su vida (Evangelio). La vida de Cristo es la mejor interpretación vivida de las Escrituras y todas ellas no quieren hablar sino de él: «Escudriñad las Escrituras ya que creéis tener en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. Pero vosotros no queréis venir a mí para tener vida» (Jn 5,39).
19) En virtud del sacerdocio ordenado, y si así lo hiciere, se le concederá en mayor o menor medida, una participación en la exousía del Nazareno, como le fue concedida a los Apóstoles, según leemos en el libro de los Hechos. La gracia que fluía de los labios de su Maestro, también afluirá a sus labios desde sus entrañas como un torrente de agua viva, prometido por Jesús a quien crea de veras en él (Jn 7, 38). “El que crea hará las mismas cosas que yo y aún mayores” (Jn 14, 12). Las hará porque tiene en sí el testimonio del poder de Dios que comunica el Cristo glorioso, testigo de la fidelidad del Padre. El poder victorioso de su Palabra de amor. En esa alegre visión de fe, es posible predicar y vivir, como Jesús, la jubilosa certeza de “que la siembra divina produce siempre fecundidad apostólica”.

2) UNA PALABRA PODEROSA
20) El capítulo cuarto de Marcos nos muestra a Jesús como Maestro y nos ofrece algo del contenido de sus enseñanzas en parábolas, acerca del Reino y de la Palabra de Dios. Es la enseñanza hacia afuera del círculo de sus discípulos, porque a ellos les enseñaba aparte los misterios del Reino. «A vosotros os es dado conocer los misterios del Reino, pero a los que están afuera, todo se les dice en parábolas» (Marcos 4, 11).
21) A continuación Marcos va a presentar cuatro episodios que mostrarán el poder de esta Palabra de Jesús en aquellos ámbitos que la muestran y demuestran como palabra divina. La tempestad calmada mostrará el poder de su palabra sobre los elementos. El endemoniado geraseno mostrará el poder de su palabra sobre los demonios. La curación de la hemorroísa y la resurrección de la niña hija de Jairo, lo mostrará como Señor de la vida y de la muerte. Se abre así, en el evangelio de Marcos un nuevo capítulo sobre la revelación de quién es Jesús: su palabra tiene aquellos poderes que caracterizan la palabra divina. Jesús viene no solamente a enseñar una doctrina de sabiduría, sino a obrar obras que son propias de Dios.
22) Notemos, sin embargo, que estos signos suceden ante los ojos de los discípulos. Y aunque sean públicos o sucedan en público como la curación del geraseno y la de la hemorroísa, de hecho suceden en presencia de los discípulos y son para ellos. Es a los que creen en su palabra que se les manifiesta el poder de su palabra. De hecho, en Nazaret, donde Jesús no encuentra fe, apenas puede hacer unos pocos milagros (Mc 6, 5-6). Es como si ante la incredulidad el poder de Dios se redujese voluntariamente a la impotencia.

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS [6 de 6]
INICI0 DEL EVANGELIO QUE ES JESUCRISTO

EL COMIENZO DEL EVANGELIO 
SEGÚN S. MARCOS
JESÚS 
LA GRAN NOTICIA


1,1 Comienzo del Evangelio que es Jesús el Cristo, el Hijo de Dios»


Hemos visto que los justos del Antiguo Testamento anhelaban ver al Señor en persona y aguardaban su venida de acuerdo a las Sagradas Escrituras.
Hemos visto también que el tema principal del Evangelio según San Marcos es «quién es Jesús».
Así se explica que Marcos comience su evangelio con esta afirmación o profesion de fe en Jesús Mesías, Hijo de Dios, que es, personalmente, el comienzo, principio o inicio (arjé) de lo que se esperaba: es Dios que viene en persona, en la persona de su Hijo.

El notición que es Jesús
«Comienzo del Evangelio de Jesucristo», debe interpretarse: «comienzo del Evangelio que es Jesucristo…» Eso es lo que intenta decir Marcos. Que Jesús mismo es el Evangelio, es la alegre noticia y al mismo tiempo el gozoso acontecimiento que anunciaban los profetas. Por eso seguirá a continuación con una cita explícita de Isaías que combina con otra cita, implícita, de Malaquías.
[Esta forma de expresarse la llaman los lingüistas: genitivo epexegético. Se trata de una forma idiomática que pone en forma posesiva una atribución al sujeto: «el bueno de juan, lo miró asombrado»]. El Evangelio de Jesús = El Notición que es Jesús.


