SAN PABLO
Y EL MATRIMONIO CRISTIANO (12)

El Surgimiento de la cultura esponsal cristiana
en las cartas de San Pablo

Éfeso: El Misterio grande, el matrimonio sanado bajo el signo de Cristo [3]
Como Cristo y su Esposa, la Iglesia
94) Esto de que “el que ama a su mujer se ama a sí mismo” lo interpreto al revés también: el que no ama a su mujer es porque no se quiere a sí mismo. A veces he reflexionado como derivando alguna enseñanza sobre qué le pasa al hombre entre los cuarenta y los cincuenta, cuando empieza a verse al espejo y se ve viejo y se da cuenta de repente de que ya tuvo una vida y la pasó. ¡Y no acepta que se va a morir! Porque además de repente no está satisfecho con la vida que hizo. “¿Esto fue todo?”, se pregunta. Y todavía el Demonio se la presenta más negra de lo que ha sido. Entonces se mira a sí mismo, se odia a sí mismo como mortal, porque no acepta que es un ser mortal, no se acepta mortal y se odia de alguna manera. ¡Porque no quiere ser mortal! Entonces se quiere demostrar a sí mismo que él puede empezar de nuevo. Se va con una chiquilina; busca una chiquilina y empieza de nuevo otra vida.

¡Porque no puede ser que él haya terminado la vida! ¡Él puede empezar de nuevo! (Risas.) Y esa mujer que tiene le demuestra que ya pasó. “Esa es la mujer de la otra vida que tuve. Ahora voy a tener una mujer nueva y otra vida nueva.”
95) Hay algo así. Yo lo planteo un poco dramático. Pero pienso que hay algo de esto: se odia a sí mismo, no se acepta a sí mismo mortal, no acepta que ya tuvo una vida, que la vivió con esa mujer. Como se odia a sí mismo, la odia a ella y de repente le empieza a hacer una cantidad de reproches. Y le hace un juicio y él es el que tiene la razón para dejarla. Esta me parece una palabra llena de sabiduría porque uno la aplica y la ve realizada en la vida. Hay que aceptar la muerte. Es muy importante. Y acá tenemos lo mismo: el varón tiene que morir por amor y tiene que aceptar que es mortal. El varón que no acepta que es mortal está trabado en la realización propia y de los demás. Tiene que aceptar tanto que es mortal que tiene que ir voluntariamente a morir por amor. El hombre está hecho para morir. Por eso Cristo tenía que ser varón, tenía que morir por la esposa. La mujer no, no está hecha para morir. La mujer está hecha para cuidar la vida, la propia y la de los demás. Ustedes vieron que las mujeres enviudan ¡y florecen! (Risas.) “¡Se murió! Ahora vivo y empieza otra vida.” Ella sigue viviendo. El varón enviuda y se muere al poco tiempo… O se casa de repente. Pero no puede estar solo. Pasa eso. El varón está hecho para morir. Por eso también la mujer no puede ser sacerdote, porque el sacerdote está hecho para repetir el Sacrificio de Cristo. Él tiene que identificarse con el Cristo que muere y que muere por la Iglesia. Eso no se le puede pedir a una mujer. Como Dios no le pidió el sacrificio de Isaac a Sara, se lo pidió a Abraham. ¡Si se lo pide a Sara…! “¡Cualquier día…! ¡Qué te habrás creído!” (Risas.)
96) Y por eso es tan importante todo esto. Cristo muere porque ama a Su Iglesia y es capaz de hacerlo. Y si uno quiere ser un vir perfecto, un varón perfecto, ése es tu Modelo. Y desde niño el varoncito tiene que ser educado para ser hijo de Dios de esa manera y tiene que aprender a morir y mortificarse por los demás. Y eso a veces las mamás no lo saben hacer. No le enseñan a su niño a dominar sus pasiones, a morir. Es importante para la educación del varón que lo sepa la mujer porque si no dicen: “No, pobrecito”. Está bien un poco de cariño, pero que aprenda a sufrir.
97) Dice Pablo: “Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia -tu esposa sos vos mismo-, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne –uno solo, inseparables, como un individuo-. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia. En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido.” Con lo cual el marido tiene que hacerse respetable, por supuesto.
99) Estamos ante un hijo y una hija de Dios, donde él ama y muere por la esposa y donde ella lo respeta y lo obedece. Y así, por este camino maravilloso, se sana la herida del. pecado original en el varón y en la mujer. En el varón, en esa inclinación a ser dominado por sus apetitos instintivos, especialmente por la lujuria, que no solo lo hace infeliz a él sino que la hace infeliz a la esposa. Y en la esposa, por el afán de dominación, que muchas veces tiene sus motivos… “¿Por qué lo voy a obedecer a éste?” El desprecio de la mujer es espantoso y se lo gana él muchas veces. Es lo que pasa: el varón dominado por sus pasiones se gana el desprecio de la mujer y la hace sufrir. ¡Cuántas veces el alcoholismo del varón da razones al menosprecio de la esposa! Porque el varón desea y necesita ser enaltecido por la esposa, ser reconocido… Pero, claro, ¿cómo va a ser enaltecido si él no se hace enaltecible? Y viceversa, también. Por eso el caballero y la dama fueron creados por el cristianismo. El caballero enaltecía a la dama y la dama enaltecía al caballero. Sanaban lo que disimétricamente hiere el pecado en la naturaleza del hombre. Y disimétricamente también sana la Gracia.
100) Este es entonces el camino de Pablo a través de sus Cartas para la fundación de la nueva mística matrimonial cristiana a partir de Corinto y de Galacia. (Aplausos.) ¡Gracias! Pero más bien: ¡Un aplauso a Pablo! (Aplausos.)

101) Para finalizar, vamos ahora a invocar a nuestro Padre, con quien comenzamos este día.
“Te damos gracias, Padre, por este día en que nos has iluminado con la Sabiduría de las Sagradas Escrituras, con la Sabiduría de Tu Hijo Jesús. Señor, Te pedimos que nos permitas comunicar a los demás esta luz que has derramado en nuestros corazones. Danos, Señor, palabras para comunicar a todos Tu Sabiduría, tan maravillosa. Danos la Gracia para vivirla nosotros, para comunicarla también a nuestros hijos. Te pedimos que bendigas nuestras familias, bendigas nuestros hogares, nuestros esposos, nuestras esposas, los jóvenes que se preparan para el matrimonio. Dales esta Sabiduría, Padre. No permitas que se engañen y se entredestruyan con las mentiras del Demonio.
¡Oh Señor! Santifica a Tu Iglesia, protégela, bendícela. (Se reza un Padrenuestro y un Avemaría.)
San José, ruega por nosotros.

102) Agradecemos a Rita y a Abelardo que nos hayan abierto su casa (aplausos) y a todos los que han estado en la organización de esta jornada.
 
 

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