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“Quiero considerar este año nuevo, oh Jesús mío, como una página en
blanco que tu Padre me presenta y en la cual irá escribiendo día a día lo que
haya dispuesto de mí, en sus divinos designios. Yo desde este momento escribo
en la cabecera de la primera página con absoluta confianza: Domine, fac de me
sicut vis. ¡Señor, haz de mí lo que quieras. Y al final de esta página en
blanco, de esta misma página, pongo ya el Amén, el sí de mi aceptación a todas
las disposiciones de tu voluntad divina. ¡Oh Señor! Desde este momento, sí a
todas las alegrías, a todos los dolores, a todas las gracias, a todas las
fatigas que has preparado para mí y que día a día irás descubriendo en mi vida.

Haz que mi Amén sea el Amén de la Pascua, seguido siempre por el Aleluya, esto
es, pronunciado con todo el corazón, con la alegría de una completa entrega.
Dame tu amor y tu gracia y no necesitaré otra cosa para ser rico.”
(Sor Carmela del Espíritu Santo,
citada por el P. Gabriel de Santa María Magdalena
en su obra Intimidad Divina)
Oh Espíritu Santo, me
pongo delante de ti, como pequeño agraz que necesita madurar al sol, como
pajuela que ha de ser quemada por el fuego, como cera informe que debe recibir
la impronta, como gota de rocío que va a ser absorbida por el sol, como niña
ignorante que tiene que ser instruida… Oh Espíritu Santo, tú te infundes en mi
alma pequeña, pobre y humilde. Quiero presentarme a ti en esta actitud y con
estas disposiciones te invoco. ¡Ven Espíritu Santo, santifícame! ¡Tengo tan
gran deseo de santidad! Santifícame tú, hazme santa, gran santa, bien pronto
santa, sin que yo lo sepa.
(Sor Carmela del Espíritu Santo)

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