Una revelación que se irá haciendo sobre la marcha

Marcos comienza con esta profesión de fe. Pero todo su evangelio implica un camino arduo de la revelación de la identidad de Jesús. Los discípulos irán avanzando lentamente en el conocimiento de la verdadera identidad de su Maestro (Rabbí).
Una cumbre en ese progreso, será la confesión de fe de Pedro: «Tú eres el Cristo» (Mc 8, 29).


No hay que asombrarse de que los discípulos,

1) enseñados por Jesús mismo,
2) a quienes Jesús declara que les es dado «el misterio del Reino», (3, 11)
3) que presencian milagros de los que solamente ellos son testigos y les revelan – en forma secreta y reservada – el poder de esa palabra de Jesús, el predicador:
a) sobre los elementos, el viento y el mar: La tempestad calmada (4, 35-41)
b) sobre los demonios: la legión de demonios arrojados al fondo del mar (5, 1.20)
c) sobre la vida y la muerte: la sanación de la hemorrosía y la resurrección de la hija de Jairo (5, 5, 21-43)


A lo largo del evangelio se puede asistir a

1.- la consolidación de una resistencia y una oposición creciente contra Jesús.
2.- la incomprensión que también puede considerarse creciente: a) de los discípulos; b) de las muchedumbres y de los beneficiados con sus curaciones, que le son ingratos, o le desobedecen, o permanecen ajenos al verdadero mensaje religioso de Jesús.


Hay algunas excepciones, como:

1* la confesión de Pedro (8, 29).
2* El endemoniado de Gerasa quiere seguirlo (5, 18);
3* la sirofenicia lo profesa Kyrios, Señor (7, 28), dándole un título divino,
4* El ciego Bartimeo, que lo declara Hijo de David, se hace discípulo (lo sigue por el camino por el que temían seguirlo sus discípulos) (10, 52; ver 10, 32)
5* El centurión que dirige su crucifixión, al verlo morir, confiesa «Verdaderamente éste era el Hijo de Dios» (15, 39).


El Centurión romano

En la cruz se revela plenamente la identidad de Jesús. El centurión pagano accede a la fe con que Marcos ha comenzado su Evangelio: «Iniciación de la gozosa venida de Dios en persona, en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios».

EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS [5 de 6]
LA VENIDA DE DIOS MISMO, EN PERSONA

¡MÍRENLO AHÍ! 

El Evangelio se llama así porque en el idioma griego en que fue escrito,euangelion quiere decir buena noticia. Lo que anuncia el Evangelio como buena noticia es la presencia de Dios. 
La venida de Dios en persona había sido anunciada por los profetas en el Antiguo Testamento.

En el Nuevo Testamento, Jesucristo se presenta a sí mismo como la realización de esa venida preanunciada. Desde Jesucristo Dios se hace presente “en persona”, inaugurando así la nueva era de la historia humana: el Nuevo Testamento. Eso es lo que anunció Juan el Bautista y eso es lo que anunciamos en la Iglesia

1. Anuncio de la venida de Dios mismo en el Antiguo Testamento
Si tomamos como ejemplo el libro del profeta Isaías, encontramos en él numerosas frases que aluden a la venida de Dios y a una presencia suya sin intermediarios. Citemos algunas:
– “Fue Él su Salvador en todas sus angustias. No fue un mensajero ni un ángel, Él mismo en persona los liberó” (63,9)
– “¡Ah! si rompieses los cielos y descendieses” (63,19)
– “Su presencia es pavorosa para los malos” (2,10.19.21)
– “Vendrá el Señor” (4,3); “El Señor mismo” (7,14)
– “Al Rey Señor de los Ejércitos han visto mis ojos” (6,4)
– “Aguardaré al que esconde su rostro” (8,17); “La tierra se llenará de su conocimiento”(11,9); “El Señor volverá a mostrar su mano” (11,11)
– “He aquí a Dios mi salvador” (12,1); “Ahí tenéis a vuestro Dios” (25,9); “Ahí está vuestro Dios, ahí viene el Señor con poder” (40,9-10); “No he dicho que me busquen en vano” (45,19)
– “Con sus propios ojos ven el retorno del Señor” (52,8)
– “Me he dejado encontrar y hallar por quienes no me buscaban” (65,1)
– “Tú te haces el encontradizo” (64,4)


Ante esta insistencia en el tema de la venida de Dios en persona, se explica que el libro de Isaías se abra con la famosa profecía: “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no conoce… me ha dado la espalda” (Isaías 1,3-4).


