SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
EL PADRE NUESTRO (2)

¡QUE TE DES A CONOCER COMO SANTO…
EN NOSOTROS!



1) La primera petición del Padre Nuestro es el primer deseo del Corazón Filial.
El Hijo vive de cara al Padre y su ser personal, podríamos decir, consiste en conocer al Padre.
El Hijo es conocimiento del Padre. El Hijo es ciencia del Padre. El conocimiento del Padre es el ser del Hijo; que es engendrado por vía de divino conocimiento.
Verbo mental del Padre para distinguirlo, de alguna manera, de nuestra palabra: vocal o bucal. Verbo consubstancial al Padre, para distinguirlo de nuestros conceptos, accidentales y no substanciales.
[Nota explicativa: Accidental: quiere decir que puede ser o no ser, estar o no estar, suceder o no suceder, sin alteración sustancial de un ser. Sustancial: es lo perteneciente a la sustancia de un ser]
Verbo interior, consubstancial, por el cual el Padre se dice enteramente a sí mismo, al Hijo y en el Hijo, de manera perfecta y necesaria.


2) El primer deseo del corazón filial, manifiesta el ser filial.

Y si lo conocemos, – y en la medida en que se nos vaya dando un corazón de hijo lo iremos conociendo más, reconociéndolo dentro de nosotros en una semejanza creciente -, también nosotros anhelamos que el Padre sea conocido. Y comprendemos que el Padre quiere mostrarse en nosotros haciéndonos semejantes a él. En la medida en que somos hijos anhelamos que nadie se pierda la dicha de ser hijo, de vivir como el Hijo: dando gloria al Padre en sí mismo. Siendo, nosotros, como «lugar» donde la gloria del Padre se hace visible y manifiesta.

Por ser, el Hijo, eterno conocimiento del Padre, – decíamos – nada hay en el Hijo que no esté en el Padre, ni nada hay en el Padre que no se diga en el Hijo. Por eso, el Hijo anhela que el Padre se diga en su Verbo que es el Hijo mismo.

Él es el conocimiento que el Padre tiene de sí.
Él es la Palabra en la que el Padre se dice perfectamente.
Y el Hijo quiere inculcarnos la misma pasión humana, la que tuvo como hombre. La pasión humana del Verbo encarnado. ¡Que el Padre se muestre santo a sí mismo en el Hijo, en los hijos! ¡Que el Padre manifiesta su santidad en sus hijos, pues es allí donde ha querido manifestarla!
3) Este deseo no se expresa en forma imperativa ¡Santifica tu nombre! Pues no es una orden sino un pedido El pedido de un hijo a su papá. ¡Que te des a conocer como santo! Así se expresa el ansia de la revelación del Padre inseparable de la revelación del Hijo y de la condición filial de los hijos: «Que te conozcan a ti y a tu enviado Jesucristo» (Jn 17, 3).
Un conocimiento que no es puramente teórico, sino existencial: «mis ovejas me conocen a mí como me conoce el Padre y yo a él» (Jn 10, 14-15). Que se consume la revelación de las personas divinas y de sus creyentes: «Nadie conoce quién es el Hijo [¡ni quién es hijo!] sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar» (Lc 10, 22)
4) Porque, naturalmente, la santidad del Padre no puede manifestarse sino en su Hijo y en sus hijos. Es decir en los discípulos de su Hijo, que aprendan del Hijo a vivir como el Hijo, a vivir como Hijos.
Que reciban del Hijo el conocimiento del Padre, que es la vida eterna: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti y a tu Hijo y enviado» (Jn 17, 3).
5) Por eso la primera petición del Padre Nuestro ha de entenderse como un ruego de que el Padre se muestre santo en su Hijo y en sus Hijos, los discípulos del Hijo. Que engendre a sus hijos a su imagen y semejanza, en la misma santidad y justicia filial que se manifestó en su Hijo encarnado. Vivo reflejo de la santidad del Padre. «El que me ha visto a mi, ha visto al Padre» (Jn 14,8). El que ve a un cristiano verdadero, ve al Padre que lo engendra.
6) La primera petición pide por lo tanto, que el Padre, Agente de santificación, Fuente de toda santidad, manifieste su santidad en sus hijos, en mí mismo y en los demás. Que el Padre nos engendre como hijos suyos. Que ¡todos! los hombres puedan conocer la santidad del Padre espejada en nosotros. Dicha obra la lleva a cabo el Padre por comunicación de su misma santidad al engendrarlos en una divina regeneración: comunicación de su vida divina que es amor: caridad, justicia, santidad.
En esta petición se expresa un deseo que también podría expresarse así: «Padre, muéstrate santo en nosotros». Que quien nos vea, vea en nosotros hijos de Dios, seres divinos, en que se refleja tu gloria. Santifícanos para mostrar tu santidad en nosotros. Que seamos un reflejo de tu bondad y de tu gloria. Que todo nuestro ser sea recibido de Ti y seas Tú quien resplandezcas en nosotros.

ORACIÓN AL PADRE
¡Padre, engéndranos, en esta hora, y en cada hora;
en este día, y en cada día!
Queremos recibir el ser de Ti
siempre y en cada momento
aquí sobre la tierra; y en el cielo eternamente,
para que podamos glorificarte como Tú lo mereces.
Danos el ser, el ver, el oír, el pensar, el entender,
el querer tu voluntad, el recordar tu caridad,
el quererte sobre todas las cosas.
Oh Tú Padre, fuente de caridad,
de donde venimos y hacia donde vamos.
Gozo nuestro y paz nuestra. Felicidad nuestra.
Te adoramos, te alabamos, te bendecimos.
No tenemos felicidad fuera de Ti.
Darte gloria es la bienaventuranza de tus hijos.
No nos dejes caer en la tentación
en esta civilización de la acedia
en la que nos has colocado,
que se entristece por nuestras alegrías.
Líbranos del Malo.
Que nada pueda su tristeza contra el gozo de tus hijos.
Para que nada empañe tu gloria
y la que le diste a tu Hijo Jesucristo. Amén.

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