2. Anunciada a MoisésEsta venida de Dios en persona de la que habla Isaías es la misma que le había sido anunciada a Moisés en respuesta a su oración insistente: “habitaré en medio de vosotros… me pasearé en medio de vosotros” (Levítico 26,11-12). “Yo mismo iré contigo y te daré tranquilidad” -respondió Dios a la súplica de Moisés. Y Moisés le repitió: “Si no vienes Tú mismo, no nos hagas partir” (Éxodo 33,14-15). Moisés y Elías desearon ver el rostro de Dios: «¡Muéstrame tu rostro!» (Éxodo 33,18). Por eso, ambos pudieron verlo sobre el monte de la Transfiguración.


3. Personalización
Los salmos claman por esa manifestación de presencia y cercanía: por ejemplo: “haga brillar su rostro sobre nosotros!” (Salmo 67,2); “Dios en persona va a juzgar” (Salmo 49,6); “los rectos morarán en tu presencia” (Salmo 140,14).
Pero no sólo preanuncian la presencia de la encarnación ciertos textos aislados, aún siendo numerosos, tanto que no podemos soñar con elencarlos aquí. Todo el Antiguo Testamento, en su conjunto ofrece no solamente el uso universal de los antropomorfismos, sino una personalización gradual y creciente de los atributos divinos, como son su Palabra, Sabiduría, Justicia, Fidelidad, Amor, Nombre. En esos usos del Antiguo Testamento, han visto los hagiógrafos del Nuevo y ha visto la Iglesia, preanuncios de la Encarnación.


4. Salmo 85: Un Dios que besa y abraza
Queremos poner un solo ejemplo, refiriéndonos a un texto que pasa generalmente inadvertido debido a las traducciones corrientes. El Salmo 85 (el que comienza con las palabras “Señor has sido propicio a tu tierra…”) es todo él una petición de esa Presencia benéfica, por la cual el salmista clama y suspira: “Muéstranos tu amor y tu salvación” (v.8): “quiero escuchar lo que dice Dios” (v.9). La oración de deseo de presencia y encuentro, se transforma de pronto en una profecía de la venida de Dios en persona, a partir del versículo décimo: “Su Gloria habitará en nuestra tierra…” Y continúa: “Amor y Lealtad son encontrados: Justicia y Paz besan; Lealtad germina de la tierra; Justicia se asoma desde el cielo”. Estos dos versículos (11-12) contienen una serie de nombres de atributos divinos personificados y convertidos en nombres de Dios. Las acciones que se atribuyen a estas personificaciones son elocuentes en el original hebreo. Los verbos en hebreo están en activa y pasiva y no tienen el sentido recíproco que sugieren algunas versiones castellanas: “amor y lealtad se encuentran, justicia y paz se besan”; como si los atributos se saludaran entre sí, o se conciliaran ideas opuestas o mal avenidas. Amor y Lealtad se encuentran, ha de entenderse en el sentido de son encontrados, en voz pasiva. Y este encuentro se expresa en hebreo con un verbo (pagash) que sólo se usa para el encuentro entre personas. Justicia y paz, besan, con un verbo en voz activa.
Esta traducción fiel y literal del hebreo que proponemos siguiendo la interpretación de la antigua versión siriaca Peshitta y comentaristas antiguos y modernos, muestra al salmista describiendo proféticamente la encarnación: el encuentro de Dios en persona con los hombres.
Justicia y Fidelidad, Amor y Lealtad, no son ideas, como tampoco Dios lo es. Son, Es Alguien. Alguien que uno se encuentra, que se toca, que te besa y te abraza: Presencia de Dios real y en persona.


JESÚS: DIOS HECHO HOMBRE, DIOS PRESENTE
Estos antecedentes del Antiguo Testamento eran referencias indispensables para comprender ahora el contenido de la predicación de Jesús.
Tal como se nos narra en los evangelios, la predicación de Jesús es de una laconicidad impresionante y a la vez intrigantemente escueta. San Marcos la resume en su evangelio en dos versículos: “Marchó Jesús a Galilea y proclamaba la Buena Nueva de Dios: el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios se aproximó, convertíos y creed en el evangelio” (Marcos 1,14-15).
Jesús puede permitirse ser tan breve porque lo que quiere no es tanto comunicar una doctrina, cuanto señalar una presencia. Dios está presente. Dios, en persona, está aquí. La proclamación de este acontecimiento es el evangelio: buena noticia, buena nueva.
“El tiempo se ha cumplido”: es decir, ha llegado la hora que anunciaban los profetas, el día que ellos llamaron “Día de Yavé”. Dios mismo ha venido. Se ha hecho próximo: prójimo. Dios se aprojimó.
“El Reino de Dios”, es una circunlocución por “Dios Rey”. Esto puede comprenderse a la luz de lo que gritan quienes reciben a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén. Recibiendo al Rey que viene le gritan: “Bendito el Reino que viene…” (Marcos 11,9). Cuando viene el Rey, es su reinado el que llega junto con él. Por lo tanto, Rey y Reino son nombres intercambiables. Y en este caso son nombres de Dios, quien, como es sabido es llamado Rey (Cfr. Isaías 6,4: “Al Rey Yavé Sebaot han visto mis ojos”). Cuando Jesús anuncia que se ha aproximado el reino de Dios, está diciendo que Dios-Rey se ha aproximado. Por eso, la presencia de Dios, su Reino, podemos entenderla en el sentido de Realidad de Dios. “Reino de Dios”, indica, como dicen los exegetas: 1) la realeza o dignidad regia de Dios; 2) el reinado o espacio de tiempo que abarca el gobierno de un rey; 3) el reino o estado, nación, territorio sobre el cual reina. Pero además de reino, reinado, realeza, la expresión Reino de Dios, designa a Dios-Rey mismo; a Dios en persona. Podríamos decir: la realidad de Dios, Dios mismo.
Pero no basta que Dios se haga presente. Su presencia debe ser advertida y reconocida por los hombres. Y para esto son necesarias dos cosas que Jesús pasa a imperar a continuación: “convertíos y creed”. Jesús las exige porque son necesarias para reconocer la presencia de Dios. Dios está presente. ¿Quieres verlo? ¿Quieres reconocerlo? conviértete y cree.


Conversión y Apostasía
Conversión y Apostasía son términos correlativos. Es bueno tenerlos en cuenta. Porque ellos nos permiten comprender hechos que nos rodean y que no comprenden los que ignoran estas cosas. Nos referimos a la conversión, pero sobre todo al fenómeno correlativo de la apostasía, que es un hecho muy común y sin embargo, por lo general, inadvertido.
Si convertirse es volverse a, hacia, apostatar es apartarse de. Volverse a Dios es convertirse. Apartarse de Dios después de haberse convertido a Él, es apostatar.
Convertirse y apostatar son, pues, dos acciones que sólo se entienden respecto de Dios; del Dios real, presente. Por eso para hablar de conversión y apostasía es necesario establecer lo que es la presencia de Dios, Dios presente. Esta presencia es la que anuncia el mensaje evangélico y por la cual merece el nombre de Buena Noticia.
La Iglesia Católica es una Religión de la Presencia.
Todo el culto católico gira alrededor de la Eucaristía donde Dios hecho hombre y resucitado se hace presente y permanece presente en el Sagrario. Sinagogas y Mezquitas tienen su centro en el Libro Sagrado. Nuestros templos tienen su centro en la presencia de Jesús resucitado.
La apostasía para judíos y musulmanes significa apartarse del libro, para nosotros es apartarnos del Dios vivo que se nos hizo presente en Jesús.


EJERCICIOS
1) Lea el capítulo 33 del libro del Éxodo, notando las expresiones que se refieren al deseo de la venida de Dios en persona, y a la visión de Dios.


2) Lea Isaías 40,1-11 notando las expresiones que se refieren a la venida de Dios y a la alegría del mensajero que trae la noticia (Evangelio)


3) Lea en el libro del Profeta Malaquías, capítulo 3,1-24 notando las expresiones referidas a la venida de Dios: 1º) al templo; 2º) a su pueblo; 3º) a juzgar.


4) Lea el evangelio de Marcos 1,1-9 notando las referencias a las profecías, y las expresiones relativas a la venida de Dios, del Bautista y de Jesús.

PEDIR AL PADRE EL PAN QUE ALIMENTA EL SER FILIAL

HOMILÍA
ORAR 
EL PADRE NUESTRO

He sido engendrado por Él 
por eso puedo llamarlo Padre 
Eclesiástico 48,1-14
Salmo: 96
Evangelio: Mateo 6,7-15





En todo el Sermón de la Montaña Jesucristo nos habla del Padre Nos muestra el camino de la vida filial. Nos enseña a ser y vivir como hijos, pues lo somos.

El trozo de Evangelio que hemos leído hoy, nos pone a hablar con el Padre como hijos. Este texto del Evangelio es como el corazón del Sermón de la Montaña.
 Podríamos decir que la oración del Padre Nuestro está justo en su «centro geométrico»
Con la oración del Padre Nuestro, Jesucristo nos pone a hablar directamente con su Padre como con Nuestro Padre. Nos pone a hablar con el Padre de tú a Tú. Pasa del hablarnos del Padre como ÉL y nos instala en nuestra condición de hijos.
“Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre  celestial” (Mt 5, 48).


Las tres primeras peticiones expresan  los deseos que un hijo puede tener con el Padre
“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre” (Mt 6,9)
El nombre de Padre: que Dios sea conocido como Padre y reverenciado como Padre. 
Eso sólo puede suceder dentro de la relación de hijo. Si yo no estoy dentro de la relación de hijo, no puedo llamarlo Padre. 
Se supone que Él lo me ha engendrado antes como hijo, que lo percibo. 
He sido engendrado por Él por eso puedo llamarlo Padre.


La segunda petición es “que  venga tu Reino”  (Mt 6,10), que todos los hombres puedan sentirse y saberse hijos de Dios y puedan ponerse delante del Padre como hijos. ¡Que todo el mundo conozca a Dios como Padre suyo!  es la condición filial.
La condición filial es la relación fraterna. Si falta esta relación filial, no puede haber relación fraterna. 
La Revolución francesa prometía una fraternidad, pero era imposible lograrla desde el momento que mataban al Padre y  a los hijos.


La tercera petición: “Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10)
Hágase tu Voluntad es precisamente, el deseo filial  que se cumpla la voluntad del Padre. 
Jesús dice en la cruz. “Todo está cumplido”(Jn 19,30) “Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu” (Lc 23, 46)  Teniendo conciencia que ha cumplido todo lo que el Padre le mandó, desde el momento que los hombres lo condenan y lo matan como blasfemo. En ese momento Él cumple la voluntad del Padre. Se muestra ante los hombres como  Hijo.
          .
Después las otras peticiones son respecto de los hijos para ser hijos
“Danos hoy nuestro pan de cada día”. (Mt 6, 11)
 La Eucaristía es el don que alimenta nuestro ser filial. No se trata del pan natural que servimos en la mesa. El Padre ya sabe que lo necesitan. No es necesario que se lo pidan. “No andéis, pues, preocupados diciendo:¿ qué vamos a comer?,¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas estas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso”. Mt 6,31-32.


Le  pedimos el Pan que alimenta nuestro ser filial. Porque ese ser  filial  necesita no sólo ser engendrado sino  conservar  la existencia. Ese pan es por un lado el Espíritu Santo que nos hace obrar como hijos. El Pan es el amor del Espíritu Santo. Ese Pan es también la Palabra de la Sagrada Escritura que está empapada de Espíritu Santo  porque si no, sin el Espíritu Santo, la letra mata, es el espíritu lo  vivifica.


“Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”(Mt 6,12) y nos piden perdón. Evidentemente el Padre perdona a los que le piden perdón y tenemos que imitar al Padre cuando nos han ofendido y nos piden perdón. Si no hay pedido de disculpa, no puede haber perdón. Y no puede haber  restablecimiento del vínculo.


No nos dejes entrar en la tentación” (Mt 6,13) Aquella que me impide que yo siga siendo hijo, me hace salir de la condición filial. “más líbranos del Malo” del que es el que nos hace salir con las tentaciones de dejar de ser hijos. Por eso nos roba la principal riqueza que tenemos


Homilía P. Horacio Bojorge S.J.
Parroquia Sagrado Corazón – Montevideo
Jueves de la Semana XI del Tiempo ordinario

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS [4 de 6]
DIVISIÓN Y ESTRUCTURA

El EMc es una obra escrupulosamente estructurada.


«Es un todo orgánico que sigue un plan teológico claro y bien estructurado» (J.Mateos p.31).
Los autores proponen diversas divisiones del EMc. 
Después de asomarnos a algunas, propondremos la nuestra.


División con criterio geográfico
Es la que encontramos en la Biblia de Jerusalén (=BJ).
Esta división está hecha con criterio geográfico, atendiendo al escenario donde se desarrolla la acción:
I. Preparación del ministerio de Jesús: 1,1-13
II. Ministerio de Jesús en Galilea: 1,14-7,23
III. Viajes de Jesús fuera de Galilea: 7,24-10,52
IV. Ministerio de Jesús en Jerusalén: 11,1-13,37
V. La Pasión y Resurrección de Jesús: 14,1-16,20


División con criterios histórico-literariosOtra división la ofrece el comentario de J.Mateos. Esta división atiende a
1. * indicios redaccionales y al
2. * desarrollo dramático del evangelio.
Por esto podemos decir que es una división de acuerdo a criterios literarios e históricos. Las divisiones que atienden a los indicios literarios de redacción, son las que pueden considerarse más objetivas y las que más ayudan a encontrar lo que «el autor dijo y quiso decir». Por lo tanto las más importantes para la interpretación.

1. * Indicios redaccionales
Los recursos estructurantes de la redacción del EMc a los que atiende J.Mateos son dos:
1.1* La disposición de perícopas (= trozos de texto) en grupos de a tres (trípticos) o de a cinco (polípticos).
1.2* Las unidades bisagras.


1.1.1* Tríptico:

Lo que une a las 3 perícopas que forman un tríptico son vínculos formales (palabras o temas comunes). Desde el punto de vista del contenido, la primera y tercera perícopas suelen tener una temática común, mientras la central puede presentar un tema diverso, pero que las más de las veces está en relación con los extremos. Nota: Perícopa: se le llama a las pequeñas unidades narrativas, que son como los ladrillos con los que se construye el Evangelio: un milagro, una parábola, un discurso de Jesús. En las lecturas del Evangelio, en la Misa, por ejemplo, el leccionario suele elegir una o a veces más perícopas.
Ejemplo de tríptico:
a) * 2,1-13: Perdón de los pecados (4 menciones)
b) * 2,14: Vocación de Mateo el publicano
a’) * 2,15-17: Los pecadores (4 menciones) que comen con Jesús
Otro ejemplo de tríptico
a) * 3,20-21: mención de una multitud y de la familia de Jesús
b) * 3,22-30: polémica de Jesús con los letrados
a’) * 3,31-35: mención de multitud y de la familia de Jesús.
Tercer ejemplo de tríptico
a) * 5,21-24: La hija de Jairo
b) * 5,25-34: La hemorroísa
a’) * 5,35-43: La hija de Jairo


1.1.2* Políptico

Constan de 5 perícopas y son politemáticos, pero hay simetrías entre sus temas.
Ejemplo de políptico:
1 a) * 6,7-13: Envío de los doce
2 b) * 6,14-16: Herodes identifica a Jesús con el Bautista
3 c) * 6,17-20: Herodes encarcela a Juan
4 b’) * 6,21-19: Herodes da muerte a Juan
5 a’) * 6,30-33: Vuelven los doce.
Segundo ejemplo de políptico:
1 a) * 10,32-34: Subida a Jerusalén y anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección
2 b) * 10,35-41: Petición de los Zebedeos e indignación de los otros diez
3 c) * 10,42-46a: Instrucción contra la ambición
4 b’) * 10,46b-52: Curación del ciego, ejemplo del discípulo
5 a’) * 11,1-11: Entrada en Jerusalén


1.2* Las unidades bisagra

Sirven para articular una parte con otra: «La característica de las unidades-bisagra es cerrar inclusiones (3) o clausurar temáticas abiertas en textos anteriores y, al mismo tiempo, abrir otras que han de cerrarse o clausurarse en lo que sigue. Efectúan un cambio o producen un avance en la temática, dejando atrás una etapa para comenzar otra… estas unidades estructuran la primera parte del EMc» (J.Mateos p.33-34).
Un ejemplo de unidad-bisagra es 8,27-30.
En 8,27-29 se cierra una inclusión abierta en 4,41 por la pregunta de los discípulos al final de la primera travesía del mar: «¿Quién es éste a quien el viento y el mar le obedecen?» y también la inclusión abierta en 6,14s. cuando se exponen las opiniones acerca de quién es Jesús.
En 8,27 se abre la temática del camino, que continuará en 9,34; 10,17.32.46.52 hasta la entrada en Jerusalén 11,8.
Se inaugura además, explícitamente la temática del Mesías (8,29), implícita antes en las dos multiplicaciones de los panes (6,34-46 y 8,1-9). Esta temática, pasando por la del «Hijo de David» (9,41; 10,47.48; 11,10) encontrará respuesta en la controversia en el templo (12,35-37) y en el discurso apocalíptico (13,6.21.22).


1.3* Inclusión

Se le llama inclusión a un recurso literario que consiste en repetir una palabra, un frase, un tema, al comienzo y al fin de una unidad literaria. Por ejemplo: al comienzo y al final de una poesía. En el EMc, por ejemplo, hay inclusión entre el comienzo y el final del prólogo, el cual comienza y termina en el desierto (0 anuncio de Juan en el desierto y ayuno y tentaciones de Jesús en el desierto),


División según J. Mateos – Camacho

Sin entrar en el detalle de la división que propone J.Mateos (pp.34-45), he aquí los grandes rasgos de la misma:
1. Título y sección introductoria: 1,1-13
2. La Actividad de Jesús: 1,14-13,37
2.1. 1,14-8,27 primer período
2.2. 8,28-13,37 segundo período
3. Pasión.Muerte-Resurrección: 14,1-16,8


Nuestra División

Nosotros intentamos una división fijándonos en los elementos históricos y literarios, como hace J.Mateos, pero también en los elementos simbólicos (= tipológicos), que contienen, además, resonancias sacramentales. Por ejemplo: el desierto, el camino (la penitencia), la orilla (el bautismo), el pan (la eucaristía), la voz, la palabra, la semilla, los cruces del mar, los triduos, las entradas y salidas a las sinagogas, la casa, el templo, las aceptaciones y rechazos, lo puro y lo impuro.
Estos aspectos ayudarán a observar las correspondencias entre la historia de Jesús y las realidades del Antiguo Testamento que el EMc parece haber querido aludir, o presuponer. Ellas eran figuras, pre-figuraban a Jesús (Ver 1Cor.10,6) y sus obras.


A grandes rasgos, nuestra división sería así:

1. Prólogo: 1,1-13
2. Sección de la orilla: 1,14-8,22
Triduo en Cafarnaúm: 1,16-39
3. Sección del camino: 8, 23 -10,52
4. Triduo en Jerusalén: 11,1-13,37
5. Pasión y Resurrección: 14,1-16,8
6. Final: 16,9-20


EJERCICIOS

1) Leer los versículos donde se habla de la orilla del mar: 1,16; 2,13; 3,7.9; 4,1.35; 5,1.2.13.21; 6;32.34.45.53; 7,24.31; 8,10.13.22
2) Contar cuántas travesías del mar hay en los caps. 4-8
3) Fijarse en las referencias temporales en 1,16-39 y en 11,1-22
4) Notar las veces que aparecen los siguientes temas:
A) La conversión o el perdón de los pecados:
B) El alimento (o el ayuno):
C) El pan:
D) El camino: 1,2; 8,27; 9,34; 10,17.32.46.52; 11,8

AMAR A DIOS CON EL AMOR RECIBIDO DE ELLOS
SAN BERNABÉ, HIJO DEL CONSUELO

HOMILÍA
Los apóstoles, enviados a dar testimonio del amor que recibieron y a ofrecer el amor 
a los que los reciban. 
Sen Bernabé
uno de los enviados.
Hechos 11,21b-26; 13,1-3 
Salmo: 97 
Evangelio: Mt 10,7-13 



Hoy los ornamentos litúrgicos son rojos. 
Es el color del Amor cuya venida se conmemora y celebra en Pentecostés. El Padre, nos envía Su Amor. 
Como era en un Principio, ahora y siempre, por los siglos
Jesús nos decía en la última cena: ”Les conviene que yo me vaya” para que les envíe el Espíritu desde el Padre.
El Padre envió al Hijo. Ahora el Padre y el Hijo nos envían el Espíritu. 
Él es el Amor del Padre y del Hijo. Nos viene a buscar el Amor de Dios, el Amor del Padre para sumergirnos en ese Amor. 


Bernabé y los apóstoles se celebran de rojo. 
Es el color del Espíritu Santo, enviado como ellos fueron enviados a nosotros. Es un envío que perdura por los siglos. Nos los envía.


Bernabé (Hijo del Espíritu Consuelo) se halla a semejanza de lo que Jesús hizo con sus apóstoles a quienes envió dejándolos a merced del recibimiento o el rechazo. 
Por eso los mandó sin medios. Porque, el dinero les hubiese permitido instalarse en algún lugar, sin que nadie los recibiese allí.
Los envía por el camino de lo que los recibiesen, de los que los amasen y hospedasen. 
Amor con amor se paga. La hospitalidad con  hospitalidad. El amor pide amor y lo recibe 
Y en este, recibir al enviado se cumplen las palabras de Jesucristo: “En verdad en verdad os digo quien recibe al que yo envíe me recibe a mí, y quien me recibe a mí recibe a Aquél que me ha enviado”. (Juan 13,20) 


Estamos ahora de nuevo en Pentecostés, tras la fiesta del Espíritu Santo, del Amor envíado que vino a buscarnos. 
También nosotros estamos en este mundo enviados y enviados por el amor de Dios. Estamos en el mundo porque Dios nos amó. Y porque su amor nos ha despertado a amarlo.


 Ya les he comentado en otra oportunidad, la discusión entre Caín y Abel. 
Caín dijo: — Yo VEO que el mundo no fue hecho por amor. 
Abel le respondió: — Yo VEO que el mundo fue hecho por amor. VEO que, todo lo que existe, Dios lo hizo por amor y todo tiene sentido por el amor. 


Dios es Padre y nos espera con los brazos abiertos. Jesucristo nos vino a decir lo que leemos en  el  Evangelio: “En la casa de mi Padre, hay muchas habitaciones” (Jn14,2) “Para eso he salido” (Mc1,38) 


¿Y de dónde salió? 
La Palabra sale de la boca del Padre. 
Jesús sale de al lado del Padre, de la presencia del Padre. 
De ellos, Padre e Hijo, sale también el Espíritu Santo porque es el soplo de la boca de Jesús. “Sopló sobre ellos y les dijo:” Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22). 
En Él estaba LA VIDA ¿La VIDA DE DIOS qué es? Es SU AMOR, SU ESPÍRITU: Señor y dador de vida


 ¿Para qué nos ha reunido el Señor, hoy? Para meditar sobre Él.  Para que tengamos este encuentro con Él, con Ellos. Nos estaban esperando. 


El amor quiere darse, ¿verdad? Y quiere que lo reciban. 
 Los Apóstoles [que quiere decir Enviados], son los que vienen a dar testimonio del amor que recibieron y a ofrecer el amor a los que lo reciban.

No es por tanto que busquen que les devuelvan el amor, sino que lo reciban y así, se hagan capaces de darlo más y más. 
 El Espíritu Santo pide eso, que lo recibamos. Y acá lo estamos recibiendo. Ustedes han venido a recibirlo. El vino a buscarnos y nos está llamando y esperando. 
Todo es amor. Celebrémoslo. 


Homilía P. Horacio Bojorge S.J. 
Parroquia Sagrado Corazón – 
Montevideo
Jueves de la Semana X del Tiempo Ordinario (1919)

EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS [3 de 6]
FECHA Y LUGAR DE COMPOSICIÓN

Fecha de Composición
Hasta hace unos 25 años, la mayoría de los críticos opinaba que el Evangelio según San Marcos se había escrito entre los años 65-75 d.C. o después.
Entre 1972-1975, dos autores, Bo Reicke y J.A.T. Robinson, demostraron que el Evangelio según San Marcos tuvo que escribirse antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. (1).
En 1972, sobre la base de un fragmento de papiro encontrado en la cueva 7 de Qumrán (7Q5) con un texto que se identificó como perteneciente a Mc.6,52-53, el jesuita español J. O’Callaghan, sostuvo que el Evangelio según San Marcos debía datarse antes del año 50 d.C.

La tesis produjo primero resistencias porque derribaba las teorías vigentes hasta entonces. Pero la propuesta se ha ido imponiendo como evidente. Revisada recientemente (1984) por el papirólogo protestante alemán C.P. Thiede, fue considerada sólidamente fundada. A idéntico resultado llegó el simposio sobre esta cuestión celebrado en 1991 en la Universidad Católica de Eichstadt, Alemania.
Con independencia de la propuesta de O’Callaghan la datación muy temprana de Evangelio según San Marcos, en la década del 40-50 d.C., se impone por otros datos de crítica interna, en los que no podemos entrar aquí. J.Mateos y Camacho los exponen resumidamente en su comentario.


Resumiendo: el Evangelio según San Marcos fue escrito entre el año 40-50 d.C., dentro de la década posterior a la pasión del Señor. Fue, afirman algunos, el primero de los Evangelios. Pero otra antigua tradición ubica como primero a Mateo. Esto significa que el proceso de su redacción debe haber sido mucho más breve de lo que se ha supuesto generalmente (J.Mateos p.31). Y significa, además, que, puesto que el Evangelio según San Marcos es una creación nueva, no existía nada semejante en la incipiente literatura cristiana, y eso abre el problema de encontrar sus modelos (J.Mateos p.31, n.6).



Lugar de Composición

Las principales opiniones sobre el lugar de composición del Evangelio según San Marcos pueden resumirse así:
1) Alejandría, Egipto: San Jerónimo (opinión minoritaria aislada).
2) Roma: Ireneo, Clemente Alejandrino, Orígenes, Eusebio, Efrén (opinión mayoritaria).
3) Galilea o el sur de Siria: autores modernos: Lohmeyer, Marxsen, Kelber, Trocmé, González Ruiz.
4) Antioquía de Siria: después de Roma, es la hipótesis más defendida por los autores.
La hipótesis de O’Callaghan, exige un medio palestino o cercano a Palestina, como son las hipótesis 3 y 4.


[Seguimos el comentario de Juan Mateos y Fernando Camacho: El Evangelio de Marcos, Ed. El Almendro, Córdoba-Madrid 1